LOGINLa noche de su aniversario de bodas, Sofía espera al esposo que nunca regresa a casa. En su lugar, descubre que el hombre al que entregó años de su vida está jugando a la familia perfecta con otra mujer… y una pequeña niña que lo llama papá.
View More—Felicidades, tu formación médica cerrada de un mes ha terminado. Ya puedes recoger tu móvil. Seguro que tu marido te ha enviado muchísimos mensajes.
Sofía dio las gracias a la compañera encargada del material. Con las manos ligeramente temblorosas, encendió el teléfono. Abrió el chat con Dante, y su corazón se hundió de golpe. La conversación seguía cortada justo hace un mes, en el mensaje donde ella le preguntaba si vendría a cenar. Sin respuesta. Nada.
Iba a pulsar su número para llamarlo, cuando una notificación de I*******m saltó en pantalla. Era Alina, su antigua compañera de clase que trabajaba en el hospital infantil. Una nueva historia.
La abrió sin pensarlo.
*Me encontré con el presidente Dante, del Grupo Farmacéutico Calsworth, esta noche. Sosteniendo a su encantadora hija; qué padre tan devoto.*
Sus dedos se detuvieron en el botón de llamada, se le cortó la respiración, apretó el móvil y se quedó mirando la notificación.
La imagen se cargó lentamente. Dante estaba sentado en una silla de plástico azul de la sala de espera de pediatría. Una niña de tres o cuatro años le rodeaba el cuello con los brazos, el pelo recogido en dos moños. A su lado, una mujer con abrigo camel acariciaba con cuidado el cabello de la pequeña.
Sofía reconoció el abrigo antes que el rostro. Serena. Su hermanastra mayor por un año, nacida antes de que terminara el primer matrimonio de su padre, acogida en su casa la noche en que murió la madre de Sofía.
Amplió la foto hasta que los bordes se volvieron borrosos. Dante había puesto su chaqueta de traje sobre los hombros de la niña. Su mano sostenía su nuca con ternura, la barbilla apoyada en su cabello.
Sofía recordó con nitidez aquella noche, años atrás, cuando ella tuvo fiebre de cuarenta grados y tuvo que conducir sola hasta la clínica para ponerse el suero. Cuando lo llamó, él dijo estar en una reunión y no podía abandonarla.
Ahora lo veía. Sabía perfectamente cómo cuidar a alguien con delicadeza. Solo que nunca se lo había dado a ella.
¿De quién era esa niña? ¿Habían mantenido esta existencia oculta durante todo este tiempo, sin decirle una sola palabra? Miró la foto una y otra vez, deseando que la imagen cambiara, pero no lo hizo.
Volvió al chat. Su viejo mensaje, la invitación para la cena, seguía marcado como visto, sin contestación. Escribió con los dedos rígidos: ¿Dónde estás?
La respuesta llegó al instante: En un viaje de negocios.
¿Con quién?
¿Es realmente necesario que me vigiles?
Algo pesado y gélido se instaló en el pecho de Sofía, como un bloque de hielo que no lograba expulsar. Apretó los labios para contener el temblor.
Ella había aceptado esta formación cerrada de un mes por obligación laboral, dejando atrás todo lo que había planeado para su aniversario de boda. Tres años de matrimonio. Tres años en los que había renunciado a una plaza de investigación en el instituto farmacéutico nacional, rechazado un puesto en un gran hospital para trabajar en una clínica pequeña, todo para adaptarse a sus horarios, para estar disponible para él.
Tres años escuchando a su suegra repetir que ella, simple examinadora pediátrica, jamás habría estado a la altura de Dante si no fuera por la recomendación de su abuelo. Tres años intentando contarle sus avances laborales, para que él la interrumpiera enseguida, afirmando que no lo entendería.
Ella lo entendía todo. Él simplemente nunca había querido escucharla.
No se quedó paralizada. Subió al Bentley rojo, el regalo de bodas que él le había dado para presumir ante el abuelo, y se dirigió al hospital infantil. Sabía que Dante elegiría la sala VIP de pediatría a estas horas, lejos de cámaras y reporteros que acechaban su empresa por la expansión en curso.
Sus palmas sudaban. Se secó contra la ropa de trabajo, se obligó a mantener la calma mientras esperaba el ascensor, repasando mentalmente las preguntas que quería hacer.
Las puertas se abrieron. Lo primero que percibió fue el aroma de su colonia.
Una vocecita dulce resonó detrás de él: Papi, vuelve pronto.
Sofía se quedó inmóvil. Dante entró en el ascensor, rostro impasible, y pulsó el botón del segundo sótano sin siquiera mirarla.
—¿Qué haces aquí?
Él sabía perfectamente el dolor que Serena le causaba desde la infancia. Aun así, se obligó a mirarlo fijamente.
—¿Con quién estabas? ¿Quién es esa niña que te llama papi?
La mirada de Dante fue fría, como si su pregunta no mereciese ninguna explicación.
—Vete a casa. Te lo explicaré más tarde.
Antes de que Sofía pudiera responder, su teléfono vibró. Contestó justo delante de ella, y su voz se transformó por completo: un tono suave, tierno, que ella nunca había escuchado en tres años de matrimonio.
—Vale. Dame un momento. Subiré enseguida.
Sofía no gritó, no rompió a llorar. Solo dibujó una sonrisa cansada, vacía. Salió del ascensor sin decir nada, regresó a su coche y condujo de vuelta a casa con la radio apagada. Las farolas dejaban rayas amarillas sobre el cristal, borrándose una tras otra.
Cuando llegó a casa, la mesa del comedor seguía igual que la noche de su aniversario, hace un mes. El jarrón de cristal vacío, los restos secos de las manzanillas blancas que ella había comprado para él. La olla donde preparó la sopa de tomate seguía en la cocina.
Se sentó en el balcón, mirando las luces difusas de la ciudad. Un mes entero en formación, pasando las noches imaginando que él la esperaría, que le escribiría, que quizás por fin cambiaría. Todo era una ilusión.
El hombre por el que ella había renunciado a tantas cosas, el hombre que esperaba que la eligiera, nunca vendría a ella. Nunca lo haría.
Había creído que con paciencia y esfuerzo podría ganarse su atención. Pero se había engañado a sí misma todo este tiempo.
Cogió el móvil y llamó a Ana, su abogada de familia, la única amiga que le quedaba. Su voz era serena, sin rastro de llanto.
—Ana. Prepara un acuerdo de divorcio para mí. Dejaré el matrimonio sin reclamar ningún bien.
¿Un tomate entero?" "Uno muy maduro. Me dio en la oreja. Nunca lo olvidé." Se tocó la oreja pensativo. "Buen tomate, sin embargo. Pude saberlo por el sonido." Sofia se llevó la mano a la boca. Sus hombros temblaban. "Número tres", dijo Marco, divirtiéndose ahora. "Elena. Dijo que amaba mi cocina más que a ella. Le dije que eso no era verdad, que amaba mi cocina exactamente la misma cantidad. No le pareció reconfortante." "Marco". "Lo sé. Lo sé. Era joven y estúpido". Se inclinó hacia adelante y bajó la voz. "Ahora el número cuatro. Este es el mejor. Siéntate muy quieta". Ella se sentó muy quieta. "Se llamaba Beatrice. Estuvimos juntos dos años. Una buena mujer, inteligente, muy hermosa. Pensé que nos casaríamos. Y luego, un invierno, me dijo que necesitaba hablar. Le hice té. Pensé, esto es todo, me dirá que me ama". Dejó que el silencio se alargara. "Me dijo que me dejaba por un hombre que vendía seguros". Sofia se quedó mirando. "Seguros", volvió a decir Marco, con enorme d
El pasillo era largo y silencioso. Unas luces amarillas y suaves brillaban a lo largo del techo, y la alfombra amortiguaba cada paso.Sofia caminaba lentamente. No tenía ningún plan. Solo sabía que no podía volver a entrar en aquella habitación, así que siguió adelante, pasando puerta tras puerta.Al final del pasillo se detuvo junto a una ventana alta. Abajo, el jardín estaba oscuro, con unos cuantos farolillos meciéndose con el viento. Apoyó la frente contra el cristal. Estaba frío.Sacó el teléfono. Su pulgar se detuvo sobre el nombre de Ana.Había prometido llamar mañana. Ana llevaba media noche despierta ya, preocupada. Si llamaba ahora, Ana se quedaría al teléfono hasta el amanecer, y Sofia se oiría a sí misma repetir las mismas palabras tristes una y otra vez.Volvió a guardar el teléfono en el bolsillo.Dio media vuelta y caminó hacia el otro lado. Subió un piso. Luego volvió a bajar. Dos veces se detuvo frente al ascensor y no pulsó el botón.Entonces, en el tercer piso, vio
Ella lo pensó. Pensó en lo que podría decir. Bien. De acuerdo. Haz lo que necesites. Cien pequeñas respuestas que lo librarían de culpa y la mantendrían a ella tranquila. Había escrito ese tipo de mensajes durante años.Sus dedos no se movieron.Dejó que la pantalla se quedara en negro.No sabía cuánto tiempo llevaba sentada. La luz de la ventana se había vuelto naranja y luego rosada. En algún lugar de la playa, sonó una campana y unas cuantas personas aplaudieron.Su teléfono se iluminó.Ana.Contestó al instante.—¿Alguna novedad? —la voz de Ana era rápida y baja—. Llevo una hora mirando el teléfono. ¿Has encontrado el vuelo?—Lo he encontrado.—¿Y?—Está retrasado. Va a un pueblo de pescadores más abajo en la costa. Es un sitio al que Dante solía ir de niño. —Sofia oyó lo plana que sonaba su propia voz—. Lo estaba mirando cuando él llamó. No contesté. Luego me mandó un mensaje.—¿Qué ha dicho?Sofia se lo leyó, palabra por palabra. Dijo «cariño» sin ninguna expresión, como si estu
Sofia miró la pantalla y no se movió.Dante.El teléfono vibró en su mano, una, dos vez, un pequeño y duro escalofrío contra la palma. Sabía que podía pulsar el botón verde. Tardaría menos de un segundo. Podría decir hola, él diría algo, y entonces lo sabría.Su pulgar se quedó donde estaba.Tres. Cuatro. Vio el nombre latir en el cristal. Su corazón latía tan fuerte que podía oírlo en los oídos, y por debajo oyó el mar, yendo y viniendo como si no hubiera pasado nada.Contéstalo.No podía.La llamada se detuvo.El nombre se desvaneció lentamente de la pantalla, de la misma manera que la luz se apaga cuando alguien sale de una habitación. Luego solo quedó su propio rostro, oscuro y pequeño en el cristal negro.Dejó escapar un suspiro que no sabía que estaba reteniendo.El teléfono volvió a vibrar casi al instante. Esta vez no era una llamada. Un escalofrío corto y rápido.Un mensaje.Giró la pantalla hacia ella.Cariño, no esperaba que apareciera, pero tengo que ir a buscarla. No hay












Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.
reviews