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Capítulo 46 – Esto es real

Penulis: E.Nuella
last update Tanggal publikasi: 2026-10-26 16:11:27

Al amanecer, Jack había convertido la mansión en una prisión.

Dos hombres armados custodiaban la habitación de Gina. Otros dos vigilaban las escaleras, y todas las entradas estaban cerradas con llave. Incluso el personal necesitaba permiso para salir de la casa.

Gina descubrió los cambios cuando intentó bajar a desayunar.

—¿Por qué hay hombres fuera de mi puerta? —preguntó con vehemencia.

El guardia se irguió. —Órdenes del jefe, señora.

—Por supuesto.

Lo apartó y bajó las escaleras a grandes za
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    Gina no durmió esa noche.Jack finalmente se apartó de ella, se vistió sin decir una palabra más y salió de la habitación. Lo oyó entrar en su oficina en la planta baja. Unos minutos después, el agudo sonido de cristales rotos llegó a sus oídos.Se sentó al borde de la cama, mirando la mancha de sangre en la sábana.Sus palabras seguían resonando en su cabeza.«Si eres la razón por la que mis hombres están muriendo, no sé qué demonios voy a hacer».Él sospechaba de ella. Quizás no del todo, pero lo suficiente como para mirarla de otra manera, y ella ni siquiera podía culparlo.Tres hombres estaban muertos porque ella le había dado los códigos a Dominic.Se cubrió el rostro con las manos, conteniendo las lágrimas que le quemaban los ojos. Había deseado vengarse de su padre durante tanto tiempo que se había convencido de que nada más importaba. Ahora tenía a Jack, un hombre que la amaba de una manera que jamás había imaginado, y lo estaba destruyendo con sus propias manos. Llamaron sua

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    Gina se quedó mirando el mensaje que le había enviado a Dominic mucho después de que su respuesta dejara de aparecer en la pantalla.Conseguiré los códigos.Cuatro palabras. Eso bastó para cruzar otra línea.Se dijo a sí misma que no tenía otra opción. Necesitaba vengar a su padre, y si Jack Romano se interponía entre ella y su venganza, tenía que encontrar la manera de sortearlo. Aunque doliera. Aunque cada paso la alejara más del hombre que amaba.Pero la excusa se debilitaba cada vez que la repetía.Sabía lo que Dominic quería. Sabía que el almacén pertenecía a Jack, y sabía que la gente podría morir si le daba lo que necesitaba.Aun así, cuando Jack entró en su habitación esa noche, forzó una sonrisa."Llegaste temprano".Jack apenas la miró. Tenía el teléfono pegado a la oreja y el rostro impasible."Nadie entra en ese almacén sin mi permiso", espetó. "Dupliquen la vigilancia. Quiero que revisen cada vehículo antes de que se acerque a menos de una milla de la propiedad."Terminó

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    Gianna apretó con fuerza el asa de su maletín médico.—No sé de qué hablas —dijo.Lucía soltó una risa fría—. ¿En serio? Porque pareces una mujer que acaba de ver un fantasma.—He tenido un día largo.—Y yo he tenido una larga vida lidiando con mentirosos. No me insultes.Gianna miró hacia la oficina de Jack. El pasillo estaba en silencio, pero la tensión entre ellos hacía que cualquier pequeño ruido pareciera ensordecedor. En algún lugar de la planta baja, una puerta se cerró de golpe. Se sobresaltó antes de poder controlarse.Lucía lo notó.—¿De qué tienes miedo, Gianna? ¿De Jack? ¿O de la verdad?—Baja la voz.—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que alguien nos oiga?Gianna tragó saliva. Su rostro estaba casi pálido y una fina capa de sudor le cubría la frente a pesar del aire frío. —Por favor, Lucía. Déjame ir.Lucía se hizo a un lado, pero solo un poco. —Dime qué sabes de Gina.—Nada.—Entonces, ¿por qué pareces a punto de vomitar?Los ojos de Gianna brillaron de pánico. Por un instante

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    Gina supo que algo andaba mal en cuanto Jack la llamó a su oficina.Él estaba de pie detrás de su escritorio, con las mangas remangadas y el rostro serio. Un grueso expediente estaba abierto frente a él.—Siéntate.Ella frunció el ceño. —¿Por qué me hablas como si fuera una de tus subordinadas?—Solo siéntate, Gina.Algo en su voz la obligó a obedecer.Él le mostró el expediente.—¿Reconoces estas cuentas?Ella echó un vistazo a los papeles. Al principio, los números no significaban nada. Luego vio su nombre junto a una lista de transferencias, seguido de un nombre que le heló la sangre.Vito Moretti.Sus dedos se quedaron inmóviles.Jack la observó atentamente.—¿Y bien? —preguntó—. Estoy esperando.—¿De dónde sacaste esto?—¿Esa es tu primera pregunta? —Jack, yo…—Respóndeme.Ella se sobresaltó ante el grito repentino.Él apartó la mirada, respirando con dificultad por la nariz antes de volver a señalar los documentos.—Dinero relacionado con Vito Moretti pasó por cuentas vinculada

  • Obsesión peligrosa   Capítulo 46 – Esto es real

    Al amanecer, Jack había convertido la mansión en una prisión.Dos hombres armados custodiaban la habitación de Gina. Otros dos vigilaban las escaleras, y todas las entradas estaban cerradas con llave. Incluso el personal necesitaba permiso para salir de la casa.Gina descubrió los cambios cuando intentó bajar a desayunar.—¿Por qué hay hombres fuera de mi puerta? —preguntó con vehemencia.El guardia se irguió. —Órdenes del jefe, señora.—Por supuesto.Lo apartó y bajó las escaleras a grandes zancadas, aún con su bata de seda. Jack estaba sentado a la mesa con Frank, estudiando fotografías del ataque a su club.—Jack.Él levantó la vista.—¿Qué?—¿Por qué me vigilan como a un prisionero?—Porque alguien grabó una amenaza contra ti en mi bar.—Entonces encuentra al culpable. No me encierres en tu casa. —No hay nada que discutir.Gina lo miró fijamente. —¿Perdón?Jack dejó su café. —Me oíste.—No puedes decidir adónde voy cada segundo del día.—Sí puedo cuando alguien intenta matarte.—

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    Gina guardó el teléfono en el bolsillo y miró a Isabella.—¿Pasa algo?Isabella cerró la puerta tras de sí. —Eso mismo iba a preguntarte.—Estoy bien.—Casi te das un infarto cuando entré.—Porque entraste sin llamar.—Sí que llamé. —Isabella se cruzó de brazos—. Dos veces, de hecho. Estabas demasiado ocupada mirando el teléfono como para oírme.Gina forzó una risa. —Era un mensaje importante.—¿De quién?—De alguien que conozco.Isabella la observó un momento, pero no insistió. En cambio, se sentó junto a Gina y miró hacia la ventana.—¿Has visto a Dominic últimamente?La sonrisa de Gina desapareció antes de que pudiera evitarlo.—¿Por qué?—Sin motivo alguno. Isabella jugueteaba con un hilo suelto de su manga. —He estado pensando en él.A Gina se le encogió el estómago. —¿Qué pasa con él?—Hay algo extraño en ese hombre.Intentó mantener la compostura. —¿Extraño en qué sentido?—No sé cómo explicarlo. Isabella se giró hacia ella. —¿Alguna vez has sentido que alguien te sonreía mien

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