LOGINLaura's life took a dramatic turn when she was forced to marry the arrogant and ruthless billionaire, Daniel Edward. Her family was on the brink of financial ruin, and her father was in danger of going to jail. Laura saw no other option but to marry Daniel to save her family. But what she thought was a way out of her troubles turned into a nightmare. Daniel was anything but a kind and loving husband. He was cold, and uncaring, and made her life a living misery. Laura was trapped, and she longed for a way out. As time goes on, Laura finds solace in the arms of Harold, Daniel's best friend. As she fell deeper in love with Harold, she began to hatch a plan to escape with him. But little did she know that Daniel was falling in love with her too. His change in attitude toward Laura was shocking and unbelievable. Laura found herself in the middle of a love triangle. Harold swore never to stop fighting for her, and Daniel was determined to have Laura all to himself. Laura was torn between two men, and she had to make a choice. Finally, Laura made up her mind and chose Harold over Daniel and they both planned to start a new life somewhere far away. But what would happen if Daniel found out about their plan? Will Laura be able to escape her past and start a new life with Harold, or will her past catch up to her and ruin everything? Find out in the book.
View MoreLa Mansión Moore se encontraba impecable, bañada por los últimos rayos de sol de la tarde, como si se hubiera vestido para la llegada de alguien importante. Los jardineros repasaban cada borde, los encargados de servicio acomodaban copas, y Evelyn Moore caminaba de un lado a otro revisando detalles con precisión obsesiva.
Gregory Moore se encontraba en la biblioteca, hojeando informes de inversión, mientras Noah se mantenía en su habitación, aparentemente descansando antes de la cena. James, por su parte, cruzaba el jardín aún con el teléfono en una mano, voz baja pero firme en medio de una llamada corporativa. Vestía pantalones oscuros, camisa blanca abierta en el cuello, sin chaqueta, con el cabello ligeramente despeinado por la brisa. Imponente sin esfuerzo. Fue él quien la vio primero. El auto negro se detuvo en la entrada de la mansión. Isabelle Hartley bajó con elegancia natural, vestida con un conjunto de viaje beige que realzaba su figura delicada. Al ver a James, alzó la mano en un gesto espontáneo y luminoso. James cortó la llamada de inmediato, guardó el móvil en el bolsillo y caminó hacia ella con paso seguro. —Belly —sonrió—. No sabía que llegarías tan temprano. Isabelle se acercó sin pensar. El abrazo fue breve, cálido, como el reencuentro entre dos piezas que nunca terminaron de separarse. —Lo necesitaba —respondió ella—. Quería ver el lugar antes que todos estuvieran distraídos. —¿Y tu nueva vida? ¿Cómo lo llevas? —Todavía estoy adaptándome. Hay cosas que no se arreglan tan rápido —dijo ella, bajando un poco la mirada—. Pero estoy bien. —Te ves bien. Aunque te sentí más lejos de lo que te ves ahora. Isabelle sonrió sin responder del todo. —¿Está Noah? —preguntó con un brillo en los ojos. James alzó la vista hacia la mansión. —Debe estar arriba, en su antigua habitación. —Gracias —respondió ella, tocándole el brazo con suavidad antes de entrar por las puertas principales. Los Moore la recibieron con saludos educados, algunos incluso con afecto contenido. Isabelle agradeció, cruzó el vestíbulo y subió las escaleras sin detenerse. Al llegar al segundo piso, giró a la izquierda, como si su cuerpo recordara el camino sin ayuda. Se acercó a la puerta entreabierta y entró… sin anunciarse. Lo que vio congeló su sonrisa. En la cama, entre sábanas revueltas, Noah y Celeste compartían una intimidad demasiado evidente. Él sin camiseta, ella con su vestido algo desordenado. El gesto de ambos era claro: no esperaban ser vistos. Noah se incorporó ligeramente al verla. —Isabelle... Nada más. No una explicación. No una excusa. Solo su nombre. Isabelle se quedó en silencio unos segundos. Luego se irguió, con el rostro firme pero los ojos traicionados. —Perdón. No sabía que había algo que debía tocar antes de entrar —dijo con la voz templada—. No quería interrumpir. Giró sin escuchar respuesta. Bajó las escaleras con paso contenido, sin derrumbarse. Pero algo dentro ya había cambiado. Horas después, la cena estaba servida. Todos los Moore presentes. La música, tenue. Las copas llenas. James en el extremo derecho, Noah junto a sus padres. Isabelle sentada entre Evelyn y Gregory. Fue Gregory quien alzó la voz al terminar el primer plato. —Queremos hacer un anuncio —dijo, serio, sin dramatismo—. Esta cena es especial por más de una razón. No solo celebramos el reencuentro... también la unión definitiva entre nuestras familias. Evelyn tomó la palabra. —Con la unión entre los Moore y los Hartley podremos expandir los valores, el legado y la influencia de nuestras empresas. Es hora de sellar esa alianza. Noah miró a James con una sonrisa ladeada. —Entonces... felicidades, hermano. Te toca el turno de casarte con la mujer más esperada de York. Gregory negó con la cabeza, sin dureza. —James no heredó la empresa, Noah. Tú lo hiciste. Tú eres quien la dirige. Tú eres quien debe seguir consolidando el legado. Noah parpadeó, desconcertado. —¿Yo? —Sí —asintió Evelyn—. El compromiso será tuyo. Con Isabelle. El salón se quedó en silencio unos segundos. Isabelle no mostró sorpresa. Solo acomodó su copa y respiró hondo. Noah intentó recomponer la expresión. —Por supuesto —dijo finalmente—. Me honra. Realmente... me honra. Pero James lo observaba con la tranquilidad calculada de quien espera el desenlace que otros aún no pueden ver. Isabelle bajó la mirada. El compromiso que todos esperaban ahora tenía nombre… y un peso que apenas empezaba a sentirse. Tras el anuncio, cuando los invitados comenzaban a dispersarse por los salones contiguos y la música volvía a sonar en tono ambiental, Noah se acercó a James con una seriedad que desentonaba con el aire de celebración. Lo tomó del brazo y lo condujo hacia una terraza lateral, lejos de los murmullos y del eco de las copas. El aire nocturno era fresco, y las luces del jardín apenas iluminaban los perfiles de ambos hermanos. —¿Sabes lo que acaban de hacer? —dijo Noah, casi riéndose sin humor—. Me han comprometido sin pedirme opinión. James se apoyó en la barandilla con las manos en los bolsillos. —No esperaba que lo tomaras con entusiasmo, pero tampoco con furia. Noah negó con la cabeza. —No es furia —confesó—. Es confusión... y miedo, quizá. Isabelle es hermosa. Y la amo, James. A mi manera, siempre lo he hecho. Y ahora que hemos crecido... también la deseo. No como antes, no con urgencia, sino con una certeza que me asusta. James lo miró con atención, sin interrumpir. —Pero el matrimonio no es para mí —agregó Noah, bajando la voz—. Cuando Isabelle se fue, viví cosas... viajé, conocí a personas que me mostraron que el mundo tiene formas distintas de amar, de vivir. Que el matrimonio no lo es todo. Que hay libertad en no pertenecer. James suspiró, sin sorna ni juicio. —Tal vez lo que viste fue verdad. Pero también sabes que aquí, en York, las cosas se ven diferente. La gente no mira con respeto al hombre que no sabe comprometerse. Y tú eres el CEO más visible del mercado. Noah se giró, apoyando los codos en la baranda. —¿Qué harías tú? —¿Quieres un consejo honesto? —Más que nunca. James se acercó un poco, con el tono suave pero firme. —No lo tomes como una condena, sino como una estrategia. Isabelle te dará una imagen que ni diez acuerdos comerciales podrían darte. Tú siempre tuviste una chispa con ella. Desde niños, cuando peleaban por los lugares en la mesa, o cuando salías a buscarla sin motivo real. Que las fiestas no te hagan olvidar quién eres. Que las mujeres no te hagan perder lo que tienes que construir. —¿Y si no soy suficiente para ella? —Lo serás. Porque ella tampoco está buscando perfección, sino alguien que la entienda, la respete y la proteja. Y tú, Noah, sabes hacerlo… cuando decides hacerlo. Noah bajó la mirada unos segundos. —Entonces, ¿crees que debo hacerlo? James sonrió apenas. —Creo que te casarás con una excelente mujer. Y que te toca hacer que eso valga la pena. No solo por tu apellido. Sino por ti. Ambos quedaron en silencio. La brisa nocturna movía las hojas, y en la distancia, la mansión parecía más grande de lo que era. Noahcomenzó a caminar con una excusa ligera. —Voy por algo de beber, ¿quieres algo fuerte? James alzó la copa casi vacía. —Tráeme lo que te haga olvidar que acabas de comprometerte —murmuró sin fuerza, más cansado que bromista. Noah se rió bajo la voz y desapareció entre los pasillos decorados. En ese instante, Celeste apareció junto a James, sosteniendo una copa aún sin tocar. —Siempre tan diplomático —dijo ella, acercándose con paso firme—. Pero ¿cómo estás realmente? James no la miró de inmediato. Fijó los ojos en el jardín visible a través del ventanal. —Estoy bien. —Bien no es suficiente para ti —replicó Celeste—. En la universidad me contaste algo... ¿recuerdas? Me dijiste que estabas enamorado de Isabelle. Que incluso si el mundo se alineaba para ustedes, jamás se interpondrías entre ella y Noah. James giró despacio. Su mirada no era fría, pero sí distante. —Eso no ha cambiado. —¿Y eso no te rompe un poco por dentro? James bebió el último trago de su copa antes de responder. —No soy el más feliz, Celeste. Pero si Isabelle lo es, entonces estaré bien. Celeste observó su perfil por unos segundos, como si buscara una grieta. —Nunca pensé que Noah se casaría con alguien que no fuera yo. Lo nuestro tenía ritmo, tenía química. Yo fui su compañera en todo momento en su vida de adulto. Creí que bastaba. James sostuvo su copa vacía entre los dedos. —Las creencias no pesan lo suficiente cuando hay elección. Y esto, Celeste... no fue tu elección. Fue la de ellos. —No creo que Isabelle sea para él —dijo, más firme ahora—. No realmente. Ella no sabe cómo contenerlo. No sabe quién es él fuera de las fotos. Él necesita control, y ella trae emociones desordenadas. James dejó la copa sobre el mueble cercano con elegancia. —Tal vez tengas razón. Tal vez no. Pero a nosotros... nos toca mirar. Celeste lo observó mientras él se giraba y caminaba de vuelta hacia el salón. Su paso era elegante, preciso, pero su espalda cargaba algo más que decisión. Ella se quedó sola junto al ventanal, y por primera vez, no sonrió. “No voy a quedarme a mirar,” pensó. Fue entonces cuando Noah se encontró con Noah, interrumpiendo los pensamientos de James. —Ya tengo lo mío —dijo con una sonrisa traviesa, sosteniendo dos copas—. ¿Tú también necesitas anestesia? James lo miró con la misma calma contenida. —No es mala idea."You don’t walk out on me like that!" he snapped, grabbing her arm from behind. "Let go of me," Laura hissed, jerking away from his grip."You’ve been getting more defiant lately, Laura. And honestly, it’s pissing me off. What’s wrong with you?" Daniel barked. "Oh really? What’s wrong with me?" she shot back, spinning to face him. "Maybe you should ask yourself that, because I don't even recognize who you are anymore. And frankly, I can’t figure out what your real issue is."Earlier that evening, Daniel had woken Laura from sleep, saying he needed to talk. She’d agreed, half-asleep, assuming it was something urgent.But the conversation took a sharp turn when he told her she’d be moving to another city with him until after she gave birth. No prior discussion—just a decision he’d already made.Laura couldn’t wrap her head around it. With everything going wrong in her family, she didn’t want to be far away. The timing, the decision—none of it made sense. She calmly told Daniel she wasn’
As the sun dipped low on the horizon, Rolland dropped Bryan off at his apartment. Just as he was about to pull away, his gaze froze on a familiar figure leaning against a nearby car. It was Raymond.Rolland’s heart pounded as he hit the brakes and stepped out of the car, stunned. Raymond stared coldly at him, his expression unreadable.Does he know about Bryan? Has he been following me?Questions raced through Rolland’s mind as he cautiously approached his second son. “What are you doing here, Raymond?” Rolland asked, his voice uneasy.“My instincts were right,” Raymond said, his tone low and steely. “You’ve been sneaking around with your other son.”Rolland’s heart sank. He knows about Bryan. “I—I can explain,” he stammered. “Don’t bother,” Raymond cut in, shaking his head. “You’ve betrayed the very people who stood by you for years—Mom, me. And for what? I’m just… disgusted.”“No, son. It’s not what you think. You don’t understand how this all unfolded,” Rolland tried to defend.“St
And Markson… he didn’t want to hear any of it.Because what could she possibly say now that would undo the years of betrayal? Laura pulled up in front of her parents’ house, barely letting the car come to a stop before she jumped out and rushed to the front door.Her mother had called earlier, her voice breaking with tears—but offered no explanation. Just sobs. That alone was enough to send Laura into a spiral of worry. "Mom? Dad?" she called out as she stepped inside, her voice echoing through the quiet house.No response.She made her way down the hallway, her footsteps quickening when she heard muffled crying coming from the master bedroom.Pushing the door open, she found her mother curled on the bed, shoulders trembling with every sob."Mom?" Laura rushed over and sat beside her, concern etched into her face. "What’s wrong?"Without a word, Claudia pulled her into a desperate hug, clinging tightly as though she'd been holding herself together for far too long.Laura held her in s
In the family library, Raymond was hunched over a stack of documents, combing through files in preparation for his father’s campaign.Suddenly, the door creaked open and Anthonia stepped inside."I’ve been looking all over for you," she said. Startled, Raymond glanced up."Mom... I’ve been here for a while. Just making sure everything’s in place for Dad’s campaign. You know how important this is to him."Anthonia walked over and took a seat across from him, letting out a soft sigh."I know how much it means to your father. But lately... I don’t know. He’s been distant, distracted. I feel like he’s hiding something from me, and I just can’t figure out what." Raymond stiffened, watching her carefully. ‘She’s getting close. Closer than she realizes,’ he thought. ‘And when she finds out the truth—that Dad has another son—God knows how crushed she’ll be.’Raymond masked his concern with a calm expression, pretending he knew nothing. "You know what, Mom?" he said, breaking the silence. "I t
Daniel took Laura to a lavish restaurant, however, Laura wasn't happy going out with Daniel who always gets on her nerves. "Here we are," Daniel muttered when they arrived at the restaurant.Daniel stepped out of the car, and gently held the door for Laura to step out too, her face somber. Laura didn
Daniel let out a heavy sigh, his gaze fixed on Laura with a mischievous glint. "Well, lucky him," he muttered with a hint of frustration, "he'd better tread carefully to steer clear of trouble next time." Laura shook her head and scoffed, realizing how useless it was to argue with Daniel; she couldn
Donald lounged on the bed, eagerly anticipating his breakfast. He couldn't stop thinking about how he could do away with Ashley and start a new life with Emma. As he drifted off into his thoughts, Emma appeared with his breakfast, and he snapped out of it.He gazed at Emma as she served him breakfast
"Sir, you have a patient in ward 35 who needs your attention," a nurse reported as she walked into Harold's office.Harold, maintaining his composure, nodded. "Okay, I'll be right there," he replied.Steadying his emotions, Harold composed himself and left his office.When Laura was discharged, she






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