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5. Bienvenida

作者: andreyflor
last update 公開日: 2023-11-03 22:59:31

—¡Usted ha perdido la cabeza! —exclama Roxanne cuando se atreve a dar un paso hacia atrás—. Le dije que me diera tiempo de arreglar mis cosas. ¿Por qué se aparece por aquí? ¿Quién se cree que es?!

La respuesta de Paul no se deja pasar. 

—Soy su jefe. Horas era lo que necesitaba —responde Paul desde el otro lado—. Súbase a mi auto. No perderé el vuelo por usted. 

Roxanne se queda sin habla. Piensa en Mia, en su hermano, y hasta de este…mendigo trabajo con ese señor barrigón que no hacía sino humillarla cada vez más. 

—Necesito hablar con mi hermana, no puedo irme así sin más sin despedirme. O me deja hacerlo o no hay trato. 

Paul se toma el tiempo de mirarla. Finalmente se quita los lentes y unos ojos azules relucen bajo la luz del sol de esa mañana.

—Le doy cuatro horas. 

Se vuelve a introducir al auto como si nada hubiese pasado, dejando a Roxanne sin habla y con una reacción como si fuese visto un fantasma. 

Por la misma rabia tira el café al suelo y se lleva el plástico hacia su casa, porque 

tiene que marcharse enfurecida hacia su vecindario. ¡Deja el café del Quentin en otro lado!

Dorothea la saluda y hace lo posible para sonreírle. Al menos le ha dejado un alivio porque ella siempre emana amor. Era lo que necesitaba en esos momentos. 

Se quita los tacones y al girarse, su hermana está sentada en el sofá de la sala. 

Roxanne parpadea un par de veces, pero luego frunce el ceño y se acerca a ella. 

—¿Qué sucede? —Mia le pregunta al dejar de comer su manzana. 

Roxanne la señala con la punta del tacón.

—¿En dónde estabas, Mia? ¿Por qué no llegaste anoche? ¡Creí que algo te había pasado! 

Mia la ignora un momento, suspirando. 

—¡Respondeme! —exige Roxanne.

—Estaba con unas amigas, después de ver que te habías marchado, aproveche…

—Sabes que no me gusta que estés con esas amistades.

—¡Yo soy grande y me sé cuidar!

—Y yo soy más grande que tú y sé cómo se mueve el mundo.

—Entonces si sabes tanto, doña perfecta, ¿Por qué Brooke no está con nosotras?

Es un golpe bajo para Roxanne, quien traga saliva y tartamudea. Pero vuelve a su firmeza y tira los tacones al mueble. 

—No digas eso nunca más, Mia —Roxanne la rodea para buscar un vaso de agua—. ¿Por lo menos fuiste a trabajar hoy?

—Obvio que sí —contesta Mia de mala gana—. Soy bastante responsable con mis cosas y ésta enfermedad a mí no me va a impedir ni trabajar ni salir con mis amigas. 

Roxanne coloca las manos en el mesón de la mesa, tratando de pensar en lo que habría que deparar en su pequeña familia cuando se digne en decir el contrato que ha hecho con el hombre menos esperado de esta tierra. 

—¿Qué querías decirme? Dorothea me dijo que viniera rápido cuando llegue.

—Estaba preocupada por ti. No puedes decirme que no me preocupe porque eso haré todo el tiempo sino me responde el maldito teléfono ni me dices nada.

—Roxanne —remeda Mía cuando se levanta. Se cruza de brazos—. Ese bebé te está poniendo mucho más gruñona. 

Roxanne abre la boca con incredulidad y se dirige hacia Mia para mover su dedo enfrente de ella. 

—Deja a mi bebé en paz. Sabes muy bien que a veces te pones insoportable pero eso no es lo que vengo a decirte —Roxanne se tira al mueble y suspira—. Tengo que salir del país unas cuantas…semanas, pero no te preocupes. Te dejaré bastante dinero para que estés bien y lo más importante, un doctor para que esté pendiente de tus medicinas y tratamientos.

Mia se cruza de brazos pero su expresión radica en la sorpresa. 

—¡Me dejas sola!

—¡No digas eso!

—¡No quiero oírte! 

Roxanne se siente mal al saber de eso y se apresura a tomarla en sus brazos.

—Esto es para nosotros, entiende. Me salió una oportunidad para poder cubrir todos los gastos necesarios. Entiende, Mia. 

—¿A dónde te irás?

—Iré a Francia. A París. 

Mia da un jadeo, negando. 

Un toque en la puerta las aleja. Al abrir lo primero que nota es al chófer que había visto esa mañana. Sí, la había seguido desde hace un par de horas ya. 

—Señorita, es hora de irnos.

—Sólo deme un momento, debo preparar mis maletas. 

Se voltea hacia Mia, que ya no tiene una expresión incrédula sino triste. Abre sus brazos para rodearla. 

—Te prometo que todo esto cambiará. Y hago esto por ustedes tres. Brooke y Andrew estarán con nosotras pronto, por eso hago esto. 

Mia la ve con tristeza.

—¿Por qué mamá nos dejó? ¿Por qué?

—No pienses en eso —Roxanne la aprieta con suavidad —. Yo estoy aquí y es lo único que importa. Te llamaré día y noche así que ten ese teléfono a la mano, y cuídate mucho, sé que eres una mujer fuerte. Lo más probable es que regrese antes, es tema de negocios y trabajo.

Mia es distante pero asiente. 

Roxanne besa su mejilla.

—Nada te faltará, hermana. Esto lo hago por ambas. 

—Entonces cuídate —Mia corresponde al último abrazo con suavidad—. Confío en ti. Cuida también a ese bebé, no quiero que tus arranques de ira también los sienta él o ella.

—Mi bebé estará bien —sonríe diminutamente—, Y yo en ti, pequeña. Por favor, cuídate. ¿Sí?

Le da un último abrazo antes de comenzar a arreglar su ropa. 

Horas después, al llegar al aeropuerto privado, donde la primera avioneta está quizás esperando a su último pasajero.

—¿En dónde está el señor Fournier? —le pregunta al chófer. 

—Espera por usted la avioneta, señorita. Sígame —habla el chófer con claro acento francés.

Se adentra a la avioneta y la dirigen hacia el copiloto. Su expresión está atestada de impresión al notar al piloto del avión

Observa a Paul con lentes negros manteniendo sus manos en los controles del avión.

—¿Qué? ¿Usted va a pilotear esta cosa? —pregunta Roxanne cuando ya está asegurada en su asiento. Mira hacia al frente y el vértigo es gigantesco—. Dios mio.

—¿Y a quién esperaba? —es lo que escucha. 

Roxanne traga saliva. Aprieta sus manos cuando siente ya el movimiento del avión sobre la pista. Pero eso no es lo que toma su interés. Sino la voz grave de su ahora jefe. 

—Espero que sepa antes que nada que no tolero trabajos ineptos e inexactos. A la primera vez que observe un error, la despido. El contrato es de tres meses. En esos tres meses haga su mejor esfuerzo, porque no recibirá ni paga ni lo que me pidió —Paul finalmente comienza a pilotear como si fuese lo más normal del mundo—, bienvenida a París señorita Smith. 

Roxanne abre la boca.

¿¡En qué se había metido!? 

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  • PROHIBIDO: EN LOS BRAZOS DEL CEO   EPÍLOGO.

    Ni siquiera se siente ya con fuerzas y Roxanne coloca una mano en su vientre para calmar éstas angustia al tenerlo frente a ella. Cuatro meses han pasado desde la última vez que se vieron...—Paul…—¿Por qué, Roxanne?Paul la interrumpe con gravedad.—¿Por qué se te ocurrió ocultarme que estabas embarazada de mí? —Paul simplemente no puede creer lo que está viendo. Las palabras sobran porque su mirada dice lo mucho que dolido está—. ¿Cómo pudiste?—Paul, luchaba conmigo misma para no amarte, para alejarme de ti. ¿Crees que fue fácil para mí enterarme de esto después de saber quién eras tú? —unas pequeñas lágrimas se acumulan en los ojos de Roxanne y no tenía ni la mínima idea de qué hacer porque tener a Paul en estos momentos frente a sus ojos es igual que aniquilarse ella misma—. Nuestro trato fue por un pequeño tiempo y decidí trabajar contigo porque necesitaba el dinero y creí que podía lidiar con esto. Unos meses y ya no te volvería a ver más nunca.—Soy el padre de ese niño. No

  • PROHIBIDO: EN LOS BRAZOS DEL CEO   31. La tranquilidad que se merece

    La mirada de Richard cambia a una tranquila, pero lo conoce lo suficiente para saber que ese hombre no está ahí sólo por gusto. Este hombre es la viva definición del orgullo herido, porque aparecerse frente a ella y de éste manera es peor de lo que hizo aquella noche, y la rabia se apodera del rostro de Roxanne. Las palabras y los reclamos enfrente de Paul y delante de todo el mundo es algo que se quedará en su mente por mucho tiempo. Sus manos incluso sienten algo similar al nerviosismo pero Roxanne alza su rostro. No está a gusto en seguir viendo su rostro, y por supuesto, Richard tampoco. —¿Viniste śolo para quedarte viendome? —inquiere Roxanne con rabia. ¿Quien se cree que es para aparecer delante de ella y de ésta manera? —Sólo pasaba por aquí —Richard responde. Su mandíbula está tan tensa que desde esa distancia incluso puede verlo—. ¿Muy contenta con tu embarazo? —¿Qué quieres, Richard? Todo lo que necesitabas decir ya lo dijiste, ¿No? Ya no hay más que tienes que pregunta

  • PROHIBIDO: EN LOS BRAZOS DEL CEO   30. ¿Soy una mala persona?

    El centelleo de luz a través de sus ojos es lo suficientemente fuerte para ahuyentar el vacío de la soledad, y el pitido en su oído, que se unen con los demás sonidos alrededor del lugar donde se encuentra. El cuerpo está adolorido, como si hubiese sido demolido a golpes. E incluso siente dolor al respirar. Sus oídos siguen turbados pero es capaz de sentarse, con cuidado, sobre la cama que la arropa y no la deja salir y que no hay ninguna persona en el cuarto: es una habitación de un hospital. Mira hacia todas partes para entender que de hecho, es una paciente de un hospital. ¿Qué sucedió? se pregunta, llevándose la mano hacia la cabeza. Observa las manos, las dos con intravenosas. Algo que le parece extraño, sin saber qué decir o qué hacer porque tiene que adaptarse a la luz encandilada del cuarto.Roxanne se lleva la mano hacia su vientre.—¿Qué nos pasó, bebé? —susurra a la nada. De repente, siente miedo. Todos los recuerdos de aquella noche la azotan como un torrente de electr

  • PROHIBIDO: EN LOS BRAZOS DEL CEO   29. Oscuridad

    —¿¡Qué mierda Roxanne?! ¿¡Qué significa esto?!Y su mundo colapsa por completo. No oye las voces, ni los sonidos a su lado, no oye absolutamente nada porque su mundo se derrumba, dejando atrás de ella el pesar, el derrumbe por completo de aquel lugar. De todo. No se oye ningún sonido excepto el de sus tímpanos, que se apresuran y dejan en claro que no hay salida. Ya no la hay. Roxanne sabe que Richard la está gritando pero ni siquiera corresponde a eso. Su mundo se viene para abajo.—¡Mírame! —escupe Richard, furioso. En sus ojos se observa, con claridad, la llama de un fuego, que destila odio, furor. Es peor de lo que imagina. No hay nada en su mundo que le haga regresar a la realidad. Pero tiene qué hacerlo y se aleja de la barandilla, pero Richard vuelve a empujarla contra él. Y sin tener un intento para regresar una vez más a la vida, Roxanne recapacita cuando el agarre de Richard se vuelve más fuerte.—Suéltame, me lastimas —Roxanne simplemente quiere tirar todo a la borde, si

  • PROHIBIDO: EN LOS BRAZOS DEL CEO   28. Besos y sonrisa: su sentencia

    Es irremediable que no sienta un profundo desliz de rabia una vez coloca los ojos Marie mientras su mente procesa sus palabras. Claro… Victoria. Pero en tal caso de que haya sido ella, Richard no tiene ningún derecho sobre ella y su hijo para gritar a toda voces que él es maldito padre. ¡No lo es! Una rabia aglomerada en su entrañas se disparan con vigor, sintiendo la opresión en su pecho como si tuviera la punta de un cuchillo sobre su piel. Deja la mesa para pasarse la mano por la cabeza, perdiendo la poca paciencia que le quedaba. —No tengo pruebas de que haya sido ella —comienza Roxanne—, pero tengo motivos para desconfiar. Pero ahora, ese imbécil me escuchará —y señala la puerta mientras no quiere controlar sus ganas se refugian simple enojo, desesperación y cólera. Con tales emociones no se piensan bien, y Roxanne no está en todos sus cabales. —¡Roxanne, espera! —la ataja Marie por el brazo—. No debes agarrar emociones. Viniste desde tan lejos, no has comido, debes estar ex

  • PROHIBIDO: EN LOS BRAZOS DEL CEO   27. Desesperación

    —¿Qué estás diciendome? Tal vez no vuelva a respirar correctamente después de esto. Tal vez no vuelva siquiera dormir bien por las noches después de éste día y quizás no recibiera un perdón de alguien que claramente tendrá que recibir una explicación que, sin saber cómo ocurrió, se le salió de las manos. ¿Todo el mundo lo sabe?¿Todo el mundo sabe que está…embarazada…?Hiperventila cuando se levanta y camina por toda la sala. Su ceño está apretado, pero su conmoción indica que sin duda alguna ha perdido la razón.—Esto no puede estar pasando —refleja su angustia y desesperación tocándose la cabeza—. ¿¡Cómo que todo el mundo, Marie!? ¿¡Cómo se atrevió a decir algo así!?—No lo sé, amiga. Pero lo único que sé es que toda la compañía ahora sabe de esto —cuando las palabras de Marie salen de improviso su corazón se detiene. ¿Toda la compañía? Esto no puede estar sucediendo—. ¿Él no es el padre, verdad…?—¡Por supuesto que no! —exclama, desesperada y enojada—. Por Dios, yo debo volver.—T

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