เข้าสู่ระบบSus cabezas giraron al mismo tiempo hacia el rincón en penumbra donde yo estaba.Levanté mi teléfono, con la pantalla brillando.Durante tres años en esta ciudad, siempre me había mantenido en segundo plano, en los rincones cerrados y apartados.Era la primera vez que salía de las sombras y me colocaba directamente ante sus ojos.Aunque aquel «público» fuera solo León y Liana, era suficiente.—¡¿Elara?!—¿Cómo es que estás aquí?Liana soltó a Selene y se lanzó hacia mí como una loba salvaje.Igual que yo me había lanzado una vez hacia el Viejo Grey, hacia los restos profanados de mi madre.Esquivé su cuerpo, pero sus garras, todavía en forma humana, se aferraron a mi tobillo.Cayó de rodillas ante mí y señaló con una mano temblorosa el horror ensangrentado en que se había convertido su hijo.—Elara, te lo suplico, ¡sálvalo! ¡Por favor!Miré a León, una cáscara vacía que seguía llorando sangre sobre las baldosas estériles.Una pequeña sonrisa fría rozó mis labios, y me reí.Un sonido ba
El maestro Alistair se dio la vuelta y corrió de regreso hacia la puerta de la sala.Apenas alcanzó a dar dos pasos antes de quedarse congelado a media zancada.Luego, como si hubiera visto un espectro, tropezó hacia atrás y retrocedió a toda prisa, alejándose de la entrada.Al ver su reacción, Selene se inclinó para mirar adentro.Apenas asomó la cabeza por la puerta cuando se echó hacia atrás de golpe y se dobló sobre sí misma, vomitando con violencia contra la pared.Toda aquella conmoción por fin hizo reaccionar a Liana.Apoyándose en la pared, se puso de pie con dificultad y avanzó tambaleándose hacia la sala de curación. Pero se detuvo a mitad del camino.Una criatura, empapada en sangre y desprovista de piel, salió arrastrando los pies por la puerta, paso a paso.Cada huella que dejaba sobre el suelo pulido era una marca roja, húmeda y brillante.La «criatura» vio a Liana.Y empezó a avanzar hacia ella, emitiendo un sonido horrible, húmedo y ronco desde el lugar donde debería ha
Seguí a la multitud y me escabullí del hotel por un rincón discreto.Tomé un taxi en la acera y le pedí que siguiera el transporte médico de León.Antes, delante de Liana, Selene había parecido tranquila, pero la velocidad frenética del vehículo delataba el pánico que llevaba por dentro.No llevábamos mucho tiempo fuera del hotel cuando mi teléfono empezó a vibrar con una llamada insistente.Le eché un vistazo y sonreí. Parecía que Liana tampoco confiaba demasiado en Selene.Puse el teléfono en silencio y observé cómo la pantalla se encendía y se apagaba una y otra vez. Ese destello intermitente probablemente reflejaba el ritmo desesperado del corazón de Liana en ese momento.Como seguí sin contestar, Liana cambió a mensajes.«Elara, ¿dónde estás? León se equivocó con lo de la boda. Ahora ya lo sabe. Por favor, por el bien de generaciones de alianza entre tu linaje y nuestra manada, ven a la enfermería.»«Elara, llevas tres años aquí. Yo te he tratado bien, ¿no es así? Si no es por él,
—¡LEÓN!El grito de Liana atravesó el silencio repentino, un silencio tan absoluto que parecía haberle arrancado el aire al lugar. Sus piernas flaquearon, tropezó y cayó de rodillas junto al cuerpo inerte de su hijo.—¡León, mi niño, levántate! ¡Levántate! —lo sacudió por los hombros, y sus gritos pronto se quebraron en sollozos roncos.Selene, que un instante antes se había estado bañando en los aplausos que esperaba recibir, dio un paso vacilante hacia atrás. La máscara de seguridad que llevaba puesta se hizo añicos, dejando al descubierto una conmoción absoluta. Giró de golpe y miró la gran pantalla.Los signos vitales seguían siendo normales. Las líneas continuaban avanzando, estables, imperturbables, como una burla cruel a la realidad que yacía en el suelo.Miró alternativamente el rostro lívido y desesperado de Liana y el cuerpo aterradoramente inmóvil de León. Su compostura terminó de resquebrajarse. Hizo señas frenéticas hacia un pequeño grupo de lobos vestidos con túnicas de s
A cada Lobo Blanco lo enterraban con un fragmento de su piedra corazón, un cristal tocado por la luna que contenía una parte de su esencia.Era un secreto sagrado, reservado solo para los miembros del linaje.Yo se lo había contado a León una noche, en un momento de intimidad insensata y confiada.La noche en que nos prometimos el uno al otro por primera vez.El vehículo se detuvo al borde del bosque sagrado.León me arrastró hacia afuera.Luego hizo una seña a los ejecutores. Dos de ellos cargaban pesadas herramientas para cavar.—Desentiérrenla.—¡León, no! ¡Ella descansa bajo la paz de la Luna! ¡No puedes hacer esto!Intenté lanzarme sobre él, pero uno de los ejecutores me sujetó con fuerza.La primera palada de tierra oscura y fértil salió despedida de la tumba de mi madre y cayó directamente sobre mis zapatos.León alzó su teléfono, con el video de mi confesión listo para enviarse.—Compórtate, Omega. O tu vergüenza se convertirá en un legado público.Me quedé inmóvil, paralizada,
Desperté con el olor de los cataplasmas: musgo, milenrama machacada y algo amargo. El dolor era un latido sordo que me recorría todo el cuerpo.Me obligué a abrir los ojos.Estaba en una habitación oscura, de paredes terrosas. El Viejo Grey estaba arrodillado junto al jergón bajo, aplicando con cuidado una pasta fría sobre las quemaduras de mi brazo con sus manos nudosas.—Grey… —mi voz se quebró.—Shh, cachorra —murmuró sin levantar la vista. Sus ojos, cansados y bondadosos, seguían fijos en su trabajo—. Ya lo sé. Tienes que aguantar hasta el amanecer después de su cumpleaños.La puerta estalló hacia adentro.No fue un golpe para llamar. Fue el sonido de la madera partiéndose en astillas. Seis ejecutores de la manada, encabezados por el Beta de León, llenaron el pequeño espacio. Me arrancaron del jergón. Otro sujetó al Viejo Grey, inmovilizándole los brazos.León entró a grandes pasos. Me dio una bofetada con el dorso de la mano. La fuerza del golpe me lanzó de bruces contra el suelo
Adentro estaba todo.Los pergaminos antiguos que había transcrito con paciencia, usando tinta mezclada con mi propia sangre. Los atados de amuletos con acónito y hebra de plata bendecida por la luna. Tres años de mi vida, de mi esencia, manteniendo a la Muerte lejos de la puerta de León.No pensé. S
Me di la vuelta para irme. Pero Liana, la madre de León, dio un paso al frente y me sujetó por la muñeca.León—¡Elara, no te vayas!Luego se volvió hacia León, su hijo, y su expresión se volvió fría y afilada.—León. Pídele disculpas. Ahora mismo. Esto no es un juego.León simplemente apretó más la







