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17: El Probador

Author: D. Meiler
last update publish date: 2026-09-17 12:46:58

El día siguiente pasó lento y pesado, con Siena alerta a cada sonido, como si en cualquier momento la policía fuera a tocar la puerta. Molesta, ansiosa, incapaz de concentrarse en nada por más de unos minutos.

Cuando cayó la tarde, llegó el mensaje de Roman: la esperaba en la recepción del edificio, y una niñera ya subía en el ascensor para quedarse con los niños.

Ella, ya vestida con lo más sencillo que tenía —no le quedaba nada que pudiera llamar bonito—, abrió la puerta a una mujer distinta
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  • Amante por Accidente: La Obsesión del Mafioso    82: Mamá

    Siena quería guardar silencio, pero no era sencillo. Un solo sonido en falso y los descubrirían. Hundió el rostro en el hombro de Roman y escondió ahí sus gemidos.Los pasos se alejaron, y ella respiró aliviada. Pero ese alivio duró poco, porque Roman siguió embistiendo sin piedad.Sintió una corriente eléctrica en el vientre, cada vez más fuerte. Los músculos se le tensaron. Él también lo notó: ella se contrajo a su alrededor, y él la penetró más profundo. Eso fue el punto culminante. Siena estalló en un orgasmo intenso, violento, que le puso los ojos en blanco y le arrancó un gemido ahogado que murió en su garganta cuando Roman la besó.Él no se detuvo. Siguió con fuerza, y ella, sensible, soltó pequeños quejidos de placer, aferrada a sus hombros. Roman dio unas estocadas más y se liberó dentro de ella.Siena sintió algo caliente invadirla y jadeó. Se sentía bien.Se quedaron así un rato, recuperando el aliento.—Tengo que volver —dijo ella—. Ya tardé demasiado.Roman asintió, salió

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    El día pasó lento, o al menos así lo sintió Siena. Estuvo nerviosa desde la mañana, pensando en el encuentro y en lo que podía pasar.Como ya se le permitía salir, ella y sus guardias partieron en el auto hacia el museo de arte.Era lunes y no había mucha gente. Aun así, al entrar a la galería principal se topó con al menos una docena de personas. Fingía interés en las obras mientras miraba con cautela a su alrededor, buscando a Roman entre los visitantes.Sus guardias le pisaban los talones, algo realmente molesto. Deshacerse de ellos no iba a ser fácil.Avanzó a una sala contigua. En ese momento, uno de los guardias recibió una señal por el comunicador: algo pasaba afuera, con el auto. Le dijo al otro que no dejara sola a Siena y salió rápido.Solo quedaba uno del que deshacerse. Y no fue tan difícil como esperaba. De pronto, un hombre encapuchado y vestido de negro se abalanzó sobre el guardia y, con un movimiento ágil, lo dejó inconsciente de un solo golpe.Siena se quedó paraliza

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    Roman miró al hombre casi muerto que acababa de dar el nombre de su mujer como responsable del robo.No podía creerlo. Tenía que ser un plan de Salazar. Siena jamás sería capaz de algo así, y mucho menos de mirarlo a los ojos como si nada.Caminó hasta el prisionero, le agarró el rostro magullado y lo levantó para obligarlo a verlo.—Repite quién demonios te pagó por el robo.El hombre, con dificultad y dolor, dijo:—Su nombre es Siena. Sí. Ese es su nombre.Roman lo soltó de un tirón.—¿Cómo mierda Siena va a ser la responsable? Salazar debe estar usando su nombre. Lo hizo a propósito para desestabilizarme. Pero sin duda él está detrás de esto.—Nosotros también pensamos lo mismo, jefe —dijo Cormac—. Victor Salazar debe estar usando el nombre de Siena para sus trabajos sucios.Roman se pasó una mano por el cabello. En ese momento quería ir a esa casa y llevarse a Siena por la fuerza. Debería hacerlo.Los gemelos parecieron leerle la intención en la cara.—Jefe, es mejor esperar —dijo

  • Amante por Accidente: La Obsesión del Mafioso    79: Un nombre

    Siena iba de regreso con el corazón acelerado. No podía sacarse de la cabeza las manos de Roman en su cuerpo, ni ese beso.Vaya beso. No se lo esperaba, pero fue tan bueno que, si era sincera, quería repetirlo. Pero sabía que estaba mal. ¿Cómo podía hacer eso? Era una mujer casada.Cuando entró a la mansión, fue directo a su habitación y se encerró. No quería ver a nadie, menos aún a Victor.Pero en esa soledad no pudo dejar de darle vueltas a las palabras de Roman. ¿Qué podía saber él de ella? Quizás sí tenía información importante. Quizás había cosas que ni se imaginaba, relacionadas con ese hombre.Pero tenía miedo. Miedo de caer en una trampa y salir lastimada.---Roman regresó a la mansión frustrado. No había logrado convencer a Siena de nada. Se suponía que iba a hablar con ella, pero no pudo contenerse y terminó besándola. ¿Acaso estaba demente? Ella podía asustarse y dejar de acercarse a él.Se pasó una mano por la cara. Solo esperaba que la curiosidad la trajera de vuelta. S

  • Amante por Accidente: La Obsesión del Mafioso    78: Instinto

    Roman salió solo de la mansión y condujo hacia la ciudad. Era enorme, y encontrar un auto entre tantos iba a ser complicado.Sin embargo no tuvo que buscar mucho. Recibió un mensaje de Cormac: «Mi hombre los siguió. Están en el centro comercial de la avenida del puerto.»Roman giró el volante, pisó el acelerador a fondo y fue hacia allá.En el estacionamiento vio el auto con la matrícula. Dentro solo estaba el chófer. Lo más probable era que ella llevara guardias.Subió. Había muchas tiendas, pero una en especial a la que Siena quizás iría: la tienda a la que él la había llevado cuando empezó lo suyo, la del probador donde habían tenido sexo como animales. Aunque no lo recordara, tal vez el instinto la guiara hasta allí.Entró y la vio desde la puerta. Estaba frente a las perchas de ropa. Dos guardias iban detrás de ella como sombras. Probablemente la seguirían a todas partes, excepto al probador.Roman se las arregló para no ser visto y se paró detrás de una percha, a lo lejos. Cuand

  • Amante por Accidente: La Obsesión del Mafioso    77: Destellos

    Roman regresó a la mansión. Apenas cruzó las puertas, mandó llamar a los gemelos a su despacho.Cuando entraron, él estaba de pie en medio de la estancia, pensativo.—¿Pasó algo en esa fiesta, jefe? —preguntó Cormac.Roman levantó la mirada.—Vi a Siena.Los gemelos se quedaron sin palabras. No entendían.—¿Qué? —dijo Declan.Roman resopló, frustrado.—Esta noche Victor Salazar la presentó como su esposa ante todos los invitados.—¿Pero qué carajos?—La confronté. Resulta que Siena perdió la memoria en ese accidente. Salazar la ha tenido oculta todo este tiempo y le ha hecho creer que es su esposa.Cormac hizo una mueca irónica.—Ese bastardo sí que es listo. La tuvo delante de nuestras narices todo este tiempo.—Mi primera intención era llevármela de allí mismo. Pero, como imaginarán, estaba en desventaja numérica.—Armemos un maldito ejército y vayamos a esa casa —dijo Declan—. Hoy mismo podemos tomarla por la fuerza.Roman negó con la cabeza.—No. No lo haremos. Siena ahora no es l

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