Cuando llegó a casa, la niñera la esperaba en la sala.—Los niños están durmiendo —le dijo, con una sonrisa cansada.Siena fue a buscar dinero, pero la mujer negó con la cabeza.—Ya me pagaron, señora.Siena se limitó a asentir y la acompañó hasta la puerta. En la habitación, los gemelos dormían enterrados bajo las sábanas gruesas. Le tocó la frente a Leonardo con cuidado; ya no tenía fiebre.Se metió al baño, se desnudó, se duchó con el agua tan caliente como pudo soportar. Cuando salió, la pantalla del teléfono brillaba sobre la mesita de noche.Un mensaje de Roman.«Buenas noches.»Adjunta al texto, una foto: él recostado en una silla, sin camisa, con las bragas de ella sobre su cara, cubriéndole la nariz y la boca. En los ojos, un brillo malicioso que a Siena no le pasó desapercibido.Sintió un cosquilleo en el estómago, y esa vergüenza ya tan familiar.—Loco bastardo —murmuró, sin poder evitar una media sonrisa.Le respondió: «Buenas noches, degenerado.»Se acostó junto a los niñ
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-14 Mehr lesen