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67: Tal como eres

Author: D. Meiler
last update publish date: 2026-10-25 01:10:25

Siena acostó a Gabriel para que descansara y dejó a los gemelos Doherty en la mansión, atentos a cualquier novedad. Después regresó al hospital, junto a Leonardo.

Le explicó al médico que habían surgido complicaciones y que no había podido traer a Gabriel ese día, así que los exámenes quedaron para el siguiente.

El día pasó. Por la mañana, Siena fue personalmente a buscar a Gabriel para llevarlo a las pruebas. En la mansión le informaron que Roman estaba despierto.

Lo encontró en la sala de ent
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    Roman no estaba sorprendido. A esas alturas, pocas cosas lo sorprendían. Además, Darío no era alguien de quien dudara nada: ese tipo era mezquino, y eso ya lo sabía de antemano.Se cruzó de brazos.—Continúa. Te escucho.—¿Qué parte quieres oír?—Todo.Darío pareció pensarlo.—Yo traje a Mathias Rossi aquí. Te preguntarás por qué. Pero apuesto a que puedes adivinarlo.La forma burlona con que hablaba le daba ganas a Roman de pegarle un tiro en la frente. Pero no cedió. Porque eso era exactamente lo que Darío quería: morir rápido, sin sufrimiento. Y eso no pensaba concedérselo tan fácil.—Lo hiciste por Siena, obviamente —dijo Roman—. Curioso, para alguien que decía quererla.—En eso no te equivocas. Sí, lo hice por ella. Pero por su bien.—¿Qué te hizo tomar esa decisión?—Los vi en las imágenes filtradas de aquella gala. No podía creer que Siena, mi Siena, estuviera con un tipo como tú.Al oírlo decir "mi Siena", Roman tuvo que controlar un impulso.—¿Así que tu opción fue traer a su

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    El día pasó, y con él llegó el del trasplante de médula ósea.Siena había llamado a Roman, pero él no contestaba. Estaba dividida entre la preocupación por él y la alegría por el trasplante. El médico le había asegurado que el procedimiento era seguro y que sus hijos no sufrirían ni daño ni dolor.Les dio un beso a cada uno antes de que se los llevaran a un área donde no la dejaron pasar. Después solo quedó esperar y pedirle a Dios por el bienestar de todos aquellos a quienes amaba.Mientras esperaba, sintió una mano cálida sobre el hombro. Al girarse, vio a Anabella, sonriéndole con cariño. Siena la abrazó.—Gracias por estar aquí.—Es lo mínimo que haría por ti —respondió Anabella—. Ustedes son mi familia.---Roman tenía tanta sangre encima que su cuerpo apestaba. Tenía los dedos pegajosos y, aun así, sostuvo un cigarrillo entre ellos y lo encendió.Detrás de él, sus hombres arrastraban cadáveres hacia el interior de la casa. Los miraba con indiferencia.Exhaló el humo con una paci

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    Siena acostó a Gabriel para que descansara y dejó a los gemelos Doherty en la mansión, atentos a cualquier novedad. Después regresó al hospital, junto a Leonardo.Le explicó al médico que habían surgido complicaciones y que no había podido traer a Gabriel ese día, así que los exámenes quedaron para el siguiente.El día pasó. Por la mañana, Siena fue personalmente a buscar a Gabriel para llevarlo a las pruebas. En la mansión le informaron que Roman estaba despierto.Lo encontró en la sala de entrenamiento, disparándole a los blancos.—¿Qué crees que haces? Deberías estar descansando.Roman bajó el arma y se volvió hacia ella. Ayer había estado entre la vida y la muerte, pero hoy se veía igual que siempre. Nadie diría que había salido de una emboscada con una bala en el abdomen.Roman hizo una mueca.—No soporto estar tanto tiempo en una maldita cama.Siena se acercó y posó la mano con suavidad sobre la venda, justo encima de la herida. Lo miró a los ojos.—Si no tienes cuidado, se te v

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    Salazar no tuvo respuesta para la pregunta que siguió. Siena salió de aquella casa con más dudas de las que había traído.Cuando subió al auto, los gemelos la miraron sin entender qué había pasado. Ella se quebró de pronto. Se cubrió el rostro con las manos y lloró.—No está aquí. Salazar no lo tiene.—¿Estás segura? —preguntó Cormac—. Ese maldito puede estar mintiendo.Siena negó con la cabeza.—No miente. Lo vi en su cara.—¿Y quién querría llevarse al niño? —dijo Declan—. No lo entiendo.Siena empezó a atar cabos. Quien estuviera detrás de esto no buscaba perjudicar a Roman. La buscaba a ella. Gabriel era su hijo, y había desaparecido justo cuando su médula era lo único que podía salvar a Leonardo. Era demasiada coincidencia. Roman estaba herido, a punto de morir. Todo se sentía como una venganza, algo muy personal.De pronto levantó la mirada, con un pensamiento nuevo. Todo había sido contra ella desde el principio. Desde la muerte de Mathias, todo se había girado en su contra. Ha

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    Siena no sabía qué hacer. Se quedó clavada en el pasillo del hospital, como si las piernas se le hubieran pegado al suelo. Todo estaba pasando a la vez. Era como estar dentro de una pesadilla de la que no podía despertar. Entonces, a su lado, pasaron un par de personas conversando. —¿Viste lo que pasó en la intersección? Dicen que hubo un altercado armado. Siena oyó eso y supo, sin necesidad de confirmarlo, que se trataba de Roman. El miedo se le desprendió del cuerpo de golpe. Salió corriendo del hospital, llegó a la entrada y detuvo un taxi. —Rápido, a la intersección. El taxista aceleró. No quedaba lejos. En cuanto llegaron, vio el lugar acordonado, las sirenas de la policía iluminándolo todo. Pagó y se bajó casi sin esperar a que el auto se detuviera. Apenas se acercó vio un cuerpo en el suelo. La sangre se le heló. A su alrededor, la sangre formaba varios charcos oscuros. Tuvo miedo de acercarse. Miedo de ver el rostro y confirmar que era Roman. No quería ni pensar en la

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    Siena sintió que las piernas se le doblaban. Habría caído al suelo si Roman no la hubiera sostenido por la cintura.—No —susurró—. No puede ser.—Le haremos el examen mañana en la mañana —dijo el médico—. El resultado no estará listo hasta dentro de veinticuatro horas.Ella no pudo responder. Lo hizo Roman.—Está bien. Gracias, doctor.El médico asintió y se marchó por el pasillo. Roman llevó a Siena hasta una silla y se sentó a su lado. Le tomó las manos y ella se quebró. Lloró sin pudor, con sollozos que le sacudían el cuerpo entero.—Tienes que ser fuerte ahora, Siena —dijo él—. Tus hijos te necesitan.—¿Cómo voy a ser fuerte? —Apenas le salía la voz—. Pasé por cosas horribles, Roman. Pero esto... esto me pasa por encima. No soporto la idea de perder a Leonardo. Prefiero morir mil veces.Él la rodeó con los brazos y ella hundió la cara en su pecho.Era un dolor que nunca había imaginado. Deseó con todas sus fuerzas ser ella quien estuviera en esa cama de hospital y no su pequeño. ¿

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