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Penulis: Minnah
last update Tanggal publikasi: 2026-10-12 16:34:08

Siete años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos.

«¡Thalia Frost está aquí!» Los gritos de los reporteros estallaron, cortando la noche.

La elegante limusina negra se detuvo con un suave ronroneo frente a la entrada reluciente del Grand Palais.

Las cámaras ya destellaban, la alfombra roja brillaba bajo las luces intensas. Thalia bajó primero.

Cada centímetro de ella irradiaba seducción: el vestido rojo se ceñía a su figura de forma sensual hasta los pendientes de diamantes que se balanceab
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  • Querido marido, mi ex ha vuelto   10

    George regresó de la empresa después de recoger a los gemelos del colegio. Había cancelado todas sus reuniones solo para pasar el resto del día con su familia. Era un momento raro, porque su teléfono no paraba de vibrar, sus asistentes siempre llamaban a la puerta y los informes lo esperaban en el escritorio… pero ese día no quería nada de eso. Ese día solo quería a su esposa y a sus hijos. Como de costumbre, Jay iba en sus brazos, aferrada a su hombro, mientras Tracey caminaba a su lado con la pequeña mochila rebotando a su espalda. Si Thalia hubiera estado allí, Tracey no habría caminado sola: habría ido en sus brazos, igual que Jay iba ahora en los de George. Los guardias se inclinaron al pasar frente a ellos. —La vida no se acabó cuando papá cargó a Jay en sus brazos y me dejó caminar sola —murmuró Tracey en voz baja, con una vocecita minúscula pero llena de la tristeza que solo un niño puede sentir. La cabecita de Jay se levantó de inmediato. —¡Admite que estás celo

  • Querido marido, mi ex ha vuelto   10

    —Esposa —su voz bajó lenta, poseída—. Voy a follarte hasta que olvides que alguna vez estuviste casada con Franklin. Y el único nombre que recordarás será el mío. La respiración de Thalia se entrecorta cuando las palabras de George se posaron sobre ella como una promesa y una amenaza al mismo tiempo. Sus manos eran firmes e inflexibles, y sin embargo su tacto cargaba esa extraña reverencia que reservaba solo para ella. Cada beso se sentía como una reclamación; cada roce de su palma por su espalda era un recordatorio de que no estaba pidiendo: la estaba tomando. Su bata quedó amontonada en el suelo, olvidada. La camisa de él desapareció; las manos de ella acariciaban su pecho desnudo mientras sus lenguas se deslizaban y se entrelazan. La boca de George bajó lentamente, encendiendo sus venas. Ella se arqueó hacia él, los dedos aferrados a sus hombros. George no solo la tocaba: la desnudaba hasta la parte más cruda de su alma. En aquellos momentos no existía Franklin. Ni Yulia. Ni

  • Querido marido, mi ex ha vuelto   8

    Las manos de Yulia no dejaban de temblar. Lo último que recordaba era haber sido expulsada del Grand Palais hacia la fría noche, con el teléfono vibrando en su palma. La voz del médico había sido calmada y distante.Ahora el olor a antiséptico se aferraba a su ropa, amargo y sofocante. El pitido agudo del monitor cardíaco resonaba en su cráneo, un recordatorio de lo frágil que estaba. Franklin yacía allí: pálido, inmóvil, la frente envuelta en gasas blancas.Lo había mirado largo rato, memorizando la forma de su rostro quieto, antes de enfrentarse al médico.—Doctor —suplicó—, por favor, manténgalo con vida hasta que regrese.—Sin un donante y el pago, lo siento, no está en mis manos. —La voz del médico había sido calmada y fría al mismo tiempo.Se le apretó la garganta. No sabía a dónde ir ni a quién llamar. Thalia la había negado frente al mundo. Delilah había cortado todo lazo con Franklin años atrás. Sus supuestos amigos habían desaparecido. Y su propia madre había dejado de conte

  • Querido marido, mi ex ha vuelto   7

    {Grand Palais}Cada paso se sentía como una vuelta de victoria. Siete años de silencio, de reinvención, de convertirse en algo más de lo que le habían dejado... todo había conducido a ese momento.Le colocaron el premio en la mano. El presentador sonrió con calidez antes de dejar a Thalia en el centro del escenario.—Gracias —comenzó, con la voz cálida y firme. Se secó la comisura de los ojos con un pañuelo; las brillantes luces resplandecían sobre la humedad allí.—Guau... ni siquiera sé por dónde empezar. —Una suave sonrisa curvó sus labios.El salón estaba en absoluto silencio; pares de ojos fijos en ella. No era la primera vez que subía a un escenario, pero esa noche se sentía diferente.—Cuando empecé este camino, hace siete años, todo lo que tenía, todo lo que apreciaba, se me escapó entre los dedos. Pensé que no podría hacerlo, pensé que se había acabado. —Su mirada recorrió al público—. Pero hay algo sobre la vida: no importa si caes o no; lo que importa es si te levantas.—Y

  • Querido marido, mi ex ha vuelto   6

    Siete años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos.«¡Thalia Frost está aquí!» Los gritos de los reporteros estallaron, cortando la noche.La elegante limusina negra se detuvo con un suave ronroneo frente a la entrada reluciente del Grand Palais.Las cámaras ya destellaban, la alfombra roja brillaba bajo las luces intensas. Thalia bajó primero.Cada centímetro de ella irradiaba seducción: el vestido rojo se ceñía a su figura de forma sensual hasta los pendientes de diamantes que se balanceaban con cada movimiento sereno, irradiando elegancia con cada respiración.Sostenía de la mano a su hija de seis años, Tracey, que llevaba una versión a juego de su vestido.La miró hacía abajo con una sonrisa preciosa.Al otro lado, se abrió la segunda puerta. George salió, vestido con un esmoquin negro. En sus brazos, su hijo Jay se aferraba a la solapa de su padre, igualmente elegante con un traje a juego y un lazo.George caminó hacia su lado y entrelazó sus dedos con los de ella de manera ro

  • Querido marido, mi ex ha vuelto   5

    «Su nueva vida» Las tres palabras seguían girando en la cabeza de Franklin mucho después de que la llamada termina. Permanecía junto a la ventana, con el teléfono todavía en la mano, mirando fijamente a la nada. Yulia lo observaba desde la cama, con una pequeña sonrisa de satisfacción en los labios. Había oído cada palabra. «Bien. Que sienta la primera grieta». Ya no necesitaba temer la sombra de Thalia. Franklin marcó de nuevo el número de Thalia. Y otra vez. Pero nadie contestó. «¿Así de fácil? ¿Ya había seguido adelante tan rápido? ¿Ya había encontrado a alguien más?», pensó para sí. No. Confiaba en ella. Thalia nunca le sería infiel. Pero la voz de aquel hombre —serena, segura, posesiva— seguía repitiéndose en su mente. «Su nueva vida». ¿Qué significaba eso? Tragó saliva, sintiéndose inquieto. Yulia se levantó y se acercó a él, rodeándome la cintura con los brazos. «Frank… estoy tan feliz de que por fin estemos juntos». «Yo también», respondió él, depositando un

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