ログインPunto de vista de Emma
No podía dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, las manos de Kyle volvían: ásperas e implacables, cerrándose alrededor de mi garganta hasta que el mundo se volvía negro.
Seguía sintiendo la presión, el roce de sus uñas, el instante en que los pulmones dejaron de funcionar.
El cuerpo se me sacudía despierto una y otra vez, jadeando por aire en la oscuridad.
Me giré de un lado, luego de espaldas, luego me encogí en un ovillo apretado. Las sábanas estaban húmedas de sudor y el plazo de una semana que Kyle me había lanzado se me había instalado en el pecho como una piedra.
Un matrimonio forzado. Todo lo que acababa de arriesgar derrumbándose antes siquiera de poder empezar.
Nyx iba de un lado a otro dentro de mí, con gruñidos bajos que me vibraban en los huesos.
—Ya morimos una vez. No vamos a repetirlo.
—Lo sé… lo sé —susurré a la oscuridad.
Por fin me incorporé, con la frente perlada de sudor, respirando con dificultad. El reloj digital de la mesilla brillaba a las 3:47 a.m. Alargué la mano hacia el móvil con los dedos temblorosos, más por costumbre que por otra cosa, y empecé a desplazarme por la pantalla sin realmente verla.
Hasta que los titulares me dejaron helada.
El Alfa de Storm Front, Noah Reed, busca esposa: llamamiento público a candidatas adecuadas
El padre del Alfa Reed lanza un ultimátum: matrimonio antes de fin de año
Mujeres elegibles de toda Nueva York acuden al territorio de Storm Front.
Me quedé mirando la pantalla. Varios medios, foros de manadas e incluso sitios de cotilleo humanos se habían hecho eco.
El padre de Noah había lanzado públicamente una búsqueda de esposa para él.
La curiosidad no empezaba ni a describirlo. Me puse una sudadera y unos vaqueros, me recogí el pelo en un nudo desordenado y salí de la casa de la manada antes de poder arrepentirme.
Las calles estaban en silencio a esas horas. Conduje directo al territorio de Storm Front, con el pulso acelerándose cuanto más me acercaba.
La residencia de Noah seguía iluminada en el segundo piso. Entré por la puerta lateral que habíamos usado antes —la seguridad era más laxa de lo que esperaba a esa hora de la noche— y seguí las voces alzadas por el pasillo.
Me detuve justo fuera de la puerta entreabierta del estudio.
—…tú no decides esto por mí —la voz de Noah sonaba alta de rabia—. Te lo he dicho cien veces: no me interesa un matrimonio concertado solo para que puedas presumir de nietos.
Un hombre mayor respondió, con la voz grave y fría resonando en la habitación.
—Y yo te lo he dicho cien veces: un Alfa sin heredero es una carga. El consejo ya murmura. Tu hermano pequeño está más que preparado para dar el paso si sigues rechazando tu deber.
—Tengo a alguien —dijo él.
Hubo una pausa, y después una risa corta, incrédula.
—Tienes a alguien —repitió su padre—. ¡Qué conveniente! Nunca has traído a una mujer a casa, nunca has mencionado un nombre. Nunca has mostrado el más mínimo interés en echar raíces. Y ahora, la misma noche en que lanzo el anuncio, de pronto «tienes a alguien».
—No miento —dijo Noah, aunque la expresión de su cara contaba otra historia.
—Demuéstralo. —El tono del hombre mayor se endureció—. Tráela aquí, preséntamela. Que la manada la vea. Hasta entonces, asumiré que te inventas historias para ganar tiempo. Tienes hasta fin de año. Cásate, produce un heredero o te despojaré del título de Alfa y se lo daré a tu hermano. No me pongas a prueba en esto.
—¿De verdad le entregarías la manada a él? ¿Después de todo lo que he construido?
—Preferiría ver la manada estable bajo un Alfa casado antes que verla fracturarse bajo uno soltero que se niega a asegurar el linaje.
Oí el roce de una silla. La voz de Noah bajó, casi peligrosa.
—Estás cometiendo un error.
—No, hijo. Lo estás cometiendo tú. Y si no lo corriges pronto, perderás todo lo que tu madre y yo construimos para ti.
Fue suficiente.
Empujé la puerta y entré sin llamar.
Los dos hombres se volvieron. El padre de Noah era mayor, con las sienes plateadas, la misma estructura ósea afilada que su hijo pero con ojos más fríos. Noah, por su parte, parecía tallado en piedra.
Mantuve la expresión serena y caminé directo hasta el lado de Noah.
—Siento llegar tarde —dije con claridad—. No sabía que la conversación había empezado sin mí.
El padre de Noah frunció el ceño, contrayendo las cejas.
—¿Y tú eres…?
Deslicé la mano en la de Noah, igual que había hecho delante de toda la Manada de la Luna Negra horas antes, y sostuve la mirada del hombre mayor sin pestañear.
—Emma Carter. La novia de Noah.
El silencio se estiró durante varios segundos largos.
Los dedos de Noah se crisparon contra los míos, pero no se apartó.
Los ojos de su padre se movieron entre nosotros, evaluándonos con sospecha.
—Novia —repitió despacio—. Es la primera vez que oigo hablar de esto.
—Lo hemos mantenido en privado —dije—. Por razones obvias. Pero desde que el anuncio que hiciste se hizo público, ya no tiene sentido seguir ocultándolo.
El hombre mayor me estudió un momento más y luego miró a su hijo.
—¿Es cierto?
A Noah se le tensó un poco la mandíbula y sentí el instante exacto en que decidió no contradecirme delante de su padre.
—Sí —dijo por fin—. Es cierto.
Su padre exhaló por la nariz, claramente todavía no del todo convencido, pero la pelea se le había ido de la postura.
—Entonces espero una presentación formal ante la manada en el plazo de una semana. Nada más de secretos. Si esto es real, demuéstralo. Si no lo es… —Dejó la amenaza en el aire—. Ya conoces las consecuencias.
Me dedicó una última mirada larga y luego salió de la habitación sin decir otra palabra.
La puerta se cerró con un clic.
Noah soltó mi mano y me clavó una mirada fría.
—¿Qué cojones crees que estás haciendo?
—Ayudándote —respondí—. No hace falta que me des las gracias.
Soltó un resoplido corto, incrédulo.
—¿Ayudarme? Acabas de empeorarlo todo. Ahora mi padre va a esperar una relación pública.
—Lo sé.
—No sabes nada. —Apoyó una mano en el borde del escritorio, los ojos oscuros clavados en los míos—. Mira… Gracias. Por intervenir. Estaba a una conversación de cumplir la amenaza. Pero eso no significa que vaya a seguirte el juego con el plan que te hayas cocinado. No te conozco, no confío en ti. Y no me voy a casar con una desconocida porque ella haya decidido usarme como vía de escape.
—No te estoy pidiendo que te cases conmigo de verdad —dije—. Solo… deja que la historia se sostenga un tiempo. Lo bastante para que los ancianos de mi lado se echen atrás.
—No —dijo, con una firmeza absoluta en la voz.
Lo miré.
Me miraba como si yo fuera un problema que tenía que resolver y desechar.
—Ya te dije que lo pensaría —añadió, con la voz más fría—. Eso es todo lo que vas a sacar esta noche. Vete.
Me di la vuelta y salí sin dedicarme una segunda mirada.
Desperté con el sonido del móvil vibrando sin parar.
La luz del sol cortaba la cama. Tenía la cabeza pesada, los ojos arenosos por el sueño casi inexistente. Agarré el teléfono, entrecerrando los ojos contra el brillo.
Tenía docenas de mensajes, llamadas perdidas y chats de grupo explotando.
Abrí el primer enlace y todos los músculos del cuerpo se me tensaron.
Las invitaciones digitales de boda ya circulaban por todas las redes importantes de manadas de la ciudad. Fondo crema, letras doradas y dos nombres uno al lado del otro en cursiva.
Emma Carter y Noah Reed
Solicitan el honor de su presencia en su boda
La fecha, la hora y el lugar estaban rellenados.
Me incorporé tan deprisa que la habitación dio un vuelco.
De algún modo, entre el amanecer y esa mañana, el falso compromiso que yo había forzado a existir se había convertido en un anuncio oficial de boda enviado a todas las familias y manadas influyentes de Nueva York.
Me quedé mirando la p
antalla, con la respiración cortada en la garganta.
Noah iba a perder la cabeza.
Punto de vista de Emma—¿Qué valor posible podrías ofrecerle a Storm Front? —preguntó.Mientras hablaba, su mano derecha se desplazó con sutileza y se apoyó contra las costillas inferiores. Nadie más lo habría notado, pero yo sí. En mi primera vida lo había visto hacer exactamente ese mismo gesto cuando la vieja herida de plata de una emboscada de solitarios se inflamaba bajo un estrés extremo: una debilidad que ocultaba a toda su manada.Sin pensarlo siquiera, me acerqué a la mesita auxiliar, pasé de largo la botella de whisky y serví un vaso de agua tibia de la tetera junto con dos pastillas del frasco sin etiqueta escondido detrás de sus libros. Se los tendí.—Bébetelo —dije en voz baja—. Y deja de tensar el lado derecho. Siempre haces eso cuando la cicatriz de plata se activa… o cuando estás a punto de farolear.Noah se quedó completamente inmóvil.Su mirada bajó al vaso que tenía en la mano y luego volvió a subir a mi cara, afilada como una navaja y profundamente sospechosa.—¿Có
Punto de vista de EmmaEstaba sentada al borde de la cama, mirando la pantalla, el pulgar moviéndose casi sin pensar mientras los comentarios seguían llegando sin parar.¡Felicidades al Alfa Reed y a la futura Luna de Storm Front!¿Cómo cojones ha conseguido Noah Reed mantener una relación en secreto tanto tiempo?¿Una Carter casándose con la familia Reed? Las consecuencias políticas van a ser enormes.Lo que había empezado como una mentira desesperada en un estrado de boda era ahora un anuncio público del que ninguno de los dos podía desentenderse fácilmente.El móvil sonó y el nombre de Noah iluminó la pantalla.Respondí al segundo tono.—Noah…—¿Has visto las invitaciones? —Su voz estaba controlada, pero la rabia que había debajo era lo bastante afilada como para cortar cristal.—Acabo de encontrarlas —dije—. No las he enviado yo, lo juro.—El consejo de la manada y la mitad de las familias influyentes de Nueva York han ido a ver a mi padre. —Levantó la cabeza y me clavó la mirada—
Punto de vista de EmmaNo podía dormir.Cada vez que cerraba los ojos, las manos de Kyle volvían: ásperas e implacables, cerrándose alrededor de mi garganta hasta que el mundo se volvía negro.Seguía sintiendo la presión, el roce de sus uñas, el instante en que los pulmones dejaron de funcionar.El cuerpo se me sacudía despierto una y otra vez, jadeando por aire en la oscuridad.Me giré de un lado, luego de espaldas, luego me encogí en un ovillo apretado. Las sábanas estaban húmedas de sudor y el plazo de una semana que Kyle me había lanzado se me había instalado en el pecho como una piedra.Un matrimonio forzado. Todo lo que acababa de arriesgar derrumbándose antes siquiera de poder empezar.Nyx iba de un lado a otro dentro de mí, con gruñidos bajos que me vibraban en los huesos.—Ya morimos una vez. No vamos a repetirlo.—Lo sé… lo sé —susurré a la oscuridad.Por fin me incorporé, con la frente perlada de sudor, respirando con dificultad. El reloj digital de la mesilla brillaba a la
Punto de vista de Emma—Creo que aquí ha habido algún malentendido. —La voz de Kyle cortó el silencio atónito de la sala.Forzó una risa tensa, intentando hacer creer a la gente que todo seguía yendo bien.—Mi prometida ha estado bajo mucho estrés. La organización de la boda, las responsabilidades de la manada… Lleva unos días regular. Por eso está diciendo tonterías.Alargó la mano hacia mi hombro, pero yo aparté el brazo con tanta fuerza que sus dedos se cerraron en el aire vacío.—Quítame la mano de encima. —Las palabras salieron más cortantes de lo que esperaba. Los invitados se removieron en sus asientos. Ya había varios teléfonos levantados, grabando.La sonrisa de Kyle flaqueó y se le abrieron los ojos.—¿Esto es alguna clase de broma, Emma?—No. —Mantuve la voz firme aunque el pulso me iba a mil—. No es ninguna broma. Me caso con el Alfa Noah.Algo feo le cruzó la cara. Dio media vuelta sobre los talones y bajó a zancadas los peldaños del estrado, directo hacia el borde de la
Punto de vista de Emma—Emma… Emma…La voz llegó hasta mí desde algún lugar lejano, suave y distorsionada, como si viajara a través del agua. Intenté responder, pero la garganta no me respondía.Todo se sentía distante.—Emma. —La voz volvió a llamarme, más fuerte esta vez.Abrí los ojos de golpe.Me incorporé con un jadeo entrecortado, las manos volando hacia el cuello. Los dedos recorrieron la piel a toda prisa, buscando los moretones, el corte, la presión aplastante que me había robado el último aliento solo unos segundos atrás.No había nada. Ni marca de garras, ni sangre, ni rastro alguno.Miré mis manos como si pertenecieran a otra persona.¿Estoy muerta?¿Es este el más allá?La idea me golpeó con tanta fuerza que se me cortó la respiración. El pulso me retumbaba en los oídos mientras miraba a mi alrededor con los ojos muy abiertos.Paredes de un crema suave, espejos altos, percheros llenos de tela blanca y el aroma a rosas y perfume caro. Aquello no era la casa del bosque dond
Punto de vista de Emma—Sí… así, justo así.Los gemidos amortiguados se filtraban por el pasillo y me provocaron un escalofrío que me recorrió toda la espalda.El corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas cuando un olor familiar me golpeó de lleno.Lo habría reconocido en cualquier parte.Mi compañero.Me quedé paralizada en el porche de aquella casita perdida en el bosque, con una mano todavía levantada para llamar.Empujé la puerta sin hacer ruido y el estómago se me desplomó todavía más.Kyle y Chloe estaban en la cama. Mi marido tenía a mi hermana debajo de él, las piernas de ella rodeándole la cintura, las uñas clavadas en su espalda mientras él se hundía en ella una y otra vez.Durante un segundo no pude moverme. No pude respirar. El mundo simplemente… se detuvo.Los ojos de Chloe se abrieron y se clavaron en los míos. Gritó como si hubiera visto un fantasma.Kyle se incorporó de golpe tan deprisa que casi se cae de la cama. Se le puso la cara blanca al verme de pie en







