LOGINPunto de vista de Emma
—Creo que aquí ha habido algún malentendido. —La voz de Kyle cortó el silencio atónito de la sala.
Forzó una risa tensa, intentando hacer creer a la gente que todo seguía yendo bien.
—Mi prometida ha estado bajo mucho estrés. La organización de la boda, las responsabilidades de la manada… Lleva unos días regular. Por eso está diciendo tonterías.
Alargó la mano hacia mi hombro, pero yo aparté el brazo con tanta fuerza que sus dedos se cerraron en el aire vacío.
—Quítame la mano de encima. —Las palabras salieron más cortantes de lo que esperaba. Los invitados se removieron en sus asientos. Ya había varios teléfonos levantados, grabando.
La sonrisa de Kyle flaqueó y se le abrieron los ojos.
—¿Esto es alguna clase de broma, Emma?
—No. —Mantuve la voz firme aunque el pulso me iba a mil—. No es ninguna broma. Me caso con el Alfa Noah.
Algo feo le cruzó la cara. Dio media vuelta sobre los talones y bajó a zancadas los peldaños del estrado, directo hacia el borde de la multitud donde Noah seguía de pie con los brazos cruzados. Kyle agarró un puñado de la camisa de Noah y lo tiró hacia delante.
—Hijo de puta —gruñó—. ¿Qué cojones le has hecho a mi chica?
Noah ni siquiera parpadeó. Le rodeó la muñeca con la mano y se la quitó de encima con una fuerza tranquila, como si se sacudiera el polvo.
—Quítame las manos de encima —dijo en voz baja, con la expresión completamente neutra.
Los dos Alfas se midieron con la mirada. El aire entre ellos parecía cargado; la rivalidad se había vuelto de pronto pública y cruda.
Me acerqué antes de que cualquiera de los dos pudiera escalar más y todas las miradas de la sala me siguieron.
—No vuelvas a ponerle una mano encima a mi prometido —dije con claridad, lo bastante alto para que toda la manada me oyera—. Ni delante de mí ni nunca.
Deslicé la mano en la de Noah. La palma era cálida y áspera, y durante un segundo se quedó completamente quieto. Luego sus dedos se cerraron alrededor de los míos con la firmeza suficiente para que pareciera real.
Nos dimos la vuelta y caminamos juntos por el pasillo que se suponía que iba a ser mío y de Kyle. No miré atrás hasta llegar al borde de los jardines. Cuando por fin eché un vistazo por encima del hombro, Kyle seguía allí de pie, pálido, con los ojos clavados en mí con una mezcla de rabia y algo que casi parecía dolor.
—A partir de ahora —murmuré para mis adentros—, te voy a amargar la vida.
La casa de Noah estaba en el extremo opuesto del territorio de Storm Front, un edificio moderno de cristal y acero que daba al río. En el momento en que la puerta se cerró detrás de nosotros, la actuación terminó.
Soltó mi mano como si le quemara y se volvió hacia mí.
—¿Qué cojones ha sido eso?
Me quedé cerca de la entrada, todavía con el vestido de novia que de pronto se sentía ridículo.
—Gracias por hoy. Por seguirme el juego delante de todos.
—¿Seguirte el juego? —Su voz era baja y peligrosa—. Acabas de anunciar a la mitad de las manadas de la ciudad que estamos prometidos. ¿Tienes idea de lo que has hecho?
—Necesitaba escapar de ese matrimonio.
Soltó una risa corta, sin humor, y se pasó una mano por el pelo.
—¿Escapar? Te has levantado delante de toda la Manada de la Luna Negra y me has metido en tu lío sin una sola palabra de aviso. ¿Es que tienes cerebro o simplemente decidiste prender fuego a nuestras dos vidas por diversión?
Le sostuve la mirada.
—Sinceramente, sí. Sé exactamente lo que he hecho. Solo tienes que fingir un poco. Deja que la narrativa se apague sola.
—Las narrativas como esta no se apagan. —Dio un paso más cerca—. ¿Y cómo se supone que voy a fingir estar prometido a una mujer cuyo nombre ni siquiera sé?
—Emma —dije—. Me llamo Emma Carter.
—Me importa una m****a cómo te llamas. —El tono era plano, la mirada clavada en la mía con intensidad—. No tengo ninguna intención de hacer lo que sea que quieras.
Las palabras me golpearon más fuerte de lo que esperaba. Sabía que se iba a enfadar; simplemente no esperaba que el desprecio frío doliera tanto.
—Es realmente importante para mí —dije en voz baja.
—¿Y por qué debería importarme eso?
Lo miré y me di cuenta de lo estúpida que había sido. Claro que no le importaba. En esta vida éramos unos desconocidos. No tenía ninguna razón para arriesgar su reputación ni su manada por una mujer que acababa de usarlo como estrategia de escape.
Dio otro paso hacia delante. El calor de su cuerpo me alcanzaba incluso a través del espacio que nos separaba.
De cerca era todavía más impactante de lo que recordaba de mi primera vida: mandíbula afilada, ojos oscuros, ese tipo de presencia que hacía que la gente se apartara de su camino sin pensarlo.
Su mirada bajó a mi boca durante medio segundo mientras hablaba, y odié haberme dado cuenta.
—Deberías irte —dijo por fin—. Lo pensaré. Eso es todo lo que prometo.
Asentí una sola vez, con una pequeña sonrisa tirando de mis labios.
—Gracias.
Luego me di la vuelta y salí antes de poder decir algo estúpido.
Para cuando llegué a mis aposentos en la casa de la Manada de la Luna Negra, la adrenalina había empezado a disiparse y me golpeó el agotamiento.
Lo único que quería era encerrarme en mi habitación y escuchar el silencio.
Kyle estaba sentado en el suelo delante de mi puerta.
Levantó la cabeza en cuanto oyó mis pasos. Tenía la corbata floja, el pelo hecho un desastre, como si se hubiera pasado la última hora pasándose las manos por él.
La irritación se me encendió en el pecho, caliente e inmediata.
—¿Por qué me estás haciendo esto? —preguntó, levantando las cejas.
Resoplé.
—Qué gracioso que todavía quieras hacerte la víctima hasta el final.
—¡Soy una víctima! —La voz se le alzó—. No he hecho nada para merecer esto. Un minuto estábamos a punto de casarnos y al siguiente estás ahí reclamando que estás prometida a mi rival. ¿Tienes idea de cómo se vio eso delante de la manada?
Quería gritarle la verdad: la conversación que había escuchado, los planes que él y Chloe habían hecho para usarme y luego desecharme, la forma en que me había cerrado las manos alrededor de la garganta en otra vida. Pero me lo tragué. Ninguno de los dos podía saber lo que recordaba, no hasta que estuviera lista para destruirlos como se merecían.
—Estoy destrozado sin ti —dijo Kyle, más suave ahora—. Emma, por favor. Háblame.
Lo ignoré y di un paso hacia la puerta.
Su mano salió disparada y me agarró la muñeca, los dedos clavándose con fuerza suficiente para dejar moretón.
—Sé que lo tuyo con Noah es una m****a —dijo, con los ojos clavados en los míos—. No hay forma de que ya estuvierais prometidos. Tú y yo lo sabemos.
Bajé la mirada a su mano y luego volví a subirla a su cara.
—Sigue viviendo en tu ilusión —dije.
—Ya he hablado con el consejo de ancianos. Tú y yo vamos a casarnos antes de que termine esta semana. Si no, te obligarán a hacerlo te guste o no.
Un escalofrío se me instaló en lo más hondo del estómago.
Lo decía en serio. La mirada de sus ojos decía que ya había empezado a mover las piezas.
Me solté la muñeca y abrí la puerta sin decir otra palabra. En cuanto estuve dentro, eché el cerrojo y me apoyé contra la madera, respirando rápido y superficial.
Unos días.
Tenía unos días para convencer al Alfa Noah de que se cas
ara conmigo o todo lo que acababa de arriesgar se vendría abajo.
Punto de vista de Emma—¿Qué valor posible podrías ofrecerle a Storm Front? —preguntó.Mientras hablaba, su mano derecha se desplazó con sutileza y se apoyó contra las costillas inferiores. Nadie más lo habría notado, pero yo sí. En mi primera vida lo había visto hacer exactamente ese mismo gesto cuando la vieja herida de plata de una emboscada de solitarios se inflamaba bajo un estrés extremo: una debilidad que ocultaba a toda su manada.Sin pensarlo siquiera, me acerqué a la mesita auxiliar, pasé de largo la botella de whisky y serví un vaso de agua tibia de la tetera junto con dos pastillas del frasco sin etiqueta escondido detrás de sus libros. Se los tendí.—Bébetelo —dije en voz baja—. Y deja de tensar el lado derecho. Siempre haces eso cuando la cicatriz de plata se activa… o cuando estás a punto de farolear.Noah se quedó completamente inmóvil.Su mirada bajó al vaso que tenía en la mano y luego volvió a subir a mi cara, afilada como una navaja y profundamente sospechosa.—¿Có
Punto de vista de EmmaEstaba sentada al borde de la cama, mirando la pantalla, el pulgar moviéndose casi sin pensar mientras los comentarios seguían llegando sin parar.¡Felicidades al Alfa Reed y a la futura Luna de Storm Front!¿Cómo cojones ha conseguido Noah Reed mantener una relación en secreto tanto tiempo?¿Una Carter casándose con la familia Reed? Las consecuencias políticas van a ser enormes.Lo que había empezado como una mentira desesperada en un estrado de boda era ahora un anuncio público del que ninguno de los dos podía desentenderse fácilmente.El móvil sonó y el nombre de Noah iluminó la pantalla.Respondí al segundo tono.—Noah…—¿Has visto las invitaciones? —Su voz estaba controlada, pero la rabia que había debajo era lo bastante afilada como para cortar cristal.—Acabo de encontrarlas —dije—. No las he enviado yo, lo juro.—El consejo de la manada y la mitad de las familias influyentes de Nueva York han ido a ver a mi padre. —Levantó la cabeza y me clavó la mirada—
Punto de vista de EmmaNo podía dormir.Cada vez que cerraba los ojos, las manos de Kyle volvían: ásperas e implacables, cerrándose alrededor de mi garganta hasta que el mundo se volvía negro.Seguía sintiendo la presión, el roce de sus uñas, el instante en que los pulmones dejaron de funcionar.El cuerpo se me sacudía despierto una y otra vez, jadeando por aire en la oscuridad.Me giré de un lado, luego de espaldas, luego me encogí en un ovillo apretado. Las sábanas estaban húmedas de sudor y el plazo de una semana que Kyle me había lanzado se me había instalado en el pecho como una piedra.Un matrimonio forzado. Todo lo que acababa de arriesgar derrumbándose antes siquiera de poder empezar.Nyx iba de un lado a otro dentro de mí, con gruñidos bajos que me vibraban en los huesos.—Ya morimos una vez. No vamos a repetirlo.—Lo sé… lo sé —susurré a la oscuridad.Por fin me incorporé, con la frente perlada de sudor, respirando con dificultad. El reloj digital de la mesilla brillaba a la
Punto de vista de Emma—Creo que aquí ha habido algún malentendido. —La voz de Kyle cortó el silencio atónito de la sala.Forzó una risa tensa, intentando hacer creer a la gente que todo seguía yendo bien.—Mi prometida ha estado bajo mucho estrés. La organización de la boda, las responsabilidades de la manada… Lleva unos días regular. Por eso está diciendo tonterías.Alargó la mano hacia mi hombro, pero yo aparté el brazo con tanta fuerza que sus dedos se cerraron en el aire vacío.—Quítame la mano de encima. —Las palabras salieron más cortantes de lo que esperaba. Los invitados se removieron en sus asientos. Ya había varios teléfonos levantados, grabando.La sonrisa de Kyle flaqueó y se le abrieron los ojos.—¿Esto es alguna clase de broma, Emma?—No. —Mantuve la voz firme aunque el pulso me iba a mil—. No es ninguna broma. Me caso con el Alfa Noah.Algo feo le cruzó la cara. Dio media vuelta sobre los talones y bajó a zancadas los peldaños del estrado, directo hacia el borde de la
Punto de vista de Emma—Emma… Emma…La voz llegó hasta mí desde algún lugar lejano, suave y distorsionada, como si viajara a través del agua. Intenté responder, pero la garganta no me respondía.Todo se sentía distante.—Emma. —La voz volvió a llamarme, más fuerte esta vez.Abrí los ojos de golpe.Me incorporé con un jadeo entrecortado, las manos volando hacia el cuello. Los dedos recorrieron la piel a toda prisa, buscando los moretones, el corte, la presión aplastante que me había robado el último aliento solo unos segundos atrás.No había nada. Ni marca de garras, ni sangre, ni rastro alguno.Miré mis manos como si pertenecieran a otra persona.¿Estoy muerta?¿Es este el más allá?La idea me golpeó con tanta fuerza que se me cortó la respiración. El pulso me retumbaba en los oídos mientras miraba a mi alrededor con los ojos muy abiertos.Paredes de un crema suave, espejos altos, percheros llenos de tela blanca y el aroma a rosas y perfume caro. Aquello no era la casa del bosque dond
Punto de vista de Emma—Sí… así, justo así.Los gemidos amortiguados se filtraban por el pasillo y me provocaron un escalofrío que me recorrió toda la espalda.El corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas cuando un olor familiar me golpeó de lleno.Lo habría reconocido en cualquier parte.Mi compañero.Me quedé paralizada en el porche de aquella casita perdida en el bosque, con una mano todavía levantada para llamar.Empujé la puerta sin hacer ruido y el estómago se me desplomó todavía más.Kyle y Chloe estaban en la cama. Mi marido tenía a mi hermana debajo de él, las piernas de ella rodeándole la cintura, las uñas clavadas en su espalda mientras él se hundía en ella una y otra vez.Durante un segundo no pude moverme. No pude respirar. El mundo simplemente… se detuvo.Los ojos de Chloe se abrieron y se clavaron en los míos. Gritó como si hubiera visto un fantasma.Kyle se incorporó de golpe tan deprisa que casi se cae de la cama. Se le puso la cara blanca al verme de pie en







