LOGINAl enterarse de que Bruno Muñoz, su primer amor, había muerto, mi esposa de mi vida anterior, con quien estaba de luna de miel a bordo de un crucero, se lanzó por la borda y se quitó la vida. Fue entonces cuando entendí que ella nunca había logrado olvidar a Bruno. Cuando volví a nuestros años de juventud, ella me soltó la mano sin dudarlo y caminó directo hacia Bruno. Los vi alejarse y luego me di la vuelta. Desde ese momento, nuestras vidas serían como dos líneas paralelas que jamás volverían a cruzarse. Diez años después, nos reencontramos en una recepción en San Camilo. Ella ya se había convertido en una figura emergente de la alta sociedad y apareció del brazo de Bruno, mostrándose muy cariñosa con él. Al verme entrar a la recepción buscando a alguien, no pudo evitar soltarme: —¿Por qué sigues tan aferrado a mí? Aunque lleves diez años esperándome, jamás voy a enamorarme de ti. No le hice caso. Solo fui a un rincón y saqué de ahí a mi hijo, que estaba comiéndose a escondidas un pedazo de pastel. De pronto, a Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas y me tomó la mano con fuerza. —Lo haces para provocarme, ¿verdad? ¿No dijiste que en esta vida solo me amarías a mí?
View MoreDespués de eso, Ximena no volvió a mencionar el pasado.Por su parte, Laura me preguntó varias veces sobre ella. Se notaba que mi exnovia le inquietaba bastante.Laura siempre había sido celosa, así que le conté lo del encuentro en el parque. Después de tranquilizarla durante un buen rato, por fin dejamos el asunto atrás.Aun después de aquel encuentro en el parque, Ximena siguió con Bruno. Meses después, me enteré de que su empresa había quebrado.Solo entonces supe que Bruno le había ocultado que se había vuelto adicto a las apuestas.Bruno siempre había sido un tipo problemático. Antes ya estaba metido en todo tipo de vicios, y cuando tuvo dinero, se volvió todavía más desenfrenado.Ximena solía consentirlo demasiado. Incluso, a petición de él, le dejó manejar las finanzas de la empresa.Y en cuanto lo hizo, empezó el desastre.Desde hacía tiempo, alguien ya tenía en la mira a ese hombre ingenuo, ambicioso y corto de miras, y le tendió una trampa a la medida.Después de aquella pele
Pensé que aquella recepción sería el último encuentro entre Ximena y yo.No esperaba volver a encontrarla en una salida para tomar fotos.Ese día, Ximena llevaba un vestido blanco. Iba sin maquillaje y se parecía mucho a la chica que había sido en la universidad.Al verme aparecer, se levantó de inmediato.—Ethan, sabía que vendrías aquí.Se mordió el labio. Tenía los ojos llenos de dolor e incertidumbre.—Es evidente que no has olvidado el pasado. Todavía me amas, ¿verdad?Di dos pasos hacia atrás por instinto y miré a mi alrededor. Solo entonces me di cuenta de que ese parque era el mismo por el que solíamos pasear antes.Ese día había ido a tomar fotos junto al lago, así que elegí ese lugar por cercanía. No esperaba que Ximena también estuviera allí.Por la forma en que estaba esperándome, parecía haber venido a propósito.Me invadió una sensación de cansancio. No entendía por qué seguía sin rendirse.—Ximena, el pasado ya pasó. No entiendo qué buscas viniendo a verme. ¿Solo quieres
Aquellas últimas palabras le cayeron a Ximena como un golpe seco y la dejaron sin poder reaccionar.Me miró aturdida, y de pronto, se le llenaron los ojos de lágrimas.—¿De verdad olvidaste todo nuestro pasado? No lo creo. Estuvimos juntos tanto tiempo. Tú me amabas tanto.El disgusto en el rostro de Laura se volvió cada vez más evidente. Soltó una risa fría.—¿Tanto tiempo? Fue solo un mes. ¿Acaso duró más que nuestro matrimonio?Yo sabía que Ximena hablaba de la vida anterior, de esos diez años en los que permanecí a su lado.Pero aunque se lo explicara a Laura, ella no lo creería.Negué con la cabeza e interrumpí a Ximena.—No es que lo haya olvidado. Es que lo dejé atrás. Ya no me importa. En esta vida, tú y yo elegimos caminos distintos. Eso demuestra que ese pasado ya no significa nada.Le devolví las mismas palabras que ella me había dicho antes.—Ximena, ¿por qué sigues aferrada? Lo nuestro ya terminó por completo hace mucho.Apenas terminé de hablar, los ojos de Ximena se enro
Le jalé la oreja y dije con tono severo:—¿Ya olvidaste lo que dijo el dentista? Tienes caries y todavía andas comiendo dulces a escondidas.Al ver que mi hijo hacía una mueca de dolor, Bruno se apresuró a acusarme.—Si quiere comer, déjalo comer. ¿Quién eres tú para controlarlo?Respondí con calma:—Soy su papá. ¿Por qué no podría ponerle límites?Solo entonces Bruno cayó en cuenta de lo que mi hijo acababa de llamarme.Se quedó sin voz, mirando una y otra vez entre mi hijo y yo.Lo solté. Mi hijo se me pegó de inmediato y puso cara de inocente para que lo perdonara.—Papá, solo comí un poquito. No me van a salir más caries.La crema que traía en la cara terminó embarrándome toda la ropa.Lo aparté con disgusto y dije de mal humor:—Cuando tu mamá se entere, no voy a defenderte si te regaña.A mi hijo se le estaban cayendo los dientes de leche y, además, le encantaban los dulces. Ya tenía varias caries.Cada vez que le dolía una muela, Laura sufría más que nadie. Pero tampoco podía re






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