تسجيل الدخولDan entró a la casa de sus padres, la casa en la cual había crecido. La ama de llaves la guio directo a la sala.
Sus padres estaban sentados en uno de los sillones y su tía estaba en el sofá individual con una taza de té en la mano. Saludó a su papá y a su tía, antes de acercarse a su mamá.
—Feliz cumpleaños, mamá —dijo Dan inclinándose un poco para abrazarla. Luego se separó y le entregó una pequeña maceta que tenía una rosa en su interior.
Su mamá amaba la jardinería, así que prefería las flores vivas a cortadas. Él, como su único hijo, no tenía ningún problema en complacerla.
—Gracias, hijo. —Ella le entregó la maceta al ama de llaves—. ¿Viniste solo? —preguntó mirando por sus costados como si de milagro alguien fuera a aparecer junto a él.
—James llegará dentro de poco.
Su madre le lanzó una mirada amenazante y presintió lo que se venía.
—No intentes pasarte de listo conmigo, muchachito. Podrás dirigir una empresa, pero todavía puedo darte una paliza.
Dan no mencionó el hecho de que su madre nunca le había puesto una mano encima mientras crecía y que dudaba que lo fuera a hacer ahora.
—Mamá, tu siempre recalcas que solo quieres a miembros de la familia en tus cumpleaños.
—Por eso mismo, si te comprometieras con alguien ya sería parte de esta familia. Debes buscar una mujer con la cual sentar cabeza. No me estoy haciendo más joven, necesito algunos nietos a los que engreír antes de que el día de mi muerte llegue.
Su tía se puso de parte de su madre de inmediato y habló de como los jóvenes de ahora no reconocían la importancia de muchas cosas. Escuchó en silencio porque había aprendido desde muy joven que en algunas situaciones era mejor no decir nada.
Ignoró deliberadamente cuando le dijeron que podían presentarle a las hijas de algunas conocidas.
No entendía por qué tanto alboroto. Por la forma que hablaban parecía que estaba cerca de cumplir 50 años y no 34. Aún tenía tiempo antes de decidir atarse a alguien de por vida porque sabía que en algún momento tendría que hacerlo, pero no iba hacerlo con la primera mujer que se cruzara en su camino.
Desvió su mirada hacia su padre; que, por la sonrisa en su rostro, parecía estarla pasando más que bien a costa suya.
«Traidor», pensó.
Dejando a ambas mujeres seguir discutiendo sobre el desastre de su vida amorosa empezó a conversar con su papá.
—Gracias por tu ayuda —murmuró.
Él alzó las manos al aire.
—Un hombre sabe a qué guerras enfrentarse. Además, tienen razón y sabes lo que pienso al respecto. —Su padre no dijo más sobre el tema—. ¿Dónde está James?
—En camino, tenía que terminar algunas cosas.
—¿Cómo le está yendo en el trabajo? Lo he visto apenas un par de veces y siempre parecía muy ocupado. Se veía diferente, casi como el antiguo James.
Dan también pensaba lo mismo. En eso días James ya no salía con la misma frecuencia y controlaba mejor sus gastos. Además, estaba siempre puntual en el trabajo y no se quejaba cuando le ordenaba algo.
—Lo sé, espero que continué por ese camino. La señorita Rogers ha logrado grandes cosas en poco tiempo.
Su padre sonrió.
—La conocí, es una mujer muy interesante e inteligente.
Se mantuvo impasible antes el comentario de su padre. Aunque su madre y su tía parecían sumergidas en su propia conversación, nunca se sabía con certeza. Además, su padre también podía ser muy perspicaz.
—Sí, lo es.
—¡Familia! ¡Ya llegué! —El grito de James llegó mucho antes de que él apareciera frente a ellos. Al igual que él, se había cambiado su ropa de trabajo.
Él caminó directo hasta su madre y la alzó antes de hacerla girar por los aires un par de veces, mientras su madre solo sonreía acostumbrada a las locuras de su sobrino.
—¡Feliz cumpleaños tía!
—Te aconsejo que pongas a mi esposa en el suelo, muchacho —advirtió su padre, aunque tenía una expresión divertida.
James saludó al resto de personas y luego pasaron al comedor.
—¿He escuchado que te está yendo muy bien el trabajo? —preguntó su madre a James mientras cenaban.
—Podrías decir eso. Mi jefa es estricta y seguro que no aguanta ninguna estupidez. —Él empezó a relatarles todo lo que tenía que hacer. Cada vez que él mencionaba a Skylar se notaba una inflexión en su voz y un cambio en sus facciones.
Dan lo identificó de inmediato como admiración, acompañado de algo más.
La cena continuó en una amena charla y se aseguró de intervenir cada vez que le hacían una pregunta o para acotar algo cuando había pasado demasiado tiempo en silencio, pero en realidad estaba demasiado sumido en sus pensamientos. El interés de James hacia Skylar no le gustaba ni un poco.
Después de la cena llegó la hora de los regalos. Él le dio una pulsera de diamantes a su madre que ella agradeció, pero sutilmente le dijo que le gustaría una nuera de regalo para los próximos cumpleaños. Estaba claro que no iban a dejar el tema.
Él último en entregar su presente fue su padre.
—Oh, cariño, esto es increíble.
—Creí que te gustaría un par de semanas lejos de esto.
Dan estaba al tanto de todo y ya estaba preparado para hacerse con toda la responsabilidad de la empresa familiar mientras su padre estuviera fuera. No era la primera vez que lo hacía y sabía que todo estaría bien.
—Eso suena espectacular.
Sus padres compartieron un corto beso. Sin importar el tiempo ellos seguían tan unidos como siempre.
Dejó de observarlos cuando su celular vibró en su bolsillo. Se disculpó de todos antes de salir a contestar.
—¿Buenas noches? —preguntó.
El identificador había mostrado que el número era desconocido.
—¿Señor Harris?
—Sí, ¿con quién hablo?
—Buenas noches. Soy Lily Scott, amiga de Skylar. Disculpe por llamarlo tan tarde, es solo que no sabía con quién más contactarme. —La voz de la mujer denotaba preocupación—. ¿Quería saber si ella está con usted? Se supone que ella y yo nos veríamos esta noche, pero no llegó. La llamé al celular y a su oficina, pero no pude contactarla.
—No, la dejé en la oficina, pero le dije que se retirara tan pronto acabara. ¿Está segura de que no está en casa? —preguntó con calma.
—Sí.
Algo malo estaba pasando y lo podía presentir.
—Hagamos algo búsquela en los lugares en los que cree que podría estar. Yo haré mis propias averiguaciones y nos mantendremos en contacto.
Regresó apresurado a la sala y tomó su abrigo.
—Me temo que voy a tener que retirarme.
—¿Todo va bien? —preguntó su madre perspicaz como siempre.
—Surgió algo en la oficina. James, ¿podemos hablar un rato?
Él asintió y lo siguió a la salida.
—¿Qué sucede?
—¿Skylar se quedó en la oficina?
—No, ambos salimos juntos. Ella iba a ir a ver una amiga. —Al parecer él estaba bien informado sobre la vida de Skylar—. ¿Por qué?
Dan lo miró decidiendo si decirle la verdad o no. Al final se declinó por la segunda opción.
—Solo pienso que voy a necesitar su ayuda.
—Puede ayudarte yo.
—No es necesario. Nos vemos en el trabajo.
Su primo asintió para nada convencido.
No había tiempo que perder, fue por su auto y se subió detrás del volante sin saber muy bien a donde dirigirse. Ya sabía que Skylar no estaba en la empresa, pero había miles de posibilidades de donde podía estar.
—¡Maldición! —Golpeó el timón—. ¿Dónde estás, tigresa?
Arrancó mientras trataba de pensar en algún lugar en específico, pero por algunos minutos nada se le vino a la mente. Entonces recordó el club y lo que Skylar había ido hacer allí cuando apenas la conocía. Podía estar equivocado, pero era que estar manejando sin rumbo.
Condujo como loco apenas respetando los límites de velocidad. Si ellos se la habían llevado, era muy probable que estuviera en peligro. Dan sabía muy poco de las personas que manejaban el club, pero personas que subastan la virginidad de mujeres no debían de ser un de la mejor clase.
En cuanto estacionó el carro frente al lugar buscó la tarjeta en la guantera de su auto esperando que la tarjeta de acceso estuviera allí. Unos segundos después la encontró y se dirigió al ingreso.
Adentro los pasillos estaban en silencio, pero llegaba ruido del salón principal. Apenas cruzó las puertas recorrió con la mirada el lugar para encontrar a Laurie. Ella estaba acompañada de un par de hombres cerca del bar.
Sin molestarse en pedir permiso a las personas a su paso e ignorando a todo aquel que intentó acercársele, cruzó el salón. Cuando ella miró en su dirección vio un momento de vacilación, apenas duró un fragmento de segundo, pero era el suficiente para estar seguro de que sus sospechas eran ciertas.
Laurie se alejó del grupo y se reunió con él.
—Señor Harris. Es un honor tenerlo en nuestro evento mensual. —No estaba de humor para esas tonteras.
—¿Dónde está ella?
—Hay varias mujeres aquí, seguro que encontrará a la que está buscando.
Su falsa sonrisa le resultó desagradable.
—Déjese de rodeos y dígame donde esta Skylar.
—No sabía que ella era importante para usted. —Ella parecía no darse cuenta del peligro al que se enfrentaba, pero pronto iba a entender porque el mundo creía que era un verdadero despiadado.
—Eso no es de su incumbencia.
—De todas formas, podrá subastar al igual que el resto. Ella es una de las más esperadas, muchos quedaron decepcionados cuando no se presentó la última vez.
—Entonces usted la tomó.
—No fue así, ella vino por su cuenta.
Dan estaba seguro de que esa era una mentira. Aunque Laurie era muy buena fingiendo, conocía bien la clase que era persona Skylar. Había deducido con facilidad que había sido suficiente golpe a su orgullo tener que recurrir a ese lugar la primera vez como para repetirlo.
—No se hunda más, a menos que quiera que su negocio se vaya a la quiebra. —Se inclinó para susurrarle al oído—. Una sola palabra mía y la mitad de hombres desaparecerá antes de que se dé cuenta. No lo volveré a preguntar ¿dónde está ella?
Ella dudó, pero todavía no dijo nada.
—Como usted quiera —musitó con total frialdad pasando por su costado decidido a hablar con algunas personas.
La mujer la sujetó por el brazo.
—Está bien. Sígame.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







