FAZER LOGINSkylar miró más allá de los enormes ventanales. El río Yarra se podía ver su posición, así como muchas otras de las edificaciones que los rodeaban. Estaba en uno de los edificios más altos de la Melbourne, uno de los Hoteles Harris.
Dan le había propuesto matrimonio hace diez meses y, por fin, dos días atrás se habían casado. Skylar había querido acabar sus prácticas primero y Dan había respetado su decisión.
Su boda había sido en una ceremonia bastante elegante. Su suegra había insistido en que merecía lo mejor de lo mejor y su, ahora, esposo había estado de acuerdo con ella.
Es así como había obtenido una boda de ensueño que había quedado en registrado en fotos que siempre le recordarían ese hermoso día.
Melbourne era un lugar hermoso y cálido. Apenas habían aterrizado ese día en la tarde, así que no habían tenido tiempo de explorar nada, pero había obtenido un vistazo mientras se dirigían del aeropuerto al hotel.
Sintió la presencia de Dan detrás de ella mucho antes de que hablara. Un ligero escalofrío recorrió su cuerpo y su corazón se aceleró.
—No me gusto despertarme y no encontrar a mi esposa a mi lado —se quejó él. Envolvió sus brazos en su cintura y apoyó el mentón sobre su hombro.
—No podía dormir, aun no me acostumbro al cambio de horario.
—Seguro puedo encontrar la manera de cansarte —susurró Dan en su oído y de improvisto la alzó en brazos.
Soltó un grito de sorpresa y se aferró a su nuca.
Dan tenía una sonrisa de lado y cuando sus ojos se encontraron él le dio un guiño.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó en tono juguetón.
—Déjame demostrártelo —respondió Dan antes de ponerla sobre la cama.
Sus ojos se deslizaron por su cuerpo. Él tenía el torso desnudo y abajo solo llevaba su bóxer.
Dan apoyó los manos a los costados de ella y se inclinó a besarla.
Soltó un gemido cuando sus labios se tocaron. Él podía llevarla a la cima de la necesidad con apenas algunas caricias.
Sin dejar de besarla, Dan bajó una de sus manos al nudo de su bata de seda y lo desató. Luego subió su mano acariciándola desde su abdomen hasta sus senos. Tomó uno de ellos en su mano y le dio un apretó.
Se soltó de sus labios con la respiración agitada e inclinó la cabeza hacia atrás mientras un gemido abandonaba su boca.
Dan bajó su boca hasta su seno y le dio lametazos. Su boca era cálida y húmeda. Después de un rato cambió a su otro seno.
Se aferró con ambas manos a su cabeza, sus dedos se enredaron en su cabello y lo incitó a continuar.
Dan levantó la cabeza y le dio una sonrisa de suficiencia.
—¿Crees que ya estás lo suficientemente cansada? —preguntó él.
—Para nada.
Los ojos de Dan brillaron con malicia antes de deslizarse hacia abajo y sumergirse entre sus piernas. Un grito ahogado salió ante su contacto y se aferró con fuerza a las sábanas.
Él jugó con todas sus resistencias. Sus caricias eran lentas sin importar cuanto ella suplicará por más. Intentó mover las caderas, pero él la sujetó con fuerza y la miró con una ceja arqueada.
—Alguien está impaciente —bromeó Dan.
Abrió la boca para pedirle que dejara de torturarla, pero las palabras murieron en su garganta cunado él regresó entre en sus piernas y esta vez fue implacable. Unos segundos después se corrió y soltó un grito que arañó su garganta al salir.
Se le hizo imposible mantener los ojos abiertos y a sus oídos solo llegaba el bombeo de su propio corazón.
Cuando volvió en sí, Dan estaba frente a ella mirándola con satisfacción.
—¿Y ahora? —preguntó el.
Lo miró extrañada sin saber a qué se refería.
—¿Ya estás cansada? —aclaró él al ver su confusión.
Negó con la cabeza incapaz de articular alguna palabra, apenas estaba recuperando el aliento.
—No podemos permitir eso. —Dan parecía estar en una misión de suma importancia—. No quiero que dejes la cama hasta mucho después de que el sol haya salido. —La tomó de las piernas y las colocó en su cadera. Alineó su miembro con ella y levantó una mano para acunar su mejilla—. Te amo.
Nunca se cansaría de escucharlo decir ese par de palabras con tanta devoción.
—Yo también te amo.
Dan junto su frente con la suya.
—¿Estás lista?
—Siempre. —Se abrazó a su cuerpo.
—Respuesta correcta —dijo él y la embistió de una estocada.
Los dos gimieron cuando él estuvo profundo dentro de ella. Skylar clavó las uñas en su espalda tratando de encontrar un escape al placer que sentía.
Dan se quedó quieto mientras depositaba besos por todo su rostro.
Habían compartido la misma conexión tantas veces, pero cada una se sentía diferente y especial, más ahora que estaban casados.
Él se aferró a las sábanas debajo de ella y comenzó a mover sus caderas con ímpetu.
En medio de la niebla causada por la lujuria, se las arregló para observar sus rasgos. Él tenía la mandíbula tensa, un rastro de sudor perlaba su frente y sus ojos estaban opacados por el deseo.
Entre gemidos y suspiros ambos se susurraron palabras de amor y devoción.
Los movimientos de Dan se volvieron salvajes y fuera de control.
Se aferró con más fuerza a él mientras se sentía cada vez más cerca del abismo. Un creciente placer recorría sus venas y sabía que pronto este estallaría en un orgasmo.
—Dan.
—Skylar —gimieron ambos al mismo tiempo segundos antes de llegar al clímax.
Ninguno de los dos se molestó en ser silencioso.
Skylar sintió que su alma era arrancada de su cuerpo y tocaba el cielo.
Después de algún tiempo, Dan cayó a su costado con la respiración aun agitada y la atrajo hacia su pecho.
—Eso fue increíble —declaró él.
Depositó un beso en su pecho.
—Lo sé.
Los dos se quedaron en silencio por tanto tiempo que creyó que Dan se había quedado dormido.
—¿Cómo crees que esté J.D.? —preguntó él.
—Disfrutando de tener a todo el mundo pendiente de lo que quiera. —Soltó un suspiro—. Lo extraño.
—Yo también.
Era la primera vez que estarían separados de él por tanto tiempo.
Estarían en Australia por una semana y luego regresarían a casa. Dan le había dicho que había rentado la misma cabaña a la que habían ido en el pasado para las siguientes tres semanas restantes de su luna de miel.
Estaba bien con ese plan. Quería algo de privacidad, pero no quería estar demasiado tiempo lejos de su hijo.
Soltó un bostezo y se acomodó antes de quedarse dormida.
Cuando despertó más tarde, el sol ya había salido e iluminaba la habitación del hotel.
Estaba recostada boca abajo en uno de los extremos de la cama. Giró el rostro para ver a Dan, pero el espacio a su lado estaba vacío.
Estaba por levantarse para ir a buscarlo cuando él salió del baño.
—Buenos días, dormilona. —Dan se acercó a su lado y se sentó sobre la cama, luego se gachó para depositar un beso en la espalda—. Te ves estupenda esta mañana.
—¿Qué hora es? —preguntó.
—Las diez de la mañana.
—¿Tan tarde? —Se sentó de golpe.
Dan deslizó sus ojos hacia abajo y le dio una sonrisa lasciva.
Levantó la sábana al recordar que estaba desnuda.
—Ojos arriba, muchacho.
Él soltó una carcajada.
—Ordené el desayuno hace un rato, no debe tardar en llegar.
—Deberíamos llamar a casa y ver cómo está J.D.
—Está bien.
Skylar se levantó y se dirigió al baño para tomar una ducha. Al terminar se envolvió en un albornoz y salió.
Dan la llevó hasta la mesa donde el desayuno los esperaba, después tomó su tableta y marcó el número de su madre.
La imagen de su suegra con J.D. en brazos apareció en la pantalla y sonrió. Su hijo, al verlos, comenzó a dar brincos en brazos de su abuela. Él empezó a repetir “mamá” y “papá” una y otra vez mientras aplaudía.
—Hola, mamá —saludó Dan.
—Hola, Caroline —dijo ella después.
—Hola, hijos. ¿Cómo están?
—Todo bien —respondió—. ¿Cómo se está portando J.D.?
—Él es una dulzura, no tienen que preocuparse.
Dan y ella hablaron su hijo y lo escucharon balbucear en respuesta. Ninguno tenía idea de que decía, pero actuaron como si lo hicieran. Su hijo estaba bastante emocionado y ellos adoraban verlo así.
Caroline le hizo preguntas sobre el lugar y los planes que tenían.
Cuando terminaron la llamada, Dan se acercó para robarle un beso.
—Te amo —musitó él sobre sus labios.
Era feliz.
Tenía un marido que disfrutaba irritándola tanto como disfrutaba haciéndole el amor y un hijo por quién daría la vida de ser necesario. Había recorrido un largo camino hasta ese momento y había tenido que superar mucho dolor, pero no se arrepentía de nada.
Su vida juntos apenas estaba comenzando y era difícil saber lo que tenía deparado el futuro para ellos, pero no podía esperar para descubrirlo.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







