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Penulis: Hallell
last update Tanggal publikasi: 2026-09-10 01:09:08

Raquel se había comportado de forma tan extraña en los últimos días que Diego no pudo evitar sospechar que le ocultaba algo.

La criada palideció ante el tono de Diego.

—Señor Reyes, ¿busca ese informe?

—Lo siento; el informe ya se ha tirado.

Diego frunció el ceño.

—¿Qué ha dicho?

Asustada por su semblante sombrío, la criada estuvo a punto de llorar y se apresuró a explicarse:

—Perdóneme, señor Reyes, no fue mi intención. El papel estaba tan destrozado que no le di importancia y simplemente…

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  • SEÑOR REYES, LLEGA SEIS AÑOS TARDE   7

    Raquel se dio cuenta de que había hablado de más.Ante la mirada inquisitiva de Diego se sintió un tanto perdida.—¿Tienes a alguien que te guste? ¿Por qué no me lo has dicho nunca? —insistió él sin tregua.—Me he expresado mal, no malinterpretes —lo apartó Raquel, eludiendo aquella mirada intensa.—¿Quién es ese tipo? —Diego, sin embargo, no la soltó y la acosó a preguntas. Ni él mismo percibió la urgencia que teñía su tono.Raquel se recobró y dijo con calma:—De todos modos, esa persona no serás tú.Puesto que Diego no la quería, era mejor enterrar sus sentimientos en lo más hondo. Así, al menos, no se sentiría demasiado avergonzada ante él.Al oírlo, Diego frunció el ceño con fuerza y su expresión se volvió terriblemente sombría.—Entonces, ¿qué hay de ese informe? —su tono se enfrió. Escuchar que ella no lo querría le oprimió el pecho, aunque no supiera por qué.Raquel, rendida ante su insistencia, solo pudo decir:—No sé de qué informe hablas. ¿Es de la empresa o de otra cosa?—

  • SEÑOR REYES, LLEGA SEIS AÑOS TARDE   6

    Raquel se había comportado de forma tan extraña en los últimos días que Diego no pudo evitar sospechar que le ocultaba algo.La criada palideció ante el tono de Diego.—Señor Reyes, ¿busca ese informe?—Lo siento; el informe ya se ha tirado.Diego frunció el ceño.—¿Qué ha dicho?Asustada por su semblante sombrío, la criada estuvo a punto de llorar y se apresuró a explicarse:—Perdóneme, señor Reyes, no fue mi intención. El papel estaba tan destrozado que no le di importancia y simplemente…Sus palabras solo hicieron que el ceño de Diego se profundizara. Sabía que algo no iba bien con Raquel.El mayordomo, inquieto, intervino:—Señor Reyes, ¿podría ser que la señora Reyes se encuentre mal?Diego le entregó las llaves del coche y el abrigo.—Subo.En la habitación, Raquel estaba a punto de descansar cuando sonó el teléfono. Era el secretario adjunto del Grupo Campos, que le hablaba del proyecto reciente. Al no haber acudido a la oficina el día anterior, el asunto seguía pendiente.Al c

  • SEÑOR REYES, LLEGA SEIS AÑOS TARDE   5

    El corazón de Raquel estaba en conflicto.Diego era el padre del niño; merecía saber que existía. Pero… el miedo la paralizaba. Temía que, al revelarle la verdad, él la obligara con esa frialdad tan suya a interrumpir el embarazo. Los últimos días había soñado una y otra vez, y las imágenes de aquellos sueños la despertaban empapada en un sudor frío.—Desde ayer te veo extraña —suspiró Diego—. Estás enferma y, aun así, no tomas la medicina ni aceptas las inyecciones. Si te ocurre algo, puedes decírmelo.Raquel buscaba las palabras cuando entró la sirvienta con la comida, ofreciéndole una salida. Como aún se encontraba mal, le habían preparado algo ligero. Comió apenas unos bocados y apartó el cuenco. La sirvienta se acercó de inmediato a recogerlo.Diego la observaba desde un lado, los labios finos apretados en una línea tensa. No sabía si era imaginación suya, pero algo en Raquel no encajaba.Cuanto más lo pensaba, más inquieto se sentía. De pronto le faltó el aire en la habitación y

  • SEÑOR REYES, LLEGA SEIS AÑOS TARDE   4

    Un destello de veneno puro cruzó los ojos de Inés antes de que la fachada dulce volviera a encajar. Durante medio segundo, la dulzura de Inés le falló.La mirada que le cruzó el rostro no era preocupación. Era posesión interrumpida.Luego la sonrisa volvió a su sitio.Raquel se sentó aunque la habitación se inclinara.—No te preocupes —dijo, antes de que Inés pudiera terminar de reescribir el momento—. Puedes quedártelo todo para ti. De verdad que ya no me importa.Antes de que se fueran, Ramiro había intentado recetarle a Raquel una ronda de antibióticos. Pese a su negativa vehemente, al final miró a Inés y suspiró:—Tu amiga de verdad debería tomarse la medicina si puede.El trayecto de vuelta a la finca Reyes transcurrió en silencio. En el instante en que el coche se detuvo en el camino de entrada, Raquel forzó la puerta, desesperada por subir y desplomarse. Pero cuando los pies tocaron el pavimento, las rodillas se le doblaron. Se inclinó hacia delante y solo la detuvo un brazo fu

  • SEÑOR REYES, LLEGA SEIS AÑOS TARDE   3

    Así que pensaba que ella solo estaba siendo dramática.Raquel lo miró fijamente. Un resoplido amargo le burbujeó en el pecho. Ella no se parecía en nada a su preciosa Inés. Desde luego no tenía la paciencia infinita y santurrona que poseía aquella mujer.—Desde luego no soy tan comprensiva como tu Inés —soltó de golpe.Las palabras quedaron colgando en el aire antes de que pudiera recogerlas. La expresión de Diego cambió. Un destello de auténtica sorpresa le cruzó las facciones.El corazón de Raquel martilleó. ¿Qué acabo de decir?El arrepentimiento le subió, caliente y afilado, pero antes de que pudiera retractarse, Diego alargó la mano. Los dedos le sujetaron la barbilla y le inclinaron el rostro hacia el suyo. Los ojos oscuros estaban afilados, escrutando.—¿Estás celosa de ella?La ceja de Raquel se contrajo.—¿Qué tonterías estás diciendo?Alzó la mano para apartarle la de él. Un rubor súbito e inexplicable de culpa le calentó las mejillas. Pero los músculos debilitados por la fi

  • SEÑOR REYES, LLEGA SEIS AÑOS TARDE   2

    —¡Raquel! Estás aquí.Inés estaba sentada en el escritorio de Diego como si le perteneciera.En dos años de matrimonio, Raquel nunca se había atrevido a apoyarse en aquella caoba pulida, y sin embargo Inés se tendía sobre él con la facilidad de una mujer a la que nunca le habían dicho que no.Inés se deslizó hacia abajo, cruzó la habitación y envolvió a Raquel en un abrazo brillante y sin esfuerzo.Raquel se quedó congelada, todo el cuerpo rígido. Por encima del hombro de Inés, su mirada chocó directamente con la de Diego.Él estaba recostado contra el borde del escritorio, observándolas en silencio. Los ojos oscuros no delataban nada, completamente ilegibles, como si sus pensamientos estuvieran encerrados detrás de una puerta a la que ella nunca tendría la llave.—Diego me lo ha contado todo —dijo Inés, apartándose con una preocupación genuina que le suavizaba las facciones—. Has pasado por tanto últimamente. Si alguna vez necesitas algo, lo que sea, no dudes en pedírmelo.Raquel se

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