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Capítulo 11

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-09-22 23:41:44

Cuando despertó, pensó que había pasado toda la noche tirado en el suelo, con el cuerpo entumecido y varios tipos de dolores. Se renunció a abandonar la cómoda oscuridad, sabía que si abría los ojos le dolería el cuerpo, y ya estaba harto de estar siempre con el cuerpo adolorido, trató de buscar su almohada, pero no la encontró, así que se quedó quieto. Le pareció que llevaba años dormido, y supuso que tenía miles de llamadas perdidas de Jhon, estaría furioso. ”Cada segundo vale oro, literalmente” recordó sus palabras y su voz exasperantemente calmada.

Abrió los ojos de golpe cuando sintió el motor de un auto encenderse, y se halló aun tirado en el suelo, por un segundo se preguntó dónde estaba, qué hacía ahí, y quienes eran todas esas personas que lo miraban sin ayudarlo, ¿por qué no lo ayudaban? Estaba en el suelo y no lo socorrían. Trató de incorporarse, pero los brazos le temblaban y casi se cae de bruces. La camioneta negra pasó por su lado, rodeándolo, y se encaminó calle arriba, dejándolo atrás. Recordó todo de golpe y un impulso de adrenalina lo ayudó a ponerse de pie, sintió una ráfaga de agua caliente que le escurrió por la espalda. Miró alrededor, buscando quien podía ayudarlo, pero desistió casi de inmediato, nadie lo ayudaría.

Comenzó a avanzar detrás de la camioneta, que ya iba a unos cien metros de él, y cuando recuperó un poco el equilibrio, comenzó a trotar tras ella, pero sabía que no podría alcanzarla, así que después de un par de tortuosos minutos dobló la esquina, hacia el hospital. El corazón le latía con tanta fuerza que lo sentía atronador en los oído, y no le permitía escuchar más que sus pasos sobre el pavimento. Varias personas se quedaban petrificadas al verlo, pero él solo tenía espacio en su cabeza para dar un paso tras de otro. Cuando alcanzó a vislumbrar el hospital, se preguntó si su primo lo golpearía por dejar que se llevaran a su hijo, si fuera así, se lo merecía.

Empujó la puerta principal y de una vez encontró a Axel, que estaba junto a Samuel en medio pasillo y miraban algo en una tabla, ambos lo miraron en cuanto entró, y el enfermero dejó caer la tabla que tenía en las manos y corrió tras Axel hasta alcanzarlo. Su primo lo tomó por los hombros y lo comprobó con la mirada, con una cara de horror.

—Ga… Gabriel ¿qué te pasó? —trató de hablar, pero tenía la garganta seca. Samuel lo rodeó y sintió las manos del enfermero tantearle la cabeza.

—Es profunda, necesita por lo menos siete u ocho puntos —su voz sonaba alterada y estresada, pero Gabriel no entendió muy bien lo que dijo.

— Tomás — alcanzó a susurrar, el rostro de su primo se transformó de una manera que a Gabriel le provocaría pesadilla por toda la vida — se… — respiró profundo y tembloroso —se lo llevaron en un… camioneta negra  — la cara de Axel dejó de ser de preocupación, y la rabia apareció en sus ojos claros.

—Quedate con él, Samuel — le dijo al hombre que hurgaba en su cabeza, su voz era extrañamente tranquila, y le erizó todos los vellos del cuerpo. Luego abandonó el hospital con paso decidido.

— Traeré vendas, quedate aquí, no te muevas — Samuel salió del pasillo corriendo y Gabriel se quedó ahí, con el corazón aun retumbándole en los oídos. Se habían llevado a Tomás bajo su responsabilidad, no podía quedarse ahí, sin hacer nada. Dio media vuelta y salió por la puerta tras su primo.

Muchas personas se habían amontonado en las calles, seguro la noticia del secuestro de tomás se había extendido como fuego en pólvora, pero no le importó, siguió corriendo hasta que llegó a la tienda, su tía estaba tras el mostrador, estaba llorando e Iran trataba de calmarla, cuando lo vieron, pusieron la misma cara de terror que Axel y Samuel, pero no tuvo tiempo de decirles nada, ya que su primo emergió de las escaleras en forma de caracol, llegó a la tienda y salió a la calle, luego se subió en un mototaxi que había ahí. Gabriel se lanzó al vehículo de tres ruedas sin preguntar, seguro de que tendría que pelear con Axel para que lo dejara ir, pero su primo ni siquiera reparó en su presencia. El moto taxi arrancó, el conductor era un chico alto y delgado de cabello negro.

— Llevame al palacio — anunció su primo. El hombre frenó el moto taxi de repente, y Gabriel casi sale volando por la puerta.

—¿Qué? No — chilló, pero Axel gritó con fuerza.

—¡Que me lleves ahora¡  yo respondo — el motor arrancó de nuevo y siguieron por la misma ruta en la que se había ido la camioneta. El mareo de Gabriel no desistía, y el movimiento del pequeño vehículo no ayudaba. Observó un movimiento a su lado, su primo sostenía una pequeña mochila de la que sacó una pistola. Gabriel sintió frio en su estómago, y Axel solo se limitó a sacar un puñado de balas de la misma mochila, y comenzó a llenar el cargador. Gabriel apartó la mirada, no podía ver el arma en la mano de su primo, era una imagen que no encajaba.

El mototaxi solo tardó un par de minutos en llegar a las afueras del pueblo, donde la carretera era destapada, y el movimiento le produjo nauseas. La carretera estaba oscura, y las luces del mototaxi era lo único que iluminaban los huecos del camino, las piedras y el rastrojo a ambos lados de la carretera. Después de un minuto más, se detuvo frente a dos puertas de reja, Axel metió el cargador en la pistola y jaló la parte superior, que volvió con un clic, a Gabriel le recordó a cientos de películas.

Su primo bajó del mototaxi a trompicones, y él lo siguió. Había dos hombres en la entrada, vestidos de manera similar a los hombres que lo habían atacado, y al instante en que vieron a Axel, sacaron sus armas, y Gabriel contuvo una respiración ante la inminente balacera, pero no sucedió, su primo caminó hasta la puerta y la abrió de una patada, como Silvester Stalone, y desapareció dentro. Gabriel se quedó un segundo ahí, los hombres lo miraban, al tiempo que bajaban sus armas pero parecía que no le impedirían el paso, así que siguió a su primo. La entrada conducía a un pequeño camino hecho de piedra, que terminaba frente a una enorme y ostentosa casa, a Gabriel le recordó las de las novelas mexicanas, esa casa sin dudas, debería de valer unos cientos de millones de pesos. Su primo se detuvo frente a la enorme puerta y golpeó unas cinco veces con insistencia. La puerta se abrió cuando Gabriel alcanzaba el último escalón, un hombre se asomó, y Axel inmediatamente le apuntó con la pistola en la cien, era el mismo hombre al que Gabriel había mordido. Lo empujó hacia adentro, Gabriel corrió también y entró, pero no cerró la puerta, por si tenían que salir corriendo.

La casa era enorme, perfectamente limpia y llena de objetos que Gabriel pensó serían muy caros, en el ambiente había un olor a canela que le hizo picor en la garganta.

—¿Dónde está? — preguntó Axel mientras le apuntaba al tipo, que negó con los ojos bien abiertos. Tenía un pañuelo en la mano y se apretaba el meñique —Dime donde está o te juro que te volaré los sesos aquí mismo, sabes que soy capaz — amenazó el rubio poniendo la pistola sobre la frente del hombre. Después de un momento tenso, le señaló una puerta a la izquierda, y Axel se dirigió hasta allí sin pestañear. Esta vez, Gabriel le siguió muy de cerca. Justo antes de abrir la pueta, pudo escuchar el llanto incesante de Tomás al otro lado.

La puerta de abrió con un sonoro golpe cuando Axel la pateó, definitivamente estaba dispuesto a no dejar en la mansión piedra sobre piedra con tal de recuperar a su hijo. Cuando la puerta se abrió, Gabriel tubo la vista de un comedor enorme, con una mesa de una madera muy bonita, y, al menos, doce cillas perfectamente dispuestas. Sobre la mesa había un candelabro de cristal, tan grande y ostentoso que le pareció ridículo y exagerado. Al final de la mesa, en la cabecera, estaba Tomás, sobre las piernas de una mujer blanca y con el cabello rojizo, el niño lloraba incontrolable. Ella los miró, primero a Axel, y luego hiso una mueca extraña hacia Gabriel.

—¿Qué hacéis vosotros aquí? — dijo, con una voz bonita y un acento español bastante marcado.

—Vengo por mi hijo — Contestó Axel, ella lo miró a la cara y luego a la pistola que tenía en la mano.

—Sabes que eso no es necesario —tras la mujer, recostado en la ventana que servía de pared, estaba recostado un hombre que sacó de inmediato al arma que tenía enpretinada en el pantalón. Gabriel, en medio de su mareo y desconsiento, lo reconoció, era el que tenía la cara cortada, el que había conocido en la escalera el día en que había llegado.

— Tus hombres raptaron a mi hijo y golpearon a mi primo — Casi le gritó Axel, ella se encogió de hombros, tratando de calmar a Tomás que se revolvía en sus brazos.

— Claudio se excedió un poco, lo siento, pero tu primo no está muy indefenso, casi le arrancó el dedo — Axel lo miró, era la primera vez que lo hacía desde que salió del hospital, y Gabriel vio en sus ojos una rabia profunda.

—¿Y tú qué demonios haces aquí? — Gabriel frunció el ceño ¿acaso no se había dado cuenta de que había ido con él? Estuvo a punto de protestar, diciendo algo como que todo había sido su responsabilidad, pero Axel lo ignoró y miró de nuevo a la mujer — Me llevo a mi hijo — le dijo y ella resopló, como si la conversación le pareciera muy aburrida.

—Nuestro hijo, ¿recuerdas? — contestó ella. Gabriel sintió como que se le abría la boca, así que la cerró, pero se dio cuenta de que no la había abierto en ningún momento.

—Dejó de ser tu hijo desde que lo abandonaste aquel día — la mujer blanqueó los ojos en un gesto dramático, como si tratara con un niño analfabeta que no entiende que la b sigue de la a.

— Sabéis que no podía hacerme…

— ¡Sí, si podías! — Axel elevó la voz —pero no te dio la gana, no quisiste hacerte cargo, renunciaste a todo de él, y ahora vienes y te lo llevas como si tuvieras el derecho a verlo, aunque fuera un instante.

— ¡Lo tengo! — ahora fue el turno de ella de gritar —tengo todo el derecho a pasar una noche con mi hijo — los gritos alteraron más al niño que dejó de forcejear, pero lloraba inquietantemente.

— Sobre mi cadáver — anunció, y recortó la distancia que había entre ellos. El hombre se interpuso en medio del camino.

—Tranquilo Avendaño —le dijo, poniéndole la mano en el pecho. Axel le apuntó con el arma en la cien.

—Dejame pasar, Polo —el hombre dio un paso atrás, y su primo lo rodeó. La mujer no hizo ningún esfuerzo por detener a Axel que se cernía sobre ella y tomaba delicadamente a su hijo, el niño estiró los bracitos hacia el hombre y le rodeó el cuello, tan fuerte que Gabriel temió que se lo iba a romper.

Axel caminó hasta la puerta, y antes de salir, tomó el antebrazo de Gabriel y lo arrastró, como un plomo atraído por la gravedad. Antes de abandonar el comedor, la mujer les lanzó una maldición:

—Recuerda que, si no son para mí, no serán para nadie.

La puerta de la reja del patio se cerró de un golpe empujada por la mano de Axel, caminó un par de metros, y lanzó a Gabriel dentro del mototaxi, con un poco de brusquedad. Se acomodó a su lado, y el chico arrancó el motor, dio media vuelta y emprendió el regreso al pueblo.

Gabriel miró a su primo, y lo encontró con la cara enterrada en el cuello de su hijo en un fuerte abrazo rompe costillas, el niño se había calmado y rodeaba con sus pequeños brazos la ancha espalda de su padre. Axel se separó, y Gabriel vio muchas lágrimas rodar por su rostro, un rostro amable y tierno. Juntó su frente con la del niño y Gabriel lo comprendió, todo su miedo se fue, el Axel que veía era el mismo de siempre, y el de antes… era un padre que estaba dispuesto a matar por su hijo.

—Lo siento — musitó, con un nudo en la garganta. Su primo lo miró, estiró la mano y le limpió de la cara una gruesa lagrima que resbalaba por ahí. Cuando retiró la mano Gabriel vio que toda la palma estaba manchada de sangre, ¿acaso estaba tan en sangrado?

—No es tu culpa, antes tengo que darte las gracias por haber luchado, ojalá le hubieras arrancado todo el dedo — dio una sonrisa maliciosa que de desvaneció en un instante — llevanos al hospital —le dijo al conductor y el chico aceleró cuando vio a Gabriel por el retrovisor.

Llegando al pueblo, un par de minutos después, Gabriel comenzó a sentirse terriblemente mareado, cansado y débil, la adrenalina había bajado y le comenzó a doler la cabeza profundamente, no solo por dentro, si no que la herida le punzaba con cada latido del corazón. Se miró las manos, y estaban manchadas de sangre, pálidas y rugosas. Comenzó a ver un poco oscuro, y le entró un pánico profundo.

—Axel — dijo, la voz le tembló —Ayudame — sintió la mano de su primo apretarle el hombro.

—Ya está ya llegamos — el mototaxi se detuvo, y la cara de Samuel apareció en su campo de visión, y sintió un poco de paz al verlo, aunque la cara del enfermero mostraba una preocupación extrema. 

—Niñito irresponsable — le dijo, mientras lo sostenía para ayudarlo a salir del mototaxi —¿Qué demonios está pasando aquí, Axel?

— Los hombre de Ainhoa lo golpearon por llevarse a mi hijo —respondió su primo, sus voces le causaban más dolor de cabeza. 

Los brazos del enfermero lo sacaron del vehículo, los pies le temblaron cuando tocó la firmeza del suelo, se apoyó en el hombro del hombre, pero los pies le fallaron, así que Samuel lo tomó por las piernas y lo cargó como a un niño. Entró con él al hospital lo sentó en una silla en la sala de urgencias, frente al gran espejo que servía al vigilante para ver por la esquina que separaba el corredor y la sala de urgencias, para no tener que entrar, y entonces comprendió por qué la gente ponía cara de horror cuando lo veía: toda su cara estaba cubierta de sangre y polvo, al quedarse boca abajo en la calle, la sangre que le salía de la parte de atrás de la cabeza  se había manchado la cara, la piel que lograba verse atreves del manto de sangre estaba pálida como el mármol.

Samuel le rasgó la camisa con unas tijeras y la lanzó al suelo a su lado, también estaba carmesí, como su torso.

— No, no estaba tan profunda como pensé al principio — dijo mientras le hurgaba en el pelo. Después de un minuto, apareció con una jeringa. Le inyectó varias veces anestesia alrededor de la herida y luego la lavó con solución salina, y una delicadeza que contrastaba con la fama de cada enfermero y enfermera del mundo. La operación concluyó con seis puntos.

— Bien — le dijo samuel — vamos a bañarte — a Gabriel no le gustó la idea, para nada, su primo se había ido hacía un par de minutos, con la promesa de que mandaría a su tía para que estuviera pendiente de él, pero aún no había llegado. Gabriel intentó protestar cuando Samuel lo levantó de un brazo y prácticamente lo cargó hasta el baño. El pequeño descanso le había servido para recuperar fuerzas, al menos ya no estaba mareado. Cuando llegaron al baño Samuel entró con él, apoyó la espalda de Gabriel en su pecho, para sostenerlo, y con ambas manos rodeó sus caderas para comenzar a desabrochar la correa, el botón y el cierre de el pantalón. A pesar de la debilidad, aquella escena le pareció a Gabriel tremendamente erótica y emocionante, podía sentir los pectorales del enfermero en su espalda, su aliento cálido en cuello, y la barba que le raspaba el hombro cuando él trataba de mirar si hacía bien el trabajo de desnudarlo. Cuando Gabriel sintió que le comenzó a bajar los pantalones, una ráfaga de calor en su cara y en su lo obligó a separarse.

— Yo… Yo puedo hacerlo solo, gracias — Samuel dio un paso atrás y Gabriel sintió frio al alejarse la piel del hombre, se bajó los pantalones, los sacó sin agacharse. Su ropa interior, de un color rosa claro, también estaba llena de sangre. Dudó por un segundo si debía desnudarse por completo, decidió que sí, Samuel era un enfermero, estaba acostumbrado a cosas así. Se bajó los bóxer dándole la espalda al hombre, y lo miró por encima del hombro, Samuel no había apartado la mirada, y seguía ahí, a un metro de él. Cuando intentó entrar en la ducha se tambaleó y el enfermero lo sujetó por los hombros.

—Estoy bien — le dijo mientras avanzaba un paso, soltándose. Entró en la ducha y cerró la cortina, tenía una media erección y se maldijo mentalmente por lo débil que era.

— No te vallas a estregar la cabeza o te abrirás los puntos — le dijo, Gabriel asintió con un sonido de garganta. El agua no estaba caliente, pero tampoco fría, así que le pareció perfecta, trató de limpiarse lo mejor que pudo, se metió los dedos en la herida mientras trataba de limpiarse la cabeza. Cuando salió, no encontró a Samuel, en su lugar, estaba su tía, que lo miró con cara de paz al verlo sin toda la sangre, le tendió una toalla y dio media vuelta para darle privacidad. Sobre una pequeña mesita había ropa, la tomó. Era su pijama, que constaba solo de una pantaloneta muy corta y una camisa blanca sin mangas. Se la puso la ropa interior limpia y todo lo demás, cuando salió, samuel lo esperaba con una silla al lado del corredor frente al baño, estaba con las cabeza gacla y los codos apoyados en las rodillas. Cuando los sintió llegar levantó la cabeza, lucía terriblemente agotado. Gabriel se sentó y el hombre comenzó a envolverle la cabeza con una venda, cubriéndole también toda la frente.

— ¿Pasaré la noche aquí? — le preguntó a su tía, que estaba parada aun lado, en silencio. Samuel contestó por ella.

—Si, no sabemos qué tanta sangre perdiste, así que te tendremos en observación toda la noche, el golpe en la cabeza fue fuerte también, ¿con qué te golpearon? el enfermero sonaba cansado, él también lo estaba.

—Creo que con un arma —vio de soslayo como su tía se tensaba, y Samuel solo se limitó a asentir.

Después de envolverle la cabeza lo llevaron hasta una de las pequeñísimas habitaciones que había en la parte trasera del hospital, Samuel lo dejó ahí y su tía lo ayudó a acomodarse en la cama que parecía una camilla. Gabriel trató de acomodarse, el colchón era duro y las sabanas rasposas.

— Vete a casa — le dijo a su tía — voy a estar bien — ella asintió.

— ¿Tienes hambre? — le preguntó con su voz cálida, él negó, incluso tenía nauseas. Le ayudó a acomodarse, y al salir le dio un beso en la mejilla, cuando apagó la luz, Gabriel deseó tener allí a su madre, deseó tanto tenerla ahí que se le humedecieron los ojos, se sintió solo y vacío, y tubo miedo, como hacía mucho tiempo no tenía. Apretó las sábanas y dejó escapar un largo gemido.

—¿A dónde diablos me mandaron? —se dijo en voz alta.

Se durmió casi de inmediato.

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Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
Roberto
Cual Jhon?? Acaso es un plagio??
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