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10 - PARTE II

last update 게시일: 2026-09-21 08:18:29

El motor del coche se apagó frente a un pintoresco edificio en el centro, ajeno al drama que se cocinaba dentro.

Cuando paseé por la recepción y saludé al portero ya sabía que Sophia me estaba esperando en la puerta de su apartamento, con una bata de seda y una sonrisa que era una mezcla de alivio, triunfo y dulzura artificial.

Apenas estuve cerca se lanzó a mí brazos. —¡Mi amor! —dijo en un suspiro dulce.

Me abrazó con una fuerza desesperada, pegándose a mi como si temiera que se disolviera.

Le correspondí el abrazo, cerrando los ojos. Olía a vainilla y a un perfume caro; era un aroma nuevo, ajeno a la lavanda y el aire libre que siempre olía en Bianca.

El contraste me golpeó como un recordatorio.

Separando el abrazo ligeramente, buscando sus ojos. —Por fin... se acabó.

Tomando mi rostro entre sus manos cálidas me respondió: —Sí, se acabó. Ahora solo estamos tú y yo. Entra, está helado aquí afuera.

Entramos al acogedor apartamento y la mesa de centro estaba servida con una botella de vino tinto y copas ya llenas. El ambiente era cálido, con luces bajas. Era una escena íntima, pero no podía evitar sentir que era la escenografía de una obra teatral de la que era el villano.

Nos sentamos en el sofá y Sophia me ofreció una copa.

—Brindemos... Por nuestra libertad.

Levantando la copa, pero con una mirada turbia. -¿Y por la culpa?

—¡No! Hoy no hay espacio para eso. La culpa es el invento de Bianca para controlarte. Ahora, dime. ¿Cómo ha sido? ¿Muy dramático?

—No. Ha sido... triste. Ella no merecía esto, Sophia. Nunca. Me dijo que era un irresponsable afectivo. Y tiene razón. Pero... no solo con ella. Contigo también.

Bebiendo un sorbo largo, esquivando la intensidad de mi mirada me dijo: —No digas eso. Conmigo has sido valiente. Has elegido al fin tu propia felicidad. Y la mía. Ella es fuerte, Iván. Se recuperará. Bianca siempre se recupera.

El comentario, hecho con una mezcla de seguridad y un deje casi de fastidio, se clavó en mi.

—¿Qué quieres decir con eso?

Encogiéndose de hombros, intentando sonar casual. —Nada malo. Simplemente, ella tiene esa capacidad. Es preciosa, inteligente, es una gran madre... Va a tener a la mitad de la ciudad haciendo fila para invitarla a salir en cuanto se le pase el luto. Apuesto a que rehace su vida en menos de seis meses.

La idea me golpeó con una ferocidad inesperada, agriándome el vino en la boca. Mi estómago se revolvió.

—¿Seis meses? ¿Qué dices? No... no la conoces.

Poniéndome la mano en el muslo, con una sonrisa protectora. —¿Quién no la conoce, Iván? ¿Tú, que la has dejado por mí? La conozco muy bien. Y sé que no va a perder el tiempo. Y tú tampoco deberías. ¿O crees que va a esperar por ti?

Apartando la mirada, mis ojos se llenan de una súbita humedad. —Mierda, Sophia. Siento que acabo de cometer el error más grande de mi vida. No la he dejado por ti. La he perdido por ser como soy. Tú solo eres... la consecuencia.

Retirando la mano, su rostro se tensa con un atisbo de rabia.—¡No digas eso! ¿La consecuencia? ¿Después de todo lo que arriesgamos? ¿Las mentiras, los mensajes, las noches robadas? ¡Soy tu mujer ahora, Iván! La que te escucha, la que te desea, la que te va a dar lo que ella te negaba.

Me levanto del sofá, inquieto. —Me negaba honestidad. Y yo a ella. Siento que he tirado veinte años de mi vida a la basura por un capricho tardío, un escape...

Levantándose también y acercándose a mi, envolviéndome el cuello con los brazos, Sophia me habló: —Escúchame bien. Te has equivocado con ella, sí. Porque no fuiste lo suficientemente valiente para elegirme antes. Pero ahora, no te equivoques conmigo. Mírame a los ojos.

Me besa con desespero, un beso apasionado, reclamando su atención y borrando cualquier duda.

Separando sus labios solo para susurrar. —Ella ya no existe. Solo existimos nosotros. Y esta noche es solo el principio. Vamos a celebrarlo, ¿sí? Hazme el amor y olvídate del resto. Olvídate de lo rápido que Bianca te olvidará a ti.

El doble dardo de la posibilidad de que Bianca siguiera adelante sin mi y la promesa sensual de Sophia, lucharon en mi mente. Mi culpa era real y punzante, pero el dulce y empalagoso chantaje de Sophia era la vía de escape inmediata.

Me dejé llevar, rendido al deseo y a la anestesia emocional que ella me ofrecía, cerrando mis ojos y tratando desesperadamente de no ver el rostro triste de mi ex esposa.

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