LOGINCapítulo 4—Un recuerdo del pasado enterrado
GERALD
No podía creerlo.
La mujer a la que nos habían contratado para matar… era la hija de mi difunto mejor amigo.
El miedo me oprimió el pecho en el momento en que la reconocí. No la había visto desde que era una niña, cuando su padre y yo luchábamos codo a codo bajo las guerras de la luna de sangre.
Cuando él me hizo prometer —prometer— que, si alguna vez le pasaba algo, cuidaría de ella.
Eso fue antes de que nuestra amistad terminara.
Le había fallado.
Una tormenta se desató dentro de mí. Y entonces algo cambió; algo desconocido se agitó en mi alma. Por un segundo, sentí como si fuera la presencia de un lobo… pero eso era imposible.
Yo pertenecía al maldito clan Grand Lee, sin lobos durante generaciones. La maldición solo se rompía cuando encontrábamos a nuestra pareja.
Pero hacía mucho que había abandonado esa esperanza.
Aun así, la presencia permanecía, como un susurro de instinto. Protector. Enfurecido.
Quizás me lo estaba imaginando. Había estado teniendo sueños y pesadillas extraños durante el último mes.
Siglos atrás, mis antepasados traicionaron a una poderosa hechicera, y el castigo había pasado de generación en generación a través de la sangre y los huesos: no habría lobo hasta que uno encontrara a su pareja destinada. Pero sin un lobo, ¿cómo podías sentir a tu pareja? Era una maldición circular y cruel. Nunca podría romperse. Yo lo sabría. Había intentado romperla toda mi vida.
Cómico. Eso era lo que era la situación. Nunca, jamás había tenido que definir una conjetura como una muerte.
Ahora aquí estaba, frente a la hija del único hombre al que realmente llamé hermano, y se suponía que debía matarla.
No se parecía en nada a la niña que recordaba. Una mujer —ahora hermosa, sí, de esa manera que hacía que los hombres miraran demasiado tiempo—, pero había fuerza en su postura, incluso mientras temblaba.
“Yo... yo”, tartamudeó, con los ojos recorriendo todo a su alrededor, excepto a mí. “Por favor, no tienes que hacer esto”, se estremeció.
“No hice nada. Has cometido un error.”
Su voz se quebró y, por un momento, fui transportado a una versión más joven de ella, aferrada a los brazos de su padre, suplicando aprender el manejo de la espada como los chicos. Ese recuerdo retorció algo muy profundo dentro de mí.
“¿De verdad pensaste que podías escapar de mí?” dije con frialdad, ignorando el impulso en mi pecho de consolarla.
Ella se estremeció. Su respiración se volvió rápida. Estaba aterrorizada —bien. Debería estarlo.
Porque no tenía idea de hasta qué punto llegaba la traición.
“Por favor”, susurró, “solo déjame ir.”
“¿Y adónde irías?” pregunté, dando un paso hacia adelante.
“Tengo un prometido en la manada Gladiator Moon. Damon. Se suponía que nos casaríamos antes de que mi padre muriera. Él me protegerá.” La miré fijamente.
“¿Ah, sí?” pregunté con indiferencia.
“Sí.” Su voz se fortaleció, aunque aún quedaba algo de miedo.
Suspiré. No tenía idea. “No puedo dejarte hacer eso.”
Ella retrocedió. Sus ojos se abrieron de nuevo.
“A mis hombres les pagaron para matarte”, dije. No deberías estar viva.
“Sea lo que sea que te estén pagando, te pagaré el triple. Por favor, no quiero morir.”
Me acerqué lentamente. “¿Crees que esto se trata de dinero?”
Su espalda golpeó la pared. Sus manos temblaban. Mi lobo, o lo que fuera que se agitaba dentro de mí, volvió a gruñir bajo. Protector. Posesivo como un perro guardián, nada más.
Había hecho una promesa. Y a pesar de lo lejos que había caído, no había roto esa. Todavía no.
“No soy un matón a sueldo al que puedas comprar con oro”, murmuré.
Sus ojos buscaron los míos. “Entonces, ¿por qué? ¿Por qué estás aquí?”
No respondí de inmediato. En cambio, saqué un contrato doblado de mi abrigo y se lo tendí.
Lo tomó con dedos vacilantes y lo abrió.
Observé cómo su expresión cambiaba. Primero confusión, luego incredulidad. Después horror.
“¿Qué? ¿Qué es esto?” susurró.
"Un contrato", dije, "firmado por tu hermanastro y tu amado Damon. Otorgándome el derecho de deshacerme de ti usando la espada oscura.”
Miró el papel como si pudiera estallar en llamas entre sus manos.
“No.” dijo, “Damon nunca haría eso. Él me ama. No tiene nada que ganar. ¿Y Tony? ¿Quieres que crea que mi hermano te pagó para matarme?” preguntó con un tono casi divertido.
“Está por escrito.”
“Oh, claro. Como si eso no pudiera falsificarse fácilmente… No hay forma de que mi hermano hiciera esto, ni mi prometido. Él no tiene nada que ganar.”
“¿No lo tiene?” dije suavemente.
“Lo conozco desde que éramos niños. Estamos comprometidos desde que tenía siete años. Él no…” dejó la frase a medias.
“Bueno, lo hizo”, dije con indiferencia. “Y tu hermanastro se aseguró de que el acuerdo fuera hermético. Ambos lo ganan todo con tu muerte.”
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero negó con la cabeza. “Estás mintiendo. Damon no lo haría, ¡él no lo haría!” elevó la voz.
Podía ver el dolor en sus ojos. No había manera de que creyera las palabras de un extraño. Creo que la mataría si fuera verdad.
Sus lágrimas me llenaron de temor. Era una chica ingenua. No tenía idea de que no era más que un peón. La muerte de su padre era una oportunidad para su hermanastro.
Sentí una furiosa ira por ella.
Sin pensarlo, la atraje hacia mí, intentando consolarla.
Ella se derritió en mi abrazo y, por un momento, juro que escuché una voz en mi cabeza.
Una presencia desconocida dentro de mí agitándose, gruñendo.
La aparté de mi mente; estaba seguro de lo que fuera aquello.
Lloró un poco antes de apartarme.
“No, no.” Sacudió la cabeza como si estuviera llegando a una conclusión de la que yo no era consciente.
“No es verdad. Damon me ama. Me lo dijo. Siempre me ha defendido. Tú eres el mentiroso aquí. Iré con él, y si no me dejas, seguiré intentándolo hasta que me mates con tus propias manos.”
“Te he dicho que no deseo matarte. Quiero protegerte. Quédate aquí y te ayudaré a descubrir qué ocurrió…”
“No. No te conozco. Tus hombres intentaban matarme hace un minuto y ¿quieres que confíe en ti?” preguntó, con la voz cargada de incredulidad. “Quiero decir, mi hermano, puedo creerlo, pero incluso eso es descabellado. No soy su persona favorita, pero nunca me mataría. Así que, lo siento, pero no confiaré en las palabras de un extraño cualquiera.”
“Soy el único en quien puedes confiar.” dije con toda la calma que pude.
“Si eso es verdad, me dejarías ir.”
La miré fijamente, sorprendido. Era igual que su padre. Tranquila, pero de carácter fuerte y testaruda.
Suspiré. Solo había una forma de conseguir que confiara en mí, y era dejarla ir. Estaba demasiado traumatizada para creer cualquier cosa que saliera de mis labios. Tenía que verlo por sí misma.
“Bien. Te dejaré ir.”
Ella parpadeó, sorprendida.
“No te creo”, dijo de repente.
Definitivamente era hija de su padre.
“Te dejaré ir. Si quieres, te llevaré yo mismo.”
“No. Gracias. Solo necesito algo de dinero para llegar allí”, dijo en voz baja.
Habría sido gracioso si no estuviera preocupado por ella.
“Está bien. Lo tienes. Mi manada siempre estará abierta para ti, por si acaso.”
“¿Por qué te importa?” preguntó de repente…
“Digamos que tengo una deuda pendiente que pagar.”
Frunció el ceño, pero no hizo más preguntas.
Metí las manos en los bolsillos, saqué mi billetera y le di suficiente dinero para un hotel y un viaje de ida y vuelta.
“Gracias.”
Observé cómo se marchaba sin mirar atrás y suspiré.
“¡Landen!”
“Sí, jefe”, mi Beta salió de las sombras donde había estado escondido.
Sin mirarlo, dije,
“Prepara mi moto.”
Capítulo 154EPÍLOGO: SEL Y MAX—Entonces, ¿de verdad van a casarse? —le preguntó Liliana a Max mientras la pequeña Angelina jugaba con sus hermanos.—¡Tío Max, Alec me ha pegado! —exclamó Angelina mientras corría hacia él.Max la levantó en brazos.La niña había crecido muchísimo.Tenía seis años y medio y era bastante alta.Casi tanto como su padre, Gerald.Liliana sonrió. Su corazón se llenó de alegría al ver lo lejos que habían llegado todos.Su manada prosperaba, y la de Gerald también.Gobernaban juntos como Alfa y Alfa. Era maravilloso.—Sí, voy a casarme. Sel y yo estamos enamorados. Me llevó bastante tiempo convencerla de que me diera otra oportunidad —respondió Max entre risas.Liliana también soltó una carcajada.—Sel puede ser muy testaruda.Cuando Liliana descubrió que Max y Sel habían salido juntos mucho antes de que ella siquiera llegara a la manada, por así decirlo, se quedó sorprendida.Ni siquiera se había dado cuenta hasta hacía cuatro años.El hecho de que Sel nunc
Capítulo 153GERALDCUATRO AÑOS DESPUÉSGerald sonrió cuando la pequeña Angelina tiró de sus dedos, aferrándose con fuerza a su mano. Sus rizos dorados rebotaban mientras caminaba a su lado, descalza sobre los cálidos suelos de madera de su hogar.—¿Mamá estará bien? —preguntó por décima vez aquella mañana, con una vocecita suave, aunque cargada de preocupación.—Sí, cariño —respondió él, agachándose hasta quedar a su altura—. Estará bien. Y muy pronto tendrás un hermanito.El rostro de Angelina se iluminó al instante.—¿De verdad? ¿Un hermanito?Gerald soltó una risita.—Quizá incluso dos, si tenemos suerte.La niña abrió la boca, sorprendida. Su sonrisa desdentada hizo que él se echara a reír aún más.—¡Dos hermanitos! ¡Eso significa que yo seré la jefa, ¿verdad?!—Por supuesto —respondió él, apartándole un mechón de cabello de la frente—. Serás la hermana mayor.Angelina soltó una risita y le rodeó el cuello con los brazos. Gerald la levantó y dio una vuelta con ella antes de dirig
Capítulo 152UN AÑO DESPUÉSLiliana no pudo evitar sonreír.Era una de esas sonrisas que le hacían doler las mejillas, una sonrisa que no desaparecía sin importar quién la estuviera mirando ni cuántos nervios revolotearan bajo su piel. El sol brillaba en aquella tarde temprana, bañándolo todo con su calidez, mientras el viento otoñal jugueteaba con su velo. Sin embargo, ella solo podía mantener los ojos fijos en el hombre que la esperaba ante el altar.Era el día de su boda.Y no solo eso: estaba embarazada de tres meses y se encontraba frente a las mismas personas que habían permanecido a su lado y le habían sido leales a pesar de todo. A pesar de la sangre y las traiciones. A pesar del silencio, las pérdidas y la guerra. A pesar de aquellas noches en las que creyó que no sobreviviría y de las mañanas en las que tuvo que obligarse a seguir adelante.Nunca imaginó que llegaría tan lejos. No después de todo lo que había vivido. Sus padres. Su familia en la manada. Su confianza en el am
Capítulo 151---PUNTO DE VISTA DE LILIANAMuchos pretendientes habían venido a cortejarme desde que me convertí en Alfa, pero había rechazado a todos y cada uno de ellos.¿Por qué? Porque seguía enamorada de Gerald y, en secreto, esperaba que regresara.Sabía que era una estúpida por seguir deseándolo después de todo lo que me había hecho pasar, pero el corazón quiere lo que quiere.—Tiene que elegir a un pretendiente, señora. No puede seguir rechazándolos a todos —me aconsejó Tabitha después de que rechazara al último.—Las otras manadas buscarán la manera de atacar la nuestra si saben que tenemos a una mujer como Alfa. Necesita tener a un hombre a su lado.La fulminé con la mirada.Sabía que sus intenciones eran buenas, pero no había luchado ni arriesgado toda mi vida para recuperar mi manada y permitir que cualquier hombrecillo apareciera de la nada y compartiera mi gloria.—No. No necesito a nadie —le respondí.—Pero, señora…Negué con la cabeza.—Entiendo lo que quieres decir, p
Capítulo 150PUNTO DE VISTA DE LILIANATony había desaparecido sin dejar rastro. Después de su derrota, simplemente se esfumó, al igual que Damon.Mis hombres permanecían alerta y seguían buscándolo por todas partes.La sirvienta había regresado y contado la verdad sobre Damon, Tony y sus planes. Lo había escuchado todo.No sabía nada sobre quién había asesinado a mi padre, pero podía dar fe de mi inocencia.Cuando asesinaron al Alfa, yo estaba fuera, así que no había manera de que hubiera podido matar a mi propio padre.Poco a poco, la manada recuperó su rutina diaria y la gente fue aceptándome gradualmente como su Alfa.Lo mejor de todo fue que Gerald llegó a mi manada acompañado de Stefan y algunos otros hombres. Se quedaron durante dos semanas.Una tarde, estábamos juntos en mi balcón, contemplando el cielo estrellado. Sabía que quería decirme algo, pero no tenía ni idea de qué podía ser.—Voy a regresar a mi manada —dijo.No respondí. No quería hacerlo. En realidad, esperaba que
Capítulo 149PUNTO DE VISTA DE LILIANA—¡Llamo a la sirvienta de mi familia! —anuncié en voz alta y clara, y la sonrisa desapareció del rostro de Tony.—¿Qué relevancia tiene ella para tu caso? —preguntó el juez con astucia.Lo miré con repugnancia.—Ella sabe todo lo que ocurrió y quiénes estuvieron involucrados. Además, me ha estado ayudando a reunir pruebas.—Aparte de ella, ¿tienes alguna otra prueba? —preguntó el hombre.—Se suponía que habría alguien más, pero creo que él sabe lo que le ocurrió mucho mejor que yo —respondí, refiriéndome a mi hermano.—¿De quién estás hablando?—De Fiona. La esposa de mi hermanastro —declaré.Una vez más, escuché murmullos entre los presentes. Vi que Tony intercambiaba una mirada con el hombre, quien asintió.El hombre se aclaró la garganta. Era un sonido que empezaba a detestar.—Fiona, a quien señalas como prueba, fue descubierta como espía de una manada rival y recibió el castigo correspondiente —declaró.—¿Qué quiere decir con que recibió el







