LOGINEl Romeo que tenía frente a mí… ya no era el mismo.Su aspecto era descuidado, casi irreconocible.El cabello desordenado, la ropa arrugada, los ojos enrojecidos… como si llevara días sin dormir.Se notaba que estaba destrozado.Había escuchado sobre las pérdidas que sufrió tras la anulación del acuerdo del puerto.Pero aun así… lo que vi en sus ojos al mirarme no fue rabia.Fue sorpresa.Desesperación.Incredulidad.Su mirada se clavó en mí… luego en Álvaro, que sostenía mi mano.Su voz salió temblorosa, quebrada:—Carolina… ¿de verdad eres tú? ¿Tú… te casaste?Aún tenía esperanza.Una pequeña… pero insistente.Había desafiado a su familia, dejado todo atrás y viajado sin descanso hasta Sicilia.Ni siquiera llevaba equipaje.Solo traía consigo el arrepentimiento… y la urgencia de no perderme.Pero al vernos juntos…Al ver nuestras manos entrelazadas, la cercanía, la forma en que nos mirábamos… algo en él se rompió.Por fin entendió.Se acercó un paso, como si el mundo pudiera volver a
Desde que estoy con Álvaro… nunca me forzó a nada.Jamás me exigió una respuesta, ni intentó apresurar mis sentimientos.Simplemente… estuvo siempre a mi lado.Cada día, además de cargar con su propio mundo, siempre encontraba un momento para estar a mi lado, en silencio, sin presionarme.Cocinaba para mí con sus propias manos.Preparaba platillos delicados, suaves, exactamente como me gustaban.Decía que recordaba cada detalle… cada pequeño gesto mío.Y cuando lo veía ahí, de espaldas, con el delantal puesto, concentrado en algo tan cotidiano…Sentía una paz que nunca había conocido.A veces no podía evitar preguntarle, en voz baja:—Estás tan ocupado… no tienes que hacer todo esto por mí.Él solo sonreía, como si fuera lo más natural del mundo.Servía la comida en mi plato y respondía con calma:—Mientras tú comas feliz… yo no me canso.No importaba cuán pesado había sido su día.Siempre encontraba tiempo para compartir conmigo una comida… o simplemente caminar a mi lado.Nunca dijo
Fue una noche lejana… y calurosa.En ese entonces, Romeo y yo estábamos de vacaciones. De repente, recibió una llamada. Su expresión cambió y dijo que tenía un asunto urgente.Se fue sin mirar atrás.En ese momento le creí. Pensé que de verdad era trabajo.Ahora caía.No era ningún asunto importante… simplemente fue a buscar a Nerea.Me quedé sola en la playa, intentando despejar mi mente.Pero el destino tenía otros planes.Entre las rocas, escondido como si el mundo lo hubiera arrojado ahí, encontré a un hombre cubierto de sangre.Estaba gravemente herido… pero aun así, desprendía una presencia fría, imponente, casi intimidante.No lo pensé demasiado.Lo llevé a mi habitación.Durante varios días lo cuidé en silencio.Limpié cada una de sus heridas, cambié sus vendajes, me aseguré de que comiera, de que descansara… de que sobreviviera.Él casi no hablaba.Su mirada era gélida, distante, como si no perteneciera a este mundo.Pero… a veces, cuando me observaba, algo cambiaba.Un destel
Sí… esa mujer idéntica era yo.Aquella escena en el mar, esa traición que me destrozó el alma, creí que sería mi final… pero jamás imaginé que, en realidad, marcaría el inicio de algo completamente distinto.Después de aquella llamada con mi padre, debió enviar gente a protegerme en secreto.Cuando mi cuerpo se hundía en las profundidades heladas, fueron sus hombres quienes me sacaron de ahí.No volví a la cubierta.No quise ver a Romeo.En lugar de eso, les ordené que me llevaran de regreso a Sicilia esa misma noche.Que Romeo creyera que morí en ese mar oscuro y frío.Quería que viviera el resto de su vida consumido por el arrepentimiento… por la culpa de haberme perdido.Cuando llegué a casa, me derrumbé.Lloré durante horas, sin poder detenerme.Mi padre, al verme así, me rodeó con sus brazos con una ternura que hacía mucho no sentía.—Tranquila… todo tiene solución. Tu vida no termina aquí —murmuró con suavidad—. Voy a encargarme de que paguen por esto.Negué con la cabeza. Me lim
Romeo ni siquiera se dignó a alzar la mirada. Su voz, helada y cargada de cansancio, cortó el aire:—No me interrumpas con nada que no tenga que ver con Carolina.—Pero, señor… esto es sumamente grave.El asistente apenas podía sostenerse. El sudor le perlaba la frente mientras hablaba con la voz entrecortada:—Al barco que llevaba el lote de bolsos Birkin… le cobraron una tarifa absurda al cruzar el puerto. Los costos ya superan las ganancias… ¡perdimos todo el dinero de ese cargamento!Romeo levantó la cabeza de golpe. Sus ojos brillaron con una seguridad peligrosa.—Imposible. Yo mismo firmé un acuerdo con los Treminio. Sus puertos son libres para los Novales. No pagarían ni una moneda.El asistente dudó. Tragó saliva una y otra vez, hasta que reunió el valor suficiente.—Señor Novales… ese puerto ya no pertenece a los Treminio. Ahora es de los Lizano.El color abandonó el rostro de Romeo.—¿Qué estás diciendo?—Hace unos días… los Treminio sellaron una alianza con los Lizano median
Tal como Nerea lo había deseado…Los rescatistas buscaron durante un día entero… y una noche interminable.El mar se tragó cualquier rastro de mí.Romeo no se movió de la cubierta.Sus ojos, enrojecidos, cargados de cansancio… no se apartaban del agua ni un segundo.Nerea permanecía a su lado, como una sombra.Con voz suave, casi perfecta, fingía consolarlo:—Romeo… tienes que cuidarte. Carolina va a estar bien… es tan buena que Dios no podría ser tan cruel con ella…Las lágrimas rodaban por sus mejillas, impecables.—Aunque… haya intentado hacerme daño… no le guardo rencor… solo quiero que regrese…Pero él…Ni siquiera la miró.No respondió.Nada.Solo seguía ahí, inmóvil, llamando una y otra vez al equipo de rescate… como si repetirlo pudiera cambiar el destino.A la mañana siguiente, la lancha regresó.Vacía.El silencio fue más fuerte que cualquier grito.Romeo se tambaleó… estuvo a punto de caer al mar.—Señor Novales… —la voz del jefe de rescate sonó baja, pesada—. Lo sentimos… p







