공유

NOSOTROS, POR UN INSTANTE

작가: JadeSisune
last update 게시일: 2025-10-25 05:30:28

Asentí, tosiendo con violencia. El ardor del jugo aún quemaba mi garganta… pero había otro fuego, más agudo, más visceral, que se encendía en mi pecho. No era solo incomodidad, era certeza. Este hombre se arrepentía y ahora buscaba la forma de matarme disfrazándolo de accidente.

—Solo fue una torpeza —logré decir, bajando la mirada, como si al evitar sus ojos pudiera evitar mi destino fatal.

No respondió. Su mano se deslizó, lenta, hasta el borde de mi hombro. No era un gesto casual. Me estaba probando, como si supiera que la línea entre el consuelo y la amenaza era delgada, y él debía pisarla con cuidado.

—No quiero incomodarte —murmuró—. Solo… me gusta verte sonreír.

Mi corazón tamborileó, no por ternura, sino por alarma. Algo dentro de mí —quizás el eco de ese miedo antiguo, o el instinto abriéndose paso a través del ADN de mis huesos, o mis ancestros intentando protegerme— gritaba que corriera. Que no confiara. Pero sus palabras eran tan simples, tan humanas, que bajé la guardia. Y eso, lo supe, podía costarme caro.

Lo miré. Esta vez sin escudos.

—No me incomodas —confesé—. Es que no sé qué hacer con todo esto que siento cuando estás cerca.

El brillo volvió a sus ojos como si el atardecer hubiese estallado allí dentro. Y aunque no respondió de inmediato, su silencio fue la caricia más dulce que recibí en toda la noche. El mero pensamiento me llevó a estremecerme y desear que la tierra se abriese para escupirme en mi cama y darme cuenta de que todo fue un sueño. Porque si era real… entonces estaba en peligro.

El torrente de emociones que atravesaba mi mente se detuvo ante la suave disculpa que me ofreció, confusa me giré hasta tenerlo frente a mí con su cálida respiración rozando mi cara. El shock me dejó paralizada, al apreciar las suaves pecas que cruzaban su piel como constelaciones y deseé por primera vez en mucho tiempo, hacer contacto con esos labios que se hallaban a escasos centímetros de mi cara.

Podía sentir como los segundos pasaban lentos y un deseo en mí aumentaba, mentalmente conté cada respiración que emanábamos, o por lo menos hasta que la magia del momento fue interrumpida por la mesera que regresó a nuestra mesa, para preguntarme si me encontraba bien, preocupada de mi atragantamiento. Sonrojada se disculpó al vernos y casi corrió para alejarse de nosotros.

¿Nosotros?

Una hermosa palabra en la que no me atrevía a pensar, era una acompañante que sería despedida después del tiempo establecido. Debía concentrarme en eso, para asegurarme de disfrutar y no permitir que mis fantasías arruinasen el trabajo que me empeñaba en realizar, porque sí, al fin y al cabo, este era un trabajo donde debía dar lo mejor de mí. Y él… él era el cliente.

El resto de la cena continuó de manera tranquila, Adrien realizaba preguntas sobre mí y mis gustos. Cada vez más profundas e íntimas.

—Entonces… ¿qué te llevó a elegir medicina? No parece una decisión tomada a la ligera. —preguntó él.

—No lo fue. Siempre me atrajo la idea de entender el cuerpo… de poder ayudar —le sonreí con timidez—. Pero también fue una forma de demostrar que podía cumplir mis metas, por más difíciles que fueran.

—¿Demostrarlo a quién? —su voz fue casi un susurro y noté que cada vez estaba más inclinado hacia mí, más cerca… de mí.

—A todos, a mi familia, a mis profesores, a mi ex… a mí misma, supongo. —murmuré, perdida entre los matices del vino que bebía.

—¿Y lo lograste?

—Estoy en ello —mi voz tembló, y me tocó respirar varias veces para calmarme—. Perdón, no quiero agobiarte.

—No te calles por eso, no aquí. No conmigo. —habló él, frunciendo el ceño.

Debió percatarse de lo agraviada que me sentía, siempre callada cuando contaba mis intereses. Tanto por mi familia, conocidos y mi ex. La única excepción eran mis amigos, ellos no se cansaban o irritaban cuando me escuchaban hablar. No les parecía una locura, que una pueblerina como yo estudiara una carrera tan complicada y costosa. Todo lo contrario, ellos me comprendían y al igual que yo, se emocionaban al contar sus sueños.

De repente un comentario caló profundo en mi corazón, cuando me dijo:

—Esta noche tú serás la protagonista —susurró coqueto. Sus palabras quedaron suspendidas en el aire y necesité tiempo para absorberlas.

Me quedé callada. No por la vergüenza, ni siquiera por el miedo… sino porque esa frase perforó una zona que intentaba mantener bien sellada. Adrien me miraba con atención, sin urgencia. Como si supiera que esa confesión no necesitaba respuesta, sino espacio.

—Gracias —murmuré por fin, más para mí que para él.

Su mirada no se apartó de la mía. Sentí que quería decir algo más, pero se contuvo. En su lugar, deslizó su mano por la mesa hasta rozar ligeramente mis dedos. No los retiré, aunque tampoco lo tomé de la mano. Simplemente dejé que la yema de sus dedos descansara sobre los míos, como si ambos temiéramos arruinar el instante con un gesto demasiado definitivo.

Afuera, el cielo ya se encendía en tonos ámbar y coral. El murmullo del mar parecía más íntimo, como si nos susurrara que la noche recién comenzaba.

—¿Quieres que demos un paseo por la orilla? —preguntó Adrien en voz baja, su tono tan suave como la brisa.

Y sin pensarlo mucho, asentí.

Nos levantamos sin prisa. Yo aún podía saborear la última nota del ceviche y el eco de sus palabras. Caminamos hacia la salida, su mano rozó la mía de nuevo, esta vez con más intención. Y no me opuse.

Quizás era imprudente. O tal vez él era el insensato. Pero por primera vez en mucho tiempo, sentí que no estaba huyendo.

이 작품을 무료로 읽으실 수 있습니다
QR 코드를 스캔하여 앱을 다운로드하세요

최신 챕터

  • UNA PROPUESTA INDECOROSA PARA CAMELIA   CONFESIONES

    El resto del viaje a casa fue incómodo y tenso. Los quince minutos más largos de mi existencia, no tan doloroso como el parto. Pero si con una sensación horrible que se acrecentaba en mi estómago.Apenas nos detuvimos afuera de la casa, abandoné el auto y me fui lo más rápido que pude al interior. Sin atreverme a mirar atrás, ni doblegarme con esa mirada de aflicción que debía adueñarse del rostro de Adrien. Su mirada de perrito regañado bastaría para que yo corriera a consolarlo y me negaba a hacerlo en este momento.Necesitaba la cabeza fría y en este momento era un remolino de frases y palabras dolorosas.Subí las escaleras con dirección a la habitación principal y justo detrás de mí, se escucharon pisadas de personas que se movían por el salón. El corazón se me acel

  • UNA PROPUESTA INDECOROSA PARA CAMELIA   AGRIDULCE

    —¿Todo bien? —preocupada, le pregunté a Adrien—. Estás muy frío, casi pareces el suturado.Reí ante mi propio chiste, pero la sonrisa desapareció de mi rostro con rapidez. Adrien parecía ido, estaba sumamente pálido y no dejaba de mirar nuestro alrededor, como si temiese a algo o alguien.—¿Adrien? —volví a intentar.—Dime —respondió él en un susurro, casi como si fuese una reacción automática.—¿Estás bien cariño? ¿Qué pasó…?Ni bien pude terminar de hablar, entraron policías y serenazgos a la sala de espera, todos estaban con arma en mano y revisaban hasta el último rincón del lugar.—¿Adrien Giuseppe? —preguntó un agen

  • UNA PROPUESTA INDECOROSA PARA CAMELIA   SENTENCIA

    Adrien.Esperaba el regreso de Camelia cuando sentí un arma apuntándome directamente a la cabeza. Era metálica y helada en la base de mi cráneo. Y, entre la silenciosa y desértica sala de espera, pude escuchar con claridad el sonido del gatillo. Estaba cargada, pero por suerte aún la bala no era disparada.Todos los músculos de mi cuerpo se contrajeron y me aferré a la tibia calidez que me ofrecía mi hijo en brazos. Miguelángelo soltó una ligera carcajada y mostró su desdentada sonrisa a la persona que se encontraba detrás de mí.—Siempre has sido un experto en mantener la calma —se burló Giovanny, detrás de mí.Sentí las venas de mis sienes palpitar por la ansiedad y mecí suavemente a mi hijo.—Gajes del oficio, lo difícil de crecer rode

  • UNA PROPUESTA INDECOROSA PARA CAMELIA   Parte II: EMPEZAR, OTRA VEZ

    El viaje fue muy incómodo al estar sentada, pasó mucho tiempo desde que me sentaba para no perder los puntos de la episiotomía, pero, ¿de qué servía ahora? Volví a perder la mayoría y la cicatriz estaba cubierta de pus.Solo fue tiempo perdido.Para cuando llegamos al centro médico, apenas podía caminar y cada paso era sumamente doloroso. aun así, seguimos caminando hasta el consultorio en el que me esperaban, por suerte no tuve que esperar y pasé casi de inmediato.Apenas entrar, el Doctor me saludó de forma amable y comenzó a preguntarme sobre mi dieta, la alimentación era muy importante, ya que el estreñimiento llevaba a que la persona se forzara al evacuar, lo que terminaba en ejercer una presión que me podrían costar un par de puntos.Por eso me aseguraba de tener comidas

  • UNA PROPUESTA INDECOROSA PARA CAMELIA   EMPEZAR, OTRA VEZ

    Camelia.A medida que escuchaba al padre de Adrien hablar, mi corazón se encogía, el escozor y los jalones en mi episiotomía pasaron a ser secundarios, toda mi concentración estaba en la dolorosa historia de Estela y lo que había vivido todos estos meses. Solo de recordar su voz alegre y la esperanza que irradiaban sus palabras cuando se casó… mi alma se destrozaba.Me costó mucho entender los motivos detrás de todo lo que le pasó y la angustia me carcomió por horas.La madrugada era difícil con el malestar y las constantes veces que me despertaba para alimentarlo, cantarle y distraerlo hasta que su grisácea mirada volvía a cerrarse. Se volvía a dormir y me permitía caer en los brazos de Morfeo.Los días pasaron y el dolor en mi intimidad solo se volvía tolerable cuando tomaba el antipir&ea

  • UNA PROPUESTA INDECOROSA PARA CAMELIA   PARTE II: CONSECUENCIAS DEL POSTPARTO

    —¿Usted es la señora Camelia? —preguntó una mujer de mediana edad con uniforme administrativo, ante mi afirmación, continuó—: Estamos aquí por una denuncia que realizó el centro de salud, se cree que usted podría haber sido abusada y por ello padece el estado en el que se encuentra hora.La miré fijamente y me sorprendí por sus palabras ¿culpaban a Adrien? Por eso lo retenían y estaban tan atentos a sus movimientos, dos policías se mantenían cerca de él y podía notar la tensión en el aire, la mirada incómoda en mi esposo y lo angustiado que debía sentirse.—Si hay alguien a quien debería denunciar, es a este hospital y a su personal, no solo he sido tratada injustamente desde el inicio y sido discriminada por la creencia de todos en esta institución de que yo soy migrante.

더보기
좋은 소설을 무료로 찾아 읽어보세요
GoodNovel 앱에서 수많은 인기 소설을 무료로 즐기세요! 마음에 드는 작품을 다운로드하고, 언제 어디서나 편하게 읽을 수 있습니다
앱에서 작품을 무료로 읽어보세요
앱에서 읽으려면 QR 코드를 스캔하세요.
DMCA.com Protection Status