ログインlas leo
Capítulo 87 —Cuando salió el solLa puerta se abrió de golpe.Mariano despertó sobresaltado y necesitó unos segundos para recordar dónde estaba. Tenía el cuello rígido por haber dormido en el sillón, los brazos cruzados sobre el pecho y una de las piernas entumecida. Al otro lado de la habitación, Silvana continuaba recostada en la cama, con la vía conectada al brazo y el rostro todavía pálido.Ernesto avanzó hacia ella con el abrigo abierto y el cabello ligeramente desordenado. La preocupación que exhibía habría resultado convincente para cualquiera que no hubiese pasado la noche llamándolo.—¿Qué sucedió? —preguntó mientras se inclinaba sobre su esposa—. Cuando llegué a la casa me dijeron que Mariano te había llevado al hospital.Silvana aceptó el beso que él depositó sobre su frente.—Tuve un dolor muy fuerte, pero el embarazo está bien. El médico quiere que permanezca unas horas en observación.Mariano se incorporó despacio, frotándose la nuca.—Apareciste al fin.Ernesto se volvi
Capítulo 86 —Una noche en velaDurante dos días, Mariano intentó refugiarse en los números.Las inversiones habían sido siempre su territorio. Mientras Ernesto se preparaba para heredar la presidencia del grupo familiar, él había construido su propia fortuna operando en la bolsa, estudiando mercados y moviendo capital sin pedirle permiso a Orlando. Aquel día permaneció horas frente a las pantallas, siguiendo gráficos, revisando informes y cerrando posiciones que llevaba semanas esperando.Sin embargo, cada vez que aparecía una cifra inesperada, pensaba en la muestra faltante. Cuando una operación cambiaba de dirección, recordaba el nombre de Silvana en la lista. Y siempre regresaba a la pregunta de Ernesto:—¿Te revelaron el nombre de la mujer?El teléfono vibró junto al teclado. Joaquín lo había llamado tres veces durante aquellos días y Mariano supo qué quería antes de responder.—Todavía no tengo novedades —informó, sin apartar los ojos de las pantallas—. La coordinadora dijo que m
Capítulo 85 —La pregunta equivocada Una sola coincidencia podía destruir demasiadas vidas.Mariano lo comprendió mientras conducía lejos de la clínica, con las manos aferradas al volante y el nombre de Silvana todavía fijo en su memoria. La lista no demostraba que hubieran utilizado su muestra para inseminarla. Únicamente confirmaba que el procedimiento de su cuñada se realizó durante la misma semana en que la clínica perdió la trazabilidad de aquel recipiente.Había otras diez mujeres en el registro. Cualquiera de ellas podía estar vinculada con la irregularidad.Incluso era posible que la muestra hubiese sido descartada sin dejar constancia.Repitió esos argumentos hasta que dejaron de sonar como una explicación razonable y comenzaron a parecer una defensa desesperada. Antes de llegar a la mansión, desvió el automóvil hacia uno de sus apartamentos. No quería regresar sin haber ordenado sus pensamientos y solo existía una persona con la que podía hablar sin temor a provocar un desas
Capítulo 84 —El nombre en la pantallaMariano no abrió la puerta.Mantuvo una mano sobre el picaporte mientras la frase de la coordinadora continuaba resonando detrás de él. La clínica podía demostrar que había recibido aquella quinta muestra, pero no qué había ocurrido con ella después.Se volvió lentamente.—Cuando dice que quizá nunca puedan determinarlo, ¿qué posibilidades está intentando evitar mencionar?La coordinadora se mantuvo sentada detrás del escritorio. La incomodidad con la que juntó las manos le confirmó que su pregunta no tenía una respuesta tranquilizadora.—No estoy intentando evitar nada, señor De Vargas. Necesitamos revisar los registros antes de ofrecerle una explicación.—Entonces dígame qué explicaciones podrían encontrar.Mariano regresó hasta el escritorio. Ya no parecía dispuesto a marcharse y ella terminó comprendiendo que las fórmulas administrativas no conseguirían detenerlo.—La muestra pudo descartarse sin que se completara el formulario correspondiente
Capítulo 83 —La quinta muestraMariano estuvo a punto de colgar.El número desconocido, la voz excesivamente formal y la pregunta inicial sobre su identidad le hicieron pensar que se trataba de una llamada comercial. Ya tenía preparada una negativa cuando la mujer se presentó como la nueva coordinadora administrativa del banco de gametos de la clínica.—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó Mariano, abandonando la impaciencia sin llegar a comprender qué asunto podía tener pendiente con aquel lugar.—Me comunico porque necesitamos actualizar la autorización para conservar sus muestras criopreservadas.Mariano tardó unos segundos en reaccionar.—¿Mis qué?—La clínica mantiene tres muestras suyas en el banco de gametos. La autorización de conservación necesita renovarse. Podemos enviarle la documentación por correo electrónico para que la firme o, si no desea continuar almacenándolas, deberá autorizar su destrucción.La coordinadora hablaba con la naturalidad de quien había repetido aquella e
Capítulo 82 —El hermano equivocadoSilvana tardó varios minutos en advertir que la silla de Joaquín estaba vacía.La cena continuaba alrededor de la larga mesa de Orlando y María Eugenia. La noticia del embarazo había despertado una efusividad poco habitual en la familia, aunque Orlando no había tardado en convertirla en un anuncio relacionado con la sucesión del grupo. Ernesto, sentado a su lado, recibía felicitaciones como si hubiera conseguido cerrar el negocio más importante de su vida.Joaquín ya no estaba allí.Silvana recorrió el comedor con la mirada. Su hermano había dejado la servilleta sobre la mesa y su copa permanecía casi llena. Nadie parecía haber notado su ausencia. Orlando continuaba hablando con el abogado, María Eugenia escuchaba una conversación al otro extremo de la mesa y Ernesto permanecía demasiado pendiente de su padre para preguntarse dónde se encontraba su cuñado.Hacía tiempo que Silvana no veía a Joaquín. Se habían comunicado por teléfono y habían intercam







