INICIAR SESIÓNPOV Diana
—¿Qué demonios significa eso?
Mikhail cerró la puerta de la habitación de Akim y me indicó que lo acompañara unos pasos por el pasillo. Lo seguí porque no quería discutir delante de una cama llena de tubos y máquinas, pero la paciencia empezaba a quedarme bastante lejos.
—El señor Karsavin dejó instrucciones específicas —explicó—. Si alguna vez quedaba incapacitado para decidir por sí mismo, debíamos localizarla.
—¿Cuándo decidió semejante cosa?
Mikhail sostuvo mi mirada antes de responder.
—El mismo día que se casaron.
Sentí que algo se acomodaba mal dentro de mí. Yo había salido del registro civil convencida de que Akim y yo acabábamos de cumplir un acuerdo sencillo: él salvaba el rancho, yo facilitaba su permanencia en el país y después cada uno continuaba con su vida.
Al parecer, mientras yo regresaba a mis tierras, él me estaba entregando responsabilidades que nunca se molestó en mencionar.
Un hombre de bata blanca apareció desde el fondo del corredor y se acercó con una carpeta.
—¿Señora Karsavin?
—Diana Aresti —corregí por costumbre—. Pero soy la esposa legal.
—Soy el doctor Reeves. El señor Karsavin tiene varias lesiones graves. Hemos conseguido estabilizarlo, pero presenta una hemorragia interna que necesita una intervención inmediata. Como no está en condiciones de autorizarla, necesitamos la firma de la persona designada.
Miré el documento que me ofrecía.
—No veo a ese hombre desde hace tres años. No sé qué medicamentos toma, si tiene alergias o siquiera dónde vive. ¿Y ahora pretende que decida si lo operan?
El médico no se incomodó. Cerró la carpeta un momento y bajó la voz.
—No le estoy pidiendo que tome una decisión médica. Le estoy explicando qué recomiendo. Sin la intervención, sus posibilidades disminuyen de forma drástica. Con ella existe un riesgo, pero también una oportunidad real.
Volví la mirada hacia Mikhail.
—¿No tiene familia?
—Tiene esposa —respondió con absoluta seriedad.
—No haga eso ahora.
El médico carraspeó con discreción y volvió a ofrecerme el bolígrafo.
—Necesitamos proceder cuanto antes.
Bajé la vista hacia la línea de la firma.
Tres años atrás había escrito mi nombre junto al de Akim para salvar el rancho. Ahora debía volver a hacerlo para intentar salvarlo a él. La diferencia era que aquella primera vez ambos sabíamos qué estábamos aceptando. Esta vez, Akim había decidido dejarme una responsabilidad que jamás mencionó.
No había tiempo para reclamárselo. Si no intervenían, podía morir.
Firmé.
Las horas siguientes transcurrieron entre café malo, pasillos silenciosos y hombres rusos entrando y saliendo sin ofrecerme información útil. Intenté responder mensajes del rancho, pero cada dos líneas terminaba mirando las puertas del quirófano.
Ethan había escrito para preguntar si estaba bien. Alguien le contó que varios desconocidos me habían sacado de la propiedad.
“Estoy bien. Surgió algo. Te llamaré cuando pueda.”
Guardé el teléfono antes de que Mikhail pudiera leer la pantalla. Él tampoco preguntó.
—¿Akim sabe algo de mi vida? —pregunté después de un rato.
Mikhail permaneció de pie frente a una de las ventanas.
—Recibe informes.
—¿Qué clase de informes?
—El estado del rancho, problemas importantes y seguridad.
—¿Durante los tres años completos?
—Durante los tres años completos.
La incredulidad me hizo levantarme.
—No me llamó una sola vez, pero tenía gente informándole sobre mí.
—No entró en su vida.
—Vigilarla desde lejos también es entrar.
Mikhail no intentó defenderlo.
—Deberá discutirlo con él.
—Primero tendrá que despertar.
El silencio que siguió me recordó que aquello todavía no estaba garantizado.
Cuando finalmente apareció el doctor Reeves, me puse de pie antes de que llegara hasta nosotros.
—Sobrevivió a la cirugía —anunció—. Controlamos la hemorragia y respondió mejor de lo esperado. Todavía no está fuera de peligro, pero las próximas horas nos dirán mucho.
El aire salió de mis pulmones de golpe. No sabía por qué me temblaban las manos. Quizá porque tres años no borraban los quince días que había pasado intentando mantenerlo vivo la primera vez.
Me permitieron entrar más tarde. Akim seguía conectado a varias máquinas, pero su rostro parecía menos tenso. Me acerqué a la cama y lo observé.
—Tres años sin una pu*ta llamada —murmuré—. Ni una tarjeta por Navidad, ni siquiera un “sigo vivo”. Pero me deja encargada de decidir si vives o mueres.
No esperaba una respuesta. Estaba a punto de alejarme cuando escuché su voz rota.
—Diana...
Volví rápidamente hacia la cama. Sus ojos claros estaban apenas abiertos.
—Akim.
Tardó unos segundos en enfocar mi rostro.
—¿El rancho está bien?
Después de tres años sin verme y una operación de la que acababa de salir vivo por muy poco, aquello era lo primero que quería saber.
—El rancho está bien —respondí, acercando la silla—. Usted, en cambio, tiene una habilidad extraordinaria para aparecer medio muerto en mi vida.
Sus párpados volvieron a cerrarse, pero la tensión de su rostro disminuyó.
Pasé la noche en una cama auxiliar junto a la suya. Dormí poco y mal. Cada vez que una máquina cambiaba de ritmo, abría los ojos.
A la mañana siguiente desperté con el cuello torcido y una manta a medio caer. Akim estaba despierto, mirando hacia el techo.
—Podía irse —dijo al verme incorporarme.
—También podía aparecer un médico pidiendo otra firma. Decidí no correr el riesgo de que sus hombres volvieran a perseguirme hasta el rancho.
Mikhail llegó poco después con dos bolsas. Dentro había jeans, camisetas, ropa interior y productos de higiene en varias tallas.
—Por un momento pensé que sus informes también incluían mis medidas —comenté.
Una breve sonrisa apareció en el rostro de Akim.
—No tan detallados.
—Me tranquiliza conocer el límite de su espionaje.
Veinte minutos después, limpia y con ropa que no olía a caballo, regresé a la habitación. Reeves acababa de revisar a Akim.
—La evolución es buena —informó—. Si continúa así, en cuarenta y ocho horas podrá recibir el alta. Hasta entonces, reposo y nada de hacerse el invencible.
Cuando el médico salió, me senté junto a la cama.
—Mikhail me dijo que recibía informes sobre mí.
—Quería saber si estaba bien.
—Podría haber llamado.
—Podía hacerlo.
—Pero prefirió vigilarme.
Akim respiró con cuidado antes de responder.
—Preferí no entrar en su vida.
—También sabe quién es Ethan.
No mostró sorpresa.
—Sé que va al rancho. Sé que no vive allí y que no es esposo. Lo que hace con su cama era decisión suya.
—Era una decisión sencilla teniendo en cuenta que mi esposo había desaparecido.
La expresión de Akim no cambió.
Salí al pasillo y encontré a Mikhail hablando por teléfono.
—Necesito una respuesta directa. ¿Akim todavía necesita este matrimonio para permanecer en el país?
El ruso guardó el aparato.
—Ya no lo necesita.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace bastante tiempo.
La respuesta me dejó inmóvil. Durante meses, quizá años, aquel matrimonio había continuado únicamente porque Akim había decidido no terminarlo.
Volví a la habitación con una conclusión que debió llegar mucho antes. Akim levantó la mirada cuando me senté frente a él.
—Ya no necesita estar casado conmigo.
—No lo necesito para permanecer aquí.
—Entonces nuestro acuerdo terminó. Usted obtuvo lo que necesitaba, yo conservé el rancho y ninguno le debe nada al otro.
Akim guardó silencio.
—Quiero el divorcio —dije.
Sus ojos claros permanecieron fijos en los míos.
—No quiero divorciarme.
Capítulo 6 —Tras los murosPOV DianaEl primer control apareció mucho antes de que pudiera ver la casa.Dos hombres armados se acercaron al vehículo, comprobaron quiénes viajábamos dentro y hablaron por radio antes de permitirnos continuar. Un portón de hierro se abrió lentamente. Más adelante encontramos otra barrera, cámaras instaladas entre los árboles y guardias que observaban el convoy desde puntos que probablemente yo no alcanzaba a descubrir.Akim no vivía solo como un hombre rico, vivía como un hombre que esperaba otro ataque en cualquier momento.—¿Todo esto es siempre así? —pregunté.—Todos los días.—Debe de ser agotador llegar a casa.Él miró por la ventanilla mientras atravesábamos el último control.—Es más agotador que entren sin permiso.No tuve una respuesta para eso. Había despertado en una clínica hacía pocos días porque alguien había conseguido acercarse lo suficiente para dejarlo al borde de la muerte. Su seguridad ya no parecía una exhibición exagerada, aunque si
Capítulo 5 — Lo imprescindiblePOV DianaVolví a casa bajo vigilancia.Las tres camionetas avanzaron por el camino principal levantando polvo. Mikhail viajaba delante y Akim permanecía a mi lado, observando las tierras.—No hacía falta traer un ejército.—No es un ejército —respondió sin apartar la mirada de la ventanilla.—Claro. Solo hombres armados vestidos de negro en medio de un rancho.Las camionetas se detuvieron frente a la casa. Akim bajó con cuidado; la rigidez de sus movimientos recordaba que acababa de recibir el alta.Samuel Reed apareció desde uno de los establos. Su paso se hizo más lento al contar los vehículos y los hombres.—Diana, por Dios. Dijiste que estabas bien, pero te fuiste con unos desconocidos y no volví a saber nada.—Estoy bien. Fue una emergencia y no tuve tiempo de explicar demasiado.Samuel miró a Akim. Conocía la existencia de mi matrimonio, lo había visto durante aquellos quince días, hace tres años, pero nunca se lo había presentado fromalmente.—É
Capítulo 4 —La parte que faltabaPOV DianaDurante los dos días siguientes, Akim se recuperó con una rapidez que parecía irritar al doctor Reeves tanto como tranquilizarlo.La mañana del alta lo encontré vestido y de pie junto a la ventana mientras Mikhail guardaba los medicamentos y las indicaciones médicas. La palidez todavía le marcaba el rostro y sus movimientos eran demasiado cuidadosos para fingir que estaba bien, pero al menos ya no parecía un hombre que pudiera morir en cualquier momento.Reeves terminó de revisar unos papeles y le entregó la carpeta a Mikhail.—Nada de esfuerzos ni viajes innecesarios. Si siente dolor intenso, fiebre o mareos, vuelve inmediatamente.Akim asintió con la paciencia de quien no tenía intención de cumplir más de la mitad.El médico dirigió los ojos hacia mí.—¿Usted entendió las indicaciones?—Las entendí perfectamente.—Entonces me quedo más tranquilo.Akim siguió a Reeves con la mirada hasta que salió.—Todos confían demasiado en mi esposa.—Has
Capítulo 3 —Lo que quedó firmadoPOV Diana—¿Qué demonios significa eso?Mikhail cerró la puerta de la habitación de Akim y me indicó que lo acompañara unos pasos por el pasillo. Lo seguí porque no quería discutir delante de una cama llena de tubos y máquinas, pero la paciencia empezaba a quedarme bastante lejos.—El señor Karsavin dejó instrucciones específicas —explicó—. Si alguna vez quedaba incapacitado para decidir por sí mismo, debíamos localizarla.—¿Cuándo decidió semejante cosa?Mikhail sostuvo mi mirada antes de responder.—El mismo día que se casaron.Sentí que algo se acomodaba mal dentro de mí. Yo había salido del registro civil convencida de que Akim y yo acabábamos de cumplir un acuerdo sencillo: él salvaba el rancho, yo facilitaba su permanencia en el país y después cada uno continuaba con su vida.Al parecer, mientras yo regresaba a mis tierras, él me estaba entregando responsabilidades que nunca se molestó en mencionar.Un hombre de bata blanca apareció desde el fond
Capítulo 2 —El apellido olvidadoPOV Diana:El ruido de los motores me hizo levantar la cabeza justo cuando estaba ajustando la cincha de una de las yeguas. No era un vehículo, eran varios.Me asomé por la puerta de la caballeriza y vi tres camionetas negras avanzando por el camino principal, levantando una nube de polvo que se extendía detrás de ellas. No reconocí ninguna y tampoco esperaba visitas a esa hora.—¿Y esto qué mier*da es?La yegua resopló a mi espalda como si compartiera la pregunta.Los vehículos se detuvieron frente a la casa, perfectamente alineados, demasiado impecables para pertenecer a alguien que tuviera algo que hacer en un rancho. Las puertas se abrieron casi al mismo tiempo y comenzaron a bajar hombres vestidos de oscuro.Trajes, zapatos que no durarían una semana entre barro y estiércol, lentes negros.Llevaban un pequeño auricular en la oreja y otro habló por un micrófono sujeto a la solapa mientras observaba alrededor.No necesité demasiado tiempo para enten
Capítulo 1 —Quince días despuésQuince días después de encontrar a Akim Karsavin cubierto de sangre en sus tierras, Diana estaba sentada a su lado firmando un acta de matrimonio.La idea seguía pareciéndole absurda incluso con la pluma entre los dedos.El funcionario esperaba frente a ellos con la expresión neutra de quien había visto demasiadas parejas pasar por el mismo escritorio como para interesarse demasiado por una más. No había flores, familiares ni fotografías. Solo papeles, dos testigos elegidos por Akim y un acuerdo que ambos habían revisado hasta dejar muy poco librado al azar.Akim firmó primero.Lo hizo sin vacilar, inclinado apenas sobre el escritorio. Todavía no estaba completamente recuperado y Diana podía reconocerlo en detalles que probablemente los demás no percibían: la rigidez al cambiar de posición, la forma en que protegía el costado antes de incorporarse y aquella pausa breve que hacía cuando un movimiento le exigía demasiado.Vestido con pantalón oscuro, cami







