Share

3. Condiciones

Author: Catartsis
last update publish date: 2026-06-13 23:00:17

El eco amargo de la tajante negativa de Leonardo todavía vibraba en el aire cuando la puerta del salón se cerró de golpe tras él. Durante varios segundos, nadie en la enorme mesa de caoba fue capaz de articular palabra. El silencio resultaba tan denso y sofocante que Camila podía escuchar el galope acelerado de su propio corazón retumbando contra sus costillas.

Le costaba trabajo hasta respirar. Y no porque le sorprendiera la crueldad de su rechazo; al fin y al cabo, ella siempre había tenido claro que un hombre como él jamás la elegiría por voluntad propia. Lo que desgarraba por dentro era ver su propia dignidad expuesta y pisoteada frente a todos. Frente a la altiva aristocracia de los Montenegro, frente a Andrea y frente a una familia entera que la juzgaba de antemano como una oportunista.

Por un instante, sintió el deseo frenético de ponerse de pie, salir corriendo de la mansión, refugiarse en su pequeño estudio entre el olor familiar del óleo y fingir que aquella humillación jamás había ocurrido. Pero sus piernas, completamente paralizadas por el impacto, no respondieron.

—Esta conversación ha terminado —declaró Alejandro con la fría serenidad de un juez, cortando la tensión.

Sin embargo, los pasos firmes de Leonardo regresaron bruscamente desde el pasillo. Había vuelto a entrar al salón, con el rostro desencajado por una mezcla explosiva de furia e incredulidad.

—Esta conversación ni siquiera ha empezado, padre —soltó Leonardo, deslizando su silla con brusquedad al acercarse de nuevo a la mesa—. No voy a casarme con ella. Olvídate de esa locura.

—Sí lo harás —replicó el patriarca sin mover un solo músculo de la cara.

—¿Y si me niego? ¿Qué vas a hacer?

Alejandro lo sostuvo con la mirada durante unos segundos eternos. Era ese tipo de fijeza helada que solía hacer retroceder a directivos y competidores por igual, pero Leonardo era su reflejo exacto: igual de terco, dominativo y orgulloso. Ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder un solo milímetro.

—Si te niegas —respondió finalmente Alejandro, apoyando los puños sobre la madera—, perderás tu puesto como director ejecutivo y serás apartado de forma inmediata de la línea de sucesión del grupo.

Un murmullo de asombro recorrió la mesa. Los tíos y abogados comenzaron a intercambiar miradas de pánico. Leonardo frunció el ceño, apretando la mandíbula hasta marcar los músculos del rostro.

—No puedes hablar en serio.

—Nunca he hablado tan en serio en toda mi vida.

—¡Soy quien ha levantado las tres divisiones más rentables de la compañía en los últimos cinco años! —espetó Leonardo, alzando la voz por primera vez—. ¡Soy quien dirige la firma en la práctica!

—Y seguirás haciéndolo, siempre y cuando firmes el contrato y aceptes las condiciones —respondió el anciano con una calma que desarmaba.

—¿Me estás chantajeando con el trabajo de mi vida?

—Te estoy dando una elección.

—¡Esto no es una elección, es una emboscada!

—Llámalo como quieras.

El tono metódico de Alejandro solo servía para avivar las llamas de la rabia de su hijo. Camila observaba la escena petrificada, sintiendo la punzada amarga de ser un simple peón atrapado en medio de una guerra entre dos titanes. Ella era el trofeo indeseado, el detonante de una disputa que amenazaba con destruir el imperio Montenegro.

—¡Esto es sencillamente ridículo! —intervino Victoria, incapaz de contener la indignación por más tiempo—. Si Leonardo necesita un matrimonio por imagen para cumplir con las malditas cláusulas, existen docenas de mujeres en nuestro círculo social con apellido, clase y estatus. ¡Cualquiera menos ella!

Camila bajó la mirada hacia el mantel blanco, tragándose el nudo que le quemaba la garganta. No necesitaba escuchar más para confirmar lo que Victoria pensaba de ella. Jamás le había perdonado su existencia; desde que era una niña, la matrona la había tratado como una presencia incómoda, como un recordatorio indeseable que prefería barrer bajo la alfombra.

—Camila es infinitamente más adecuada que cualquiera de las cazafortunas que tienes en mente, Victoria —la atajó Alejandro con una dureza repentina.

—¿En serio? —se burló la mujer con amargura—. ¿Una muerta de hambre que pinta cuadros en un apartamento diminuto y miserable?

—Una mujer que trabaja con sus propias manos para ganarse la vida sin pedirle nada a nadie —corrigió el patriarca, elevando la voz—. Camila jamás le ha exigido un centavo a esta familia. Jamás ha intentado aprovecharse de mi apellido ni de mi posición.

—¡La defiendes porque estabas obsesionado con su madre! —estalló Victoria, perdiendo el control por completo.

La habitación quedó congelada en el acto. El impacto de esa frase hizo que Camila levantara la cabeza de golpe, chocando con la mirada incómoda del resto de los presentes. Algunos abogados bajaron la vista disimulando; otros fingieron toser.

Alejandro no se movió, pero un destello de pura sombra cruzó sus ojos oscuros, una chispa tan peligrosa que hizo que la propia Victoria diera un paso atrás, arrepentida al instante.

—Mide muy bien tus palabras, Victoria. Es la última vez que te lo advierto —dijo el patriarca en un susurro letal que cortó el aire como una navaja.

La mujer apretó los labios con rabia, pero guardó silencio.

Fue entonces cuando Andrea, sintiendo que el control de la situación se le escapaba entre los dedos, decidió intervenir. Se pasó una mano por el impecable peinado y dio un paso hacia Alejandro, intentando proyectar una voz dulce, respetuosa y dolida.

—Con todo respeto, señor Montenegro... creo que esta decisión también me destroza a mí. Leonardo y yo llevamos más de dos años juntos. Nos queremos, tenemos planes de futuro...

Alejandro se giró despacio hacia ella. Por primera vez en toda la velada, una leve sonrisa apareció en el rostro del anciano. Pero no era una sonrisa de empatía; era un gesto cargado de una decepción fría y despiadada.

—No, señorita Salazar. No se confunda —dijo él pacientemente—. Usted no quiere a mi hijo.

Andrea parpadeó, perdiendo por un segundo su fachada perfecta.

—¿Perdón?

—¿Cree que no sé nada de usted? —Alejandro comenzó a caminar despacio alrededor de la mesa—. ¿Quiere que hablemos frente a los abogados de los contratos gubernamentales que su padre intentó cerrar usando el prestigio de mi apellido?

El rostro de Andrea perdió todo el color.

—¿O preferiría que revisáramos las llamadas donde usted presionaba a Leonardo para acelerar el compromiso justo después de que la constructora de su familia entrara en números rojos? —continuó Alejandro, implacable—. Tengo tres meses de auditorías e investigaciones privadas sobre mi escritorio. Sé perfectamente lo que decía en sus reuniones privadas sobre cómo convertirse en la 'Señora Montenegro' era el mejor movimiento estratégico para su carrera.

El silencio en el comedor era atronador. Nadie se atrevía a respirar.

Leonardo tensó los hombros, mirando a Andrea con la duda sembrada en la mirada.

—Padre... —intentó decir el joven.

—Investigué a fondo porque mi deber es proteger esta familia —sentenció Alejandro, fijando sus ojos en la chica, que ahora temblaba de rabia y vergüenza—. Y lo único que encontré fue a una mujer ambiciosa, interesada únicamente en el poder, el dinero y las puertas que este apellido le pueden abrir. No voy a permitir que alguien así ponga las manos sobre la estructura de esta empresa. Y mucho menos voy a permitir que sea la esposa del futuro presidente.

Andrea apretó los puños, con las lágrimas de frustración al borde de los ojos, incapaz de articular una sola excusa. La máscara se le había caído por completo frente a todos.

—Aunque todo eso fuera verdad —interrumpió Leonardo, dando un paso al frente para encarar a su padre y desviando la atención—, ¡eso no significa que yo deba condenarme a casarme con Camila!

Alejandro se giró y miró a su hijo fijamente a los ojos.

—No. Significa que necesitas a tu lado a una mujer que no busque destruir el imperio, a alguien que conozca el verdadero valor de la lealtad.

Por un segundo, los ojos del anciano se desviaron hacia Camila. En el fondo de su mirada había algo más, una sombra del pasado, un secreto antiguo relacionado con su madre que aún no estaba dispuesto a revelar en esa mesa. Camila sintió un escalofrío al notar esa conexión implícita, pero no tuvo tiempo de procesarlo.

Alejandro dio un golpe seco sobre la mesa con la palma de la mano, dictando la sentencia final:

—Tienen exactamente una semana para fijar la fecha de la boda civil y firmar el contrato de cuatro años. Si para el próximo viernes no hay acuerdo, la junta directiva asumirá el control de la firma y Leonardo quedará fuera.

La habitación estalló en un caos de murmullos, gritos ahogados y reproches. Pero mientras Alejandro daba media vuelta sin mirar atrás, Camila comprendió con amargura que la trampa ya se había cerrado sobre ellos. La verdadera pesadilla apenas estaba comenzando.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • cuatro años para amarte    38

    Camila despertó antes de que sonara la alarma.Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo de su habitación mientras intentaba recordar dónde estaba. Había dormido poco y mal. Cada vez que conseguía cerrar los ojos, su mente regresaba a la conversación de la noche anterior, a Gabriel, a Sebastián Durán y a todas aquellas piezas del pasado que parecían estar conectándose de una manera que todavía no lograba comprender.Pero había algo que la inquietaba más que todo lo demás.Leonardo.Recordó la forma en que la había mirado cuando ella le contó lo que había descubierto. No había sido la mirada fría del hombre que había conocido años atrás. Tampoco la del empresario calculador que parecía tener una respuesta para todo.Había miedo.Miedo real.Y eso era lo que más le preocupaba.Porque si Leonardo Montenegro tenía miedo, entonces quizás ella todavía no entendía hasta qué punto estaba metida en aquel

  • cuatro años para amarte    37

    La noche que nadie recuerdaDurante varios segundos, ninguno de los tres dijo una sola palabra.Camila seguía junto a la puerta, con el teléfono pegado al oído y la mirada fija en un punto vacío de la pared. Del otro lado estaba Gabriel. En la llamada estaba Leonardo. Y entre ambos hombres existía una parte del pasado que ella había pasado toda su vida intentando encontrar sin siquiera saber que la estaba buscando.—¿Qué más recuerdas? —preguntó finalmente.La voz de Leonardo tardó en aparecer.—Muy poco.—Intenta.—Camila, tenía siete años.—Lo sé.—Era de noche. Recuerdo que estaba en una casa que no conocía. Había una discusión.Camila sintió un escalofrío.—¿Entre quiénes?Leonardo respiró profundamente.—Tu madre y mi padre.El silencio que siguió fue insoportable.Camila miró hacia la puerta.Gabriel tampoco dijo nada.—¿Aleja

  • cuatro años para amarte    35

    El hombre de la fotografía Camila no podía dejar de mirar la fotografía. La tenía entre los dedos, pero sentía como si no fuera realmente suya. Como si perteneciera a una vida que había ocurrido mucho antes de que ella existiera y que, sin embargo, acababa de convertirse en el centro de la suya. Su madre estaba allí. Valeria. Joven, sonriente, con aquella expresión que Camila recordaba de las pocas fotografías que conservaba de ella. A su lado estaba Sebastián Durán. Y junto a ellos, un hombre que Camila había visto apenas unas horas atrás en una fotografía que alguien le había enviado. Gabriel. El hermano de Sebastián. El hombre que aparentemente llevaba años esperando volver a encontrarla. —No puede ser —murmuró Camila. Leonardo permaneció frente a ella. —Tenemos que irnos. Camila levantó la mirada.

  • cuatro años para amarte    36

    La verdad que faltabaCamila permaneció frente a la puerta sin atreverse a mover un solo músculo.Del otro lado estaba el hombre que había aparecido en fotografías antiguas, el hombre cuyo nombre había comenzado a perseguirla durante los últimos días y, según la carta de su madre, alguien que podía conocer la verdad sobre su nacimiento.Gabriel.Su corazón golpeaba con tanta fuerza que podía sentir cada latido en el pecho.Pensó en llamar a Leonardo.Pensó en pedir ayuda.Pensó incluso en alejarse de la puerta y esperar a que aquella persona desapareciera.Pero entonces recordó la última frase de la carta."Hubo otro hombre."Y debajo de aquellas palabras estaba el nombre de Alejandro.Camila apretó los dedos alrededor del teléfono.—¿Cómo sé que realmente eres Gabriel?Del otro lado hubo silencio.Después una respuesta tranquila.—Porque tu madre me

  • cuatro años para amarte    33

    Camila permaneció junto a la ventana hasta que el automóvil de Leonardo desapareció al final de la calle.No sabía por qué había aceptado que se marchara.Quizás porque necesitaba estar sola.Quizás porque todavía no sabía qué pensar.O quizás porque, por primera vez, había comprendido que todo aquello era mucho más grande de lo que había imaginado.La carta de su madre seguía sobre la mesa.Camila regresó lentamente hacia ella y volvió a leerla.No había muchas palabras. Apenas unas líneas escritas con la letra que había aprendido a reconocer desde niña. Sin embargo, cada una parecía pesar más que la anterior."Si alguna vez alguien llamado Gabriel intenta acercarse a ti, no confíes en él."Su madre había escrito aquello antes de morir.Eso significaba que había conocido a Gabriel.Pero también significaba algo todavía más inquietante.Había sabido que algún día podía intenta

  • cuatro años para amarte    32

    Leonardo supo que algo había ocurrido antes de que Camila dijera una sola palabra. La encontró fuera de la galería, sentada en uno de los escalones de la entrada, con el teléfono entre las manos y la mirada perdida en algún punto de la calle. Había llegado apenas unos minutos después de recibir su llamada y, aunque había intentado convencerse de que probablemente estaba exagerando, la expresión de Camila borró cualquier posibilidad de tranquilidad. Bajó del automóvil y caminó rápidamente hacia ella. —Camila. Ella levantó la mirada. Por un instante pareció aliviada. Después recordó que él estaba allí y su expresión volvió a endurecerse. —¿Por qué tardaste tanto? Leonardo se quedó frente a ella. —Estaba en una

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status