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Capítulo 3

Yanis Sombra
Inés no pudo soportarlo más.

Quiso entrar al salón privado para reclamarle a Kevin, pero Milena la detuvo.

—No me ama. Ir a reclamarle solo sería humillarme más. Me voy a divorciar y empezar de nuevo. Ya estoy preparando la demanda. Hugo regresó y dijo que me ayudaría.

Inés se quedó quieta y preguntó con cautela:

—¿Quieres divorciarte para estar con Hugo?

Milena dijo:

—Esto no tiene nada que ver con él. Quiero alejarme de Kevin y rehacer mi vida. Este matrimonio me está ahogando.

Trinidad había pasado tres años enteros en terapia intensiva y, al final, también la había dejado.

Cada vez quedaban menos cosas que realmente le importaran.

Inés sintió un nudo en el pecho.

Comieron sin ganas y casi no hablaron.

Kevin salió del salón privado con Alondra y Joel.

Llevaba a Joel en brazos.

Vio a Milena, pero actuó como si ella no existiera.

Milena tampoco pensaba hablarle y siguió comiendo.

Alondra, en cambio, se acercó con una sonrisa y dijo en voz baja:

—Milena, te presento a Joel, el hijo que tuve con Kevin.

Inés estaba furiosa y a punto de insultarla.

Milena alzó la vista sin perder la calma.

—¿Qué pasa? ¿Vienes a presentarme al hijo que tuviste con mi esposo y todavía esperas que te dé mi bendición? Entonces, ¿piensas presentarte como su novia o como su amante? Dímelo de una vez, para saber qué trato darte.

El rostro de Alondra se crispó.

La vergüenza y la furia la dejaron sin palabras.

Luego se volvió hacia Kevin con aire indefenso.

—Mira qué grosera es.

Él miró a Milena con frialdad.

—Últimamente estás muy alzada. ¿Será que te he consentido demasiado?

Milena lo miró con desdén.

—Entonces dile a Alondra que me deje en paz. Que cada quien siga con su vida y no se meta con el otro.

Kevin frunció el ceño, puso a Joel en brazos de Alondra y le dijo en voz baja:

—Llévatelo a casa primero.

—¿No dijiste que ibas a pasar la noche con él?

—Papi, quiero que duermas conmigo —pidió Joel.

Kevin lo tranquilizó con dulzura.

—Pórtate bien. En cuanto termine, voy contigo.

Aunque solo se separarían un rato, Alondra y Joel se despidieron de él como si nunca fueran a volver a verlo.

Kevin los miraba con una paciencia y un cariño que jamás había tenido con Milena.

Inés respiraba agitadamente de la rabia y maldijo entre dientes:

—Qué ridículos.

Milena también tenía el rostro tenso.

Ya no quería seguir con Kevin, pero aquella escena la enfurecía.

Moría de ganas de acercarse y darles una bofetada a él y a Alondra.

Cuando Alondra y Joel se fueron, Kevin se sentó a observar a Milena mientras comía.

Incómoda bajo su mirada, ella preguntó:

—¿Quieres algo?

Kevin se puso de pie.

—Vamos a casa. Hablamos allá.

Al quedar frente a ella, su figura alta se impuso sobre Milena.

A ella se le quitó por completo el apetito.

—¿No me habías bloqueado en WhatsApp? Lo que tengas que decirme, puedes decírmelo aquí.

Inés lo miró, incrédula.

Kevin cada vez lograba sorprenderla más.

¡Hasta había bloqueado a Milena!

Kevin sonrió con burla.

—¿Estás segura de que puedes pagar por incumplir el acuerdo?

—Ya entendí.

Milena tomó su bolsa y se fue con él.

Era la primera vez en tres años que se subía a su carro.

En la cochera de Villa Bellavista, Kevin tenía siete carros de lujo.

Nunca le había permitido a Milena usar ninguno.

—Mis carros no son para alguien como tú. Aprende a mantenerte en tu lugar.

Eso le había dicho el día de su boda.

Desde entonces, Milena no había vuelto a acercarse a ninguno.

Una vez dentro, Kevin cerró la puerta del carro y la miró de reojo.

Ella no se dio cuenta.

Estaba absorta en el celular, escribiéndole a Pablo por WhatsApp.

“Puedo empezar a trabajar cuando quieras.”

Pablo respondió al instante: “Entonces mañana. Ya te tengo reservado el puesto. ¡Te garantizo que te va a gustar!”

Milena sonrió. “¡Gracias!”

Al verla tan concentrada en el celular, Kevin sintió el impulso de quitárselo.

De pronto sonó el suyo.

Era una videollamada de Alondra.

La rechazó.

Milena no pudo evitar burlarse.

—De todos modos, ya voy a divorciarme de ti. No me importa si contestas la videollamada de Alondra. Después de todo, fui yo la que se interpuso entre ustedes todos estos años.

Kevin entreabrió los labios y se inclinó hacia ella.

Su aroma la envolvió.

Molesta, Milena intentó apartarlo, pero él le sujetó la muñeca.

—Si no te importa, ¿para qué te fuiste de la casa? ¿Para qué preparaste el convenio de divorcio? ¿Quieres llamar mi atención? Te lo digo de una vez: no vas a conseguir nada con eso.

Milena se arrimó a la ventana y respondió con calma:

—No necesito tu atención. El trato era que me casara contigo y te cuidara mientras estuvieras enfermo. Ahora que ya estás bien, me toca irme. Así tú y Alondra pueden estar juntos y tú puedes reconocer públicamente a Joel como tu hijo. ¿Ves cuánto pienso en ti?

No tenía intención de competir con Alondra.

Al fin y al cabo, Alondra tenía todas las de ganar; ella, en cambio, no tenía nada a su favor.

Solo quería divorciarse cuanto antes.

No pensaba seguir soportando aquel enredo interminable.

La mirada de Kevin se oscureció.

—En este matrimonio mando yo. Tú no decides cuándo nos divorciamos. Te casaste conmigo por un millón de dólares, así que ahora te toca aguantar todo lo que venga con eso. Cumple con tu papel de esposa y no te hagas ilusiones con el divorcio.

Milena soltó una risa seca.

—¿Y alguien sabe que soy tu esposa?

Kevin se aflojó la corbata, irritado.

—Con que yo lo sepa basta. Hazme caso.

Milena sostuvo la mirada sombría de Kevin, sin entender qué pretendía.

—Alondra ya me lo contó todo. ¿No vas a reconocerla públicamente y también a tu hijo?

—Eso es asunto mío. No te metas.

—Ya entendí —respondió ella, apagada.

Alondra volvió a llamar.

Kevin le ordenó al chofer:

—Detente.

Luego se volvió hacia Milena.

—Bájate. Voy a desbloquearte en WhatsApp. Y no vuelvas a hablar del divorcio.

Milena ni se molestó en contestar.

“¿Crees que todos tienen que obedecerte? ¿Crees que puedes impedir el divorcio solo porque tú quieres? Puedo demandarte. Ante un juez no decides tú. Tiene que haber alguna forma de ponerle fin a esto.”

El carro de Kevin se alejó a toda velocidad.

Conseguir un taxi en esa zona era difícil.

Milena abrió la aplicación de transporte y vio que tenía más de noventa solicitudes por delante.

Murmuró entre dientes:

—Desgraciado. Insiste en traerme hasta acá y luego me deja sola.

Milena estaba intentando pedir otro tipo de carro cuando recibió una llamada de Salomé, la madre de Kevin.

Su tono seguía siendo igual de autoritario, como si Milena fuera su sirvienta.

—Pasado mañana es la fiesta de cumpleaños de la abuela de Kevin. ¡Ven a ayudar con los preparativos!

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