Teilen

Capítulo 4

Yanis Sombra
Para cuidar de Kevin, Milena había aprendido a cocinar muy bien.

A toda la familia Escobar le encantaba su comida, pero nadie la respetaba.

Cada vez que iba a una reunión familiar en Casa Escobar, la trataban como a una sirvienta.

Kevin jamás había intervenido para defenderla.

Antes, Milena los había soportado porque necesitaba su ayuda.

Ahora Trinidad había muerto y ella iba a divorciarse.

Ya no tenía por qué complacerlos.

Se negó sin pensarlo.

—Señora Salomé, Kevin ya está bien. Ya no tengo por qué seguir cuidándolo. Estamos tramitando el divorcio y no pienso seguir siendo la sirvienta de la familia Escobar. Búsquese a otra persona a quien darle órdenes.

Salomé nunca le había permitido a Milena llamarla mamá.

Durante tres años, Milena había obedecido.

Antes, esa frialdad incluso la había hecho llorar.

Kevin le había dicho:

—Solo es una forma de llamarla. ¿Por qué te importa tanto?

Ahora, en cambio, a Milena le parecía perfecto.

Tampoco quería tener un trato cercano con aquella mujer tan cruel.

Salomé se burló:

—Trinidad acaba de morir y ya vas a dejar a Kevin. Al final, no hiciste más que venderte como si fueras mercancía.

Milena estaba acostumbrada a sus ataques.

—Piense lo que quiera. Usted y yo ya no tenemos nada que ver.

Colgó la llamada, bloqueó el número y eliminó el contacto.

A partir de ese momento, la familia Escobar no sería más que un grupo de desconocidos para ella.

Se habían acabado los días de fingir que eran una familia.

Era hora de empezar una vida nueva.

Al no poder comunicarse con ella, Salomé llamó a Kevin, furiosa.

—¡Milena ya se cree mucho! ¡Hasta me bloqueó! ¿Se van a divorciar? Mejor. Con la familia de la que viene, nunca ha estado a tu altura.

Kevin bajó la mirada.

—No vamos a divorciarnos. Solo está haciendo un berrinche. Se le va a pasar en unos días.

Estaba tan acostumbrado a la docilidad de Milena que no creía que fuera capaz de divorciarse sin importarle las consecuencias.

Durante tres años, ella había hecho todo lo que él le pedía.

—Entonces dile que venga a preparar la fiesta de tu abuela. Es pasado mañana.

Kevin frunció el ceño.

—Ya te dije que no la molestes con los asuntos de Casa Escobar. Para eso está el personal.

—¿Y tú no le das órdenes todos los días para que te atienda?

—¡Yo soy su esposo!

Colgó.

Furiosa por aquella nueva negativa, Salomé estrelló el celular.

Doña Escobar lo había visto todo.

—Te dije que trataras mejor a Milena, pero te empeñaste en hacerle la vida imposible. Mira, ahora ya se están separando. Kevin apenas acaba de recuperarse. ¿Tanto te costaba tratarla un poco mejor?

A doña Escobar le molestaba que Kevin no tuviera consideración ni por su propia familia.

Desde que se incorporó a la empresa familiar, había ido apartando de los puestos directivos a la gente de sus dos tíos.

Hasta ella, que había visto de todo, sentía cierta aprensión ante él.

En el fondo, lo que quería era causar problemas entre Kevin y Milena.

Y si de paso lograba hacer enojar a Salomé o complicarle un poco la vida a Kevin, mucho mejor.

Salomé no se dejó intimidar.

—Kevin tiene cualidades de sobra. Si deja a Milena, habrá muchas mujeres dispuestas a estar con él. La siguiente será mejor.

Doña Escobar la fulminó con la mirada.

—Tú también eres mujer. ¿Cómo puedes tratar así a Milena? Tanto que presumes de tu buena familia y de tus modales... Pues de educación no tienes nada.

A Salomé le dolió el pecho de la rabia.

Para ella, la culpable de todo seguía siendo Milena.

Fue a Villa Bellavista para reclamarle, pero no la encontró.

Sin darse por vencida, le ordenó a su hija, Rocío Escobar, que la llamara.

Tampoco logró comunicarse.

—Mamá, también me bloqueó a mí —dijo Rocío, molesta.

A Salomé le temblaban las manos.

—¡Malcriada! Todavía no se divorcia de Kevin y ya se atreve a ponerse así. Con esa actitud, que se olvide de seguir teniendo un lugar en la familia Escobar.

Rocío también estuvo de acuerdo:

—Exacto. Casarse con Kevin fue un golpe de suerte. También debería agradecerte por haberle dado esa oportunidad.

Pasaron un buen rato insultando a Milena.

Ella, ajena a sus ataques, estaba concentrada en el código que estaba escribiendo.

Puntual como siempre, Alondra volvió a mandarle un video de Kevin con Joel.

Milena grabó la pantalla sin pensarlo, y poco después Alondra eliminó el video, como siempre.

Milena decidió provocarla.

“La prueba de paternidad que me mandaste el otro día es falsa. No creas que no me di cuenta solo porque la borraste.”

Para su sorpresa, Alondra no respondió.

Milena esperaba conseguir alguna prueba que pudiera servirle, pero se quedó con las ganas.

Ya se había preparado para lo peor.

Aunque Kevin siguiera poniendo trabas y hostigándola, continuaría por la vía legal, incluso si tardaba otros dos años en acabar con todo aquello.

Era preferible a pasar muchos años más atrapada en ese matrimonio ridículo.

De todos modos, no quería quedarse con ninguno de sus bienes.

Si tenía que llevar el divorcio a juicio, lo haría.

Tarde o temprano, terminaría divorciándose. Solo era cuestión de tiempo.

Sin embargo, había algo que la aterraba: ese mes no le había bajado y ya tenía una semana de retraso.

Tenía miedo de estar embarazada.

No quería tener un bebé de Kevin.

A la mañana siguiente, pidió a una farmacia una prueba de embarazo a domicilio.

Aparecieron dos líneas.

Milena se quedó mirando la prueba, horrorizada.

Incluso a esas alturas, Kevin seguía complicándole la vida.

Decidió ir al hospital el fin de semana para programar una interrupción del embarazo.

Tener un bebé suyo solo le traería más problemas.

Además, estaba convencida de que los hombres solo querían a los hijos de la mujer que amaban.

Bastaba con ver cómo trataba Kevin a Joel.

***

Después de desayunar se presentó a trabajar en Potencia Neural, la empresa que había fundado Pablo.

Él le había reservado el puesto de directora de tecnología.

El asistente de Pablo le explicó cómo funcionaba la empresa.

Luego, Pablo la acompañó a su oficina y le preguntó con curiosidad:

—¿Tu esposo, el que estaba tan enfermo, por fin te dejó trabajar? ¿O falleció?

Milena estaba a punto de contestar cuando Kevin entró con Alondra.

Alondra miraba a Milena con una sonrisa burlona y el mentón en alto, como si quisiera dejar claro que Kevin le pertenecía.

Milena no podía creer hasta dónde habían llegado las cosas.

Alondra había tenido un hijo con un hombre casado y, lejos de avergonzarse, lo presumía.

Sabía que Joel, por ser hijo de Kevin, también tendría derecho a heredar.

Mientras Kevin siguiera dándoles dinero y apoyándolos, Milena poco podía hacer, por mucho que la humillaran.

Pero, en realidad, tampoco le importaba demasiado.

El dinero de Kevin no iba a ser para ella de todos modos, así que nada de eso era asunto suyo.

Kevin le lanzó una mirada helada y luego apartó los ojos.

Pablo, que desconocía la relación entre ellos, hizo las presentaciones con normalidad.

—Él es Kevin, uno de nuestros inversionistas. Fue el único que invirtió en la ronda previa a la serie A y volvió a aportar capital en la serie A. Actualmente es nuestro principal inversionista y uno de los miembros más importantes del consejo de administración.

Potencia Neural era una de las muchas inversiones de Kevin.

Sin embargo, como la empresa se dedicaba al sector de la capacidad de cómputo y tenía un enorme potencial de crecimiento, Kevin siempre le había prestado mucha atención.

Milena fingió que no lo conocía y lo saludó con un movimiento de cabeza.

Él no respondió.

Alondra estuvo a punto de soltar una carcajada.

Su expresión lo decía todo: “¿De qué te sirve estar casada con él si ni siquiera quiere reconocerte como su esposa?”

Milena no podía hacer nada ante aquel desprecio.

Pablo percibió algo extraño entre los tres, pero no le dio importancia.

Milena ha tenido una vida muy difícil. ¿Qué podría tener que ver ella con Kevin?

Entonces la presentó con evidente orgullo.

—Ella es Milena. Estudiamos en la misma universidad y es la persona con más talento técnico que conozco. Le ofrecí un excelente sueldo para que se incorporara como nuestra directora de tecnología. La invité a trabajar con nosotros desde que fundé la empresa, pero su esposo estaba enfermo y no quiso que aceptara la oferta. No sé qué se le pasaba por la cabeza para impedirle trabajar.

Milena entrecerró los ojos.

El rostro de Kevin se ensombreció.

Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • ¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé   Capítulo 30

    Pablo escuchó el alboroto y se acercó de inmediato. Al ver la marca roja e hinchada en el rostro de Milena, habló con una frialdad cortante:—¿Así tratas a tus invitados, Nayeli? Milena vino porque Gaspar me pidió expresamente que la trajera. Si no, no estaría aquí. Es mentira que quiera aprovecharse de ustedes. Y, si vuelvo a escuchar acusaciones sin fundamento como las que acabas de hacer, no voy a dudar en proceder legalmente.Luna estaba a un lado, angustiada, abrazando con fuerza su muñeca. Alondra frunció el ceño.—Cómo defiendes a Milena, Pablo. Cualquiera pensaría que hay algo entre ustedes.Él la miró con severidad.—No creas que, porque Kevin te respalda, puedes difamar a quien quieras en público.Kevin intervino sin cambiar de expresión.—Pablo, estás exagerando.Milena se sintió conmovida. Pasara lo que pasara, Pablo siempre se mantenía firme a su lado. Kevin, en cambio, fingía no ver lo que ocurría frente a él.Estaba bien. De cualquier forma, al final no serían más qu

  • ¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé   Capítulo 29

    Kevin era cruel y desleal. Había pisoteado el amor sincero que Milena le había entregado durante años.Como era de esperarse, él, Alondra y Joel se convirtieron en el centro de atención de la noche.La celebración de Luna había pasado a segundo plano. Todos rodeaban a Kevin para conversar con él, con la esperanza de recibir algún consejo de aquella figura legendaria del mundo de las inversiones.Alondra disfrutaba enormemente de los halagos que recibía.Luna se acercó con la muñeca que le había regalado Milena y le sonrió.—Eres muy bonita. Tan bonita como mi muñeca.Nayeli tenía grandes expectativas para Luna y no le permitía jugar con muñecas ni con juguetes parecidos.Consideraba que la distraían de sus estudios.Milena miró a Luna con ternura.—La compré porque pensé que te gustaría. Me alegra haber acertado.Luna le tomó la mano y Milena se conmovió. ¿Algún día podría caminar así, de la mano de su propio bebé?Miró a la familia que parecía tan feliz a unos pasos de distancia.

  • ¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé   Capítulo 28

    Milena dijo:—Quiero cortar todos los lazos con él. Su dinero me ha costado demasiado caro. Acepté un millón de dólares y pasé tres años pagando el precio. Ya tuve suficiente.Inés lo veía de otra manera.—Si tú no lo gastas, Alondra lo va a gastar por ti.—Que haga lo que quiera.Milena ya no tenía ánimos para ocuparse de ellos.Solo quería pasar aquel periodo en paz y conseguir el divorcio, aunque tuviera que esperar.A Inés le daba mucha pena verla así, pero también la desesperaba.—Ojalá te esforzaras por tu matrimonio como te esfuerzas por tu carrera.Milena sonrió con amargura.—En estos tres años hice todo lo que pude y solo conseguí salir lastimada. Ya no tiene sentido. No me ama. Haga lo que haga, no va a servir de nada. A Alondra la quiere, y todo lo que ella hace le parece bien.***Esa noche, Milena trató la fiesta de cumpleaños como cualquier compromiso de trabajo y se puso un traje azul.Al llegar, descubrió que todos llevaban ropa de gala. Entre ellos, parecía que ella

  • ¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé   Capítulo 27

    Pablo tampoco lo entendía.—Kevin suele ser muy racional. ¿Por qué está tan obsesionado con Alondra?Inés frunció el ceño.—Porque la otra todavía le parece una novedad. Por muy mala que sea, él solo le ve lo bueno. Milena no le dio demasiada importancia. Se tomó del brazo de Inés.—No pasa nada. Hagamos otra cosa. Vamos por unas cajas sorpresa de figuras coleccionables. Así termino de llenar el mueble de mi casa.A Pablo no le interesaban esas cajas y decidió no acompañarlas.Inés estaba más enojada que Milena. Se pasó el camino insultando a Kevin y a Alondra.No entendía cómo Milena podía estar tan tranquila.—Tú lo amabas muchísimo.Milena respondió con indiferencia:—Antes. Ahora ya no. Estos días estoy trabajando en Núcleo Digital y los veo juntos a diario. Ya me acostumbré. Kevin me amenazó con atacar Potencia Neural. Simón investigó y confirmó que sí puede hacerlo. Así que ahora simplemente finjo que no existen. No vale la pena enojarme por personas ni por cosas que no signific

  • ¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé   Capítulo 26

    Milena retomó lo que estaba haciendo y respondió con indiferencia:—Si no quieres quedarte, nadie te obliga. Solo viniste a adornar tu currículum. Ni siquiera te importa participar en el proyecto. Al final, tu nombre va a aparecer junto al de los demás. ¿Para qué te lo tomas tan en serio?La paciencia se le estaba agotando. Si seguía mirando a Alondra, terminaría abofeteándola. La última vez que ella había empujado a Alondra, esta había acabado en el hospital. Después de eso, Kevin había hecho que ella fuera a Casa Escobar.Milena sabía que no podía enfrentarse a él. Era mejor no provocarlos.Ese día, Simón ya le había enviado el comprobante de entrega de la declaración de separación.A partir de ese momento, sus caminos habían empezado a separarse. Ella no quería que Kevin volviera a obligarla a fingir que seguían siendo una pareja.Alondra resopló con desprecio.—Como nadie te quiere, te volviste una amargada. Entiéndelo de una vez. Desde que nací, he estado por encima de ti. Tú

  • ¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé   Capítulo 25

    Milena comprendió por qué Kevin había estallado al mediodía. Había recibido la llamada de Simón.Estaba demasiado acostumbrado a tenerlo todo bajo control.Milena explicó:—Trabajo en una empresa que fundó un antiguo compañero de universidad. Kevin es uno de nuestros inversionistas.Simón se puso serio.—Dígame el nombre. Voy a investigar.—Potencia Neural.Él hizo varias llamadas. Milena se quedó esperando y, sin darse cuenta, se durmió.Cuando despertó habían pasado dos horas. Simón también había terminado sus averiguaciones. Su expresión era grave.—No le recomiendo seguir adelante con la demanda por ahora. Con los recursos de Kevin, no sería difícil perjudicar a una empresa joven. Por lo que pude ver al hablar con él hoy, temo que sí lo haría.Simón había visto a demasiados hombres volverse crueles con sus esposas después de serles infieles. Alguien en la posición de Kevin toleraría aún menos que Milena desafiara su autoridad.Ella lo escuchaba aturdida. Solo tenía una idea en

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status