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24 - ¡Me engañaste!

مؤلف: Rose Barbosa
last update تاريخ النشر: 2026-09-20 01:54:25

CRISTINA SANTIAGO

Parpadeaba, pero parecía que no veía nada. Solo repetía mentalmente: casado, casado, casado.

Mi primera reacción fue reír. Pero no era por humor, era por desesperación. Como cuando ves tu vida derrumbarse y lo único que consigues hacer es soltar una risita nerviosa. Debí haberle tirado piedras a una cruz en otra vida, solo eso explica las cosas que me pasan.

—Jajaja… claro, solo podía ser eso —dije, sin darme cuenta de que me estaba riendo en la cara de Sandra.

Ella me miró co
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  • ¡El jefe Zillonario es mi Marido Secreto!   52 - Una zorra, igual que tu hermana

    CRISTINA SANTIAGOLe estaba pidiendo al suelo que se abriera y me tragara entera. La vergüenza me envolvió por completo, caliente y pegajosa, mientras los ojos del mundo, o al menos los ojos de todos en la sala, se clavaban en mí. Mis piernas amenazaron con ceder y tuve que apoyarme en la pared para no desplomarme.Richard se aclaró la garganta con aquella expresión seria de quien intentaba esconder la risa o la incomodidad, no logré distinguir cuál de las dos, y Helen mantuvo una sonrisa contenida.— Cristina, querida —dijo Helen, acercándose con un aire demasiado maternal—. Vengan, siéntense. Creemos que es mejor que hablemos ahora mismo sobre los detalles finales de la boda.Sentí que el suelo daba vueltas. “Detalles finales de la boda”. Me vi empujada hacia un sillón como si fuera parte de la decoración de la sala. Ethan permaneció de pie, con la camisa todavía arrugada.Helen habló de flores, de colores, de servicios de banquete que ya habían contratado. Había llevado folletos, f

  • ¡El jefe Zillonario es mi Marido Secreto!   51 - ¡Yo no hice nada!

    ETHAN PETTERSONUNA HORA ANTESSalí de casa temprano, dejando a Cristina dormida, y vine a casa de Nico. Estaba sentado en el sofá de cuero, con el informe abierto entre las manos y los ojos fijos en las palabras que me informaban sobre los movimientos de Heitor y Beatriz.— Entonces es esto… —murmuré, más para mí mismo que para él.Nico me observaba, apoyado contra la mesa, con los brazos cruzados.— Heitor finalmente consiguió un socio tan canalla como él. —Cerré el informe y lo lancé sobre la mesa de centro—. Vicente Ross —dije, con una media sonrisa fría—. Ahora todo tiene sentido.Nico arqueó una ceja.— ¿Cómo consiguió contactar al hermano de Miranda?— No tengo idea. Pero esto no parece nada bueno. Vicente Ross no se metió en un negocio tan pequeño como este sin tener un propósito detrás. Si puso dinero en juego, es porque quiere algo más grande.Nico se acercó, apoyando las manos sobre la mesa.— ¿Qué crees que quiere?— Todavía no lo sé —admití, pensativo—. Pero sea lo que se

  • ¡El jefe Zillonario es mi Marido Secreto!   50 - Quita tus manos de mi mujer

    CRISTINA SANTIAGO— Cristina… —comenzó lentamente—. Tengo algo muy interesante que proponerte.Sinceramente, creo que nada bueno empieza así.— ¿Proponerme? —repetí, desconfiada—. Espero que no sea nada ilegal, porque ya tengo un historial de malas decisiones y estoy intentando reducir la lista.Rio suavemente, apoyando la barbilla sobre la mano.— Relájate, nada ilegal. Es... una propuesta profesional. Pero, claro, con un toque personal.Ay, perfecto. Ahí viene. Ethan me dejó traumatizada para el resto de mi vida.— ¿Puedes explicarte antes de que empiece a imaginar cosas equivocadas? —pregunté, cruzándome de brazos.— Claro. —Se inclinó un poco más hacia adelante—. Estoy abriendo una nueva empresa, algo prometedor, y quiero a alguien con tu talento para liderar el área de marketing.Ok. Eso sonaba… normal. Incluso bueno.Pero su mirada decía que no era solo eso.— ¿Y el toque personal sería...? —pregunté, esperando ya el desastre.Lauro sonrió, ese tipo de sonrisa que pone un hombre

  • ¡El jefe Zillonario es mi Marido Secreto!   49 - Debe ser el destino

    CRISTINA SANTIAGODesperté con todo el cuerpo adolorido. Cada músculo, cada pedacito de mí parecía querer protestar por haber participado en una maratón nocturna y, sinceramente, si hubiera una medalla para eso, yo merecía el oro.Abrí los ojos despacio y me encontré de frente con el techo blanco de la habitación de Ethan. Ese hombre me había destruido anoche. Mi espalda estaba acabada y mi zona lumbar, mejor ni hablar.Suspiré, cubriéndome el rostro con la almohada.“Cristina, ¿en qué momento de tu vida decidiste que acostarte con Ethan Petterson sería una buena idea?”, me pregunté mentalmente.¿La respuesta? Probablemente la primera vez que me besó y olvidé cómo se respiraba. No, no, fue cuando vi esa maldita sonrisa por primera vez.Aun frustrada, esbocé una pequeña sonrisa al recordar los flashes de la noche anterior, sus susurros cerca de mi oído, la forma en que me miraba y el toque de sus manos siempre manteniendo el control.Sí, podía odiar a Ethan el 80% del tiempo, pero dura

  • ¡El jefe Zillonario es mi Marido Secreto!   48 - Solo obedéceme

    ETHAN PETTERSONBeatriz estaba parada en medio de la sala, con una sonrisa demasiado dulce para ser sincera y un perfume fuerte que parecía querer disputarle territorio al oxígeno.— ¿Alianzas profesionales? —pregunté, viéndola mostrar otra sonrisa.— No todas tienen que ser... profesionales —respondió, mordiéndose el labio, mirándome de arriba abajo.Miré de reojo a Cristina. Estaba roja, de rabia, no de vergüenza. Si sus ojos fueran armas, Beatriz estaría tendida en el suelo en ese mismo instante.Volví a mirar a la hermana menor de Cristina y esbocé una media sonrisa.— Entiendo. Pero ya tengo todas las alianzas que necesito. —Mi voz sonó fría, y mis ojos buscaron los de Cristina—. Y algunas de ellas son irremplazables.Su mirada lo decía todo. Irritación, celos y un poco de placer escondido porque, de alguna manera, había dejado claro a quién pertenecía mi tiempo personal.Beatriz, sin embargo, no entendió el mensaje. O fingió no entenderlo.— Tal vez algún día cambies de opinión…

  • ¡El jefe Zillonario es mi Marido Secreto!   47 - Cobratriz ofreciéndose para “futuras alianzas”

    CRISTINA SANTIAGOVIERNES POR LA NOCHE.Rosália había salido hacía casi una hora para una cita con un tipo llamado “Steven del edificio 3”, que, según ella, “tiene cara de preparar una buena cena y además lavar los platos después”.Yo estaba en pijama, con el cabello recogido de cualquier manera y un tazón de palomitas sobre el regazo, intentando decidir si ponía una película de comedia o una de terror.Elegí comedia, porque mi vida ya era demasiado aterradora. Y también porque estaba sola. Puede que no crea en fantasmas, pero eso no significa que vaya a darles motivos para que me persigan.Me encantaba la casa de Rosália, era pequeña, pero muy acogedora, llena de plantas y cojines de colores que no combinaban con nada y, de alguna forma, combinaban con todo. La mejor parte era que aquí no tenía que encontrarme con Ethan Petterson y tendría un fin de semana libre de él.Ese hombre conseguía ser, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor que me había pasado en la vida.Estaba a punto de pone

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