¡Pum!El puño de Serafina impactó directo en el mentón de Claudio, y la mandíbula de este se dislocó de inmediato.Claudio quedó atónito. Pero, aunque lo golpearan, no aprendía la lección.La noche siguiente, en lugar de dormir en su tienda, fue otra vez a meterse en la de Serafina. Esta vez, sin embargo, se portó bien. No la tocó ni dijo nada. Solo se acostó en silencio.Serafina logró tolerarlo... apenas. Pero no pasaron ni dos días antes de que él recayera en sus viejas costumbres.Aquella noche, en la posada donde se alojaban, ambos fingían frente a los demás ser una pareja armoniosa, y compartían habitación como siempre. Cuando cerraron la puerta, Serafina empezó a preparar un lecho en el suelo.Claudio la levantó en brazos.—Yo voy a dormir en el suelo. Tú en la cama.—Usted es el emperador —respondió ella enseguida—. Su posición es más alta, debe dormir en la cama.Claudio contraatacó con calma.—Si hablamos de posiciones, tú eres la emperatriz. Y por rango, deberíamos compartir
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