Gabriel se detuvo a mitad de la frase, un destello vacilante cruzó su mirada y parecía dudar, como si quisiera decir algo más, pero se contenía.—¿Qué pasa? —preguntó Camila, sintiendo el corazón en la garganta por los nervios.Abrió ligeramente la mano, deseando tocarlo, pero la tensión la mantenía inmóvil.—Es que —comenzó Gabriel con una levísima sonrisa dibujándose en sus labios, y acercándose al oído de la mujer, susurró—, te extrañé muchísimo.—¡Gabriel, deja de asustarme así! —exclamó Camila, sintiéndose un poco exasperada.La situación le parecía a la vez cómica e irritante.Apenas terminó de reprenderlo con cariño, sus ojos se llenaron de lágrimas. Gabriel solo quería bromear un poco con ella y nunca imaginó que terminaría haciéndola llorar. Su mirada se llenó de pánico al instante y su rostro se palideció por la preocupación.—Tonta, ¿por qué lloras? —preguntó Gabriel, intentando desesperadamente acariciar la mejilla de Camila, pero ella se le adelantó y lo abrazó con fuerza.
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