La voz de Camila era baja, mitad súplica, mitad reclamo.Gabriel no le hacía caso a nadie, pero si era Camila quien se lo pedía, no le quedaba de otra.El cariño entre los dos era tan evidente que hizo que todos se sonrojaran.Aunque ni Gabriel ni Camila eran de darse aires, y con todos eran amables y cercanos, el grupo seguía un poco tenso por quiénes eran.Pero con semejante dosis de romanticismo frente a los ojos, la tensión no duró mucho.—Ay, el amor.—Camila, con lo dulces que son, después de esta cena seguro terminamos todas con diabetes, ¿no?Camila parpadeó y al segundo ya tenía la cara roja. Tosió discretamente.—No exageren, coman ya, todas sírvanse más. Óscar, tú también deja de preparar y come.Óscar miró a Gabriel de reojo, esperó su señal y solo entonces se sentó.Aunque aun así alcanzó a preparar dos langostinos antes de hacerlo, y le puso uno en el plato a Camila y otro en el de Gabriel.Pero el langostino no había terminado de caer en el plato de Gabriel cuando él ya
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