—Si no hiciera esto, ¿ibas a dejar de contarle cosas a Camila?Andrés la dejó sin palabras con una sola pregunta.Laia dudó un segundo:—¿Qué quieres decir?—Estabas espiando en mi oficina, ¿y todavía me hablas así? Con lo bien que te trato, y aun así andas de espía para Camila. Eso sí que duele.La voz de Andrés era totalmente tranquila, con un deje burlón que no se molestaba en disimular.Le encantaba hacerle la vida imposible a Laia. Pero eso no significaba que fuera ciego.En principio, Andrés había estado dispuesto a dejarla ir por lo del té.Pero pensándolo bien, si las cosas salían mal, él sería el que pagaría las consecuencias.Laia lo ponía a prueba sin el menor remordimiento.Si así eran las cosas, él tampoco iba a seguir fingiendo.Laia palideció un poco:—Yo no estaba espiando. Vine a traerte el té.—¿Qué fue lo que escuchaste?Andrés la interrumpió, pero antes de que ella pudiera responder, continuó:—De todas formas, no importa. Mientras cerramos este negocio, te quedas c
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