“¡Ni lo sueñes!”, pensó.Adrián lo había dicho así nada más, sin ninguna intención real de que ella hiciera nada. Entró al cuarto, fue al baño a darse una ducha, y al salir recogió su maleta; pero ahí se quedó parado, sin irse.Olivia quería llamar a su abuela, pero él seguía ahí estorbando. No lo soportó y lo apuró:—¿Cuándo te vas a largar?—¿Podrías ser un poco más amable? —Se acercó a ella por detrás.Olivia estaba sentada frente al tocador, deshaciendo su peinado.Él extendió la mano y le quitó la liga del cabello; luego se inclinó y la abrazó por detrás.En el espejo, su cara estaba pegada a la de ella.A Olivia ya no le gustaba nada que él se le acercara así. Cada vez que lo hacía, le venía a la mente el perfume de Paulina, y le revolvía el estómago.Apenas se movió un poco, todavía sin llegar a forcejear, cuando él la apretó con más fuerza.—Me voy a un viaje largo, ¿y ni siquiera me das buenos deseos? —le dijo al oído.En ese momento, Olivia se dio cuenta de que seguía siendo
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