Rosa seguía en el hospital, así que respondió que no.Aunque ignoraba adónde había ido Olivia, sabía que se había ido para siempre. Igual que ella, que jamás querría que el hombre del que había huido volviera a encontrarla, tampoco querría que su esposo la hallara.Por eso, fuera de decir que no, todo lo demás era un “no sé”.Adrián colgó el celular, frustrado.Intentó llamar a Olivia una vez más. La llamada no entró.Abrió la aplicación de cámara de seguridad en su celular y solo encontró oscuridad.¿Las luces de la sala apagadas?¿Estaría durmiendo en la habitación?Adrián arrugó la frente; empezó a sentirse intranquilo.—Adri —dijo Paulina, con el rostro tenso de preocupación—, ¿por qué no mandas a Beto a que vaya a ver?—No es nada —respondió, ya cruzando el vestíbulo del hotel hacia su habitación—. Seguro se cansó de mí y apagó el celular. ¿Lo habría vuelto a bloquear?“Si me vuelve a bloquear, cuando regrese le voy a jalar las orejas”, pensó Adrián con el ceño fruncido.—Adri, ¿
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