Olivia tomó el celular y volvió a ponérselo en la oreja a Adrián. Del otro lado de la línea, Beto gritó un par de veces:—Adri, Adri, no te habrás quedado dormido, ¿verdad?—Mmm... —murmuró Adrián, aturdido por el alcohol—. Cuida a Pau...—Adri, ¿qué necesidad tienes? ¡Cuídala tú! —Beto dejó escapar un suspiro al otro lado de la línea.Olivia no supo si le estaba fallando la vista, pero le pareció ver una lágrima resbalar por la comisura del ojo de Adrián.Y cuando escuchó la voz entrecortada de su esposo, confirmó que no se había equivocado; en verdad estaba llorando.Con lágrimas en los ojos, él le dijo a Beto:—Ya es imposible, en esta vida será imposible. Tengo que hacerme responsable de Olivia, no puedo... Pau... Pau...—Bueno, descansa, ya voy a colgar. Ay...La llamada terminó con un largo suspiro de Beto. Olivia dejó el celular al lado de Adrián, sin sentir ya ninguna alteración emocional.“No pasa nada, Adrián, te voy a dejar el camino libre”.Agradecía aquella borrachera, pue
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