Se connecterOlivia sonrió.—Beto es una persona muy desconfiada. Si se lo enviamos directamente, va a pensar que es una trampa. Es mejor que él se esfuerce en investigar; solo así terminará de convencerse. Esa es la primera razón, pero la segunda es la más importante.—¿Cuál? —El muchacho la miró con curiosidad.—La segunda es que yo no tengo ninguna prueba. ¿Cuándo me diste evidencia contundente? Solo inventé un nombre de archivo. ¡Los documentos están llenos de canciones infantiles! —dijo Olivia entre risas.El joven quedó atónito.—Yo... ¡yo pensé que tenías pruebas de sobra!Olivia negó. Solo fue un señuelo.No sabía si ese idiota de Adrián ya se había enterado de que Beto lo traicionó, pero eso no importaba. Lo que ella planeaba hacer no tenía nada que ver con Adrián ni requería pruebas suficientes. Solo necesitaba que Beto entrara en pánico. Un animal acorralado es capaz de cualquier cosa, y una persona desesperada pierde la cabeza igual.—¡Increíble! —exclamó el muchacho—. Fue demasiado arr
Paulina dio por hecho que estaba acabada.Adrián lo sabía todo, y no iba a dejarla ir, así como así. Pero, contra todo pronóstico, él solo se levantó tras unas cuantas risas burlonas, se fue y la dejó sola en el privado.Tras unos segundos de estupor, reaccionó y llamó a Beto.—¡Beto! ¡Beto! ¿Qué hago? ¡Adri lo sabe todo! ¡Sabe que mi hijo es tuyo! ¡Sabe que la voluntaria de la preparatoria no era yo, y que tampoco hice las grullas de papel! ¿Qué hago, Beto? ¿Qué hago?Él le colgó sin decir una palabra.Paulina no se dio por vencida y volvió a marcar, pero Beto ya la había bloqueado. Se le fue el alma al piso: ¿cómo era posible? ¿Cómo podía hacerle esto? ¿No habían quedado en que la trataría bien a ella y a su hijo? ¿No habían quedado en que los mejores días estaban por venir?—¡Beto, eres un desgraciado! —chilló con la voz desgarrada, pero ya no había nadie que la oyera ni que fuera a consolarla.***Cuando Adrián salió del restaurante, los meseros que lo habían retenido momentos ante
Adrián actuó como si no hubiera escuchado. Desbloqueó su celular y vio que seguía abierta la página del correo electrónico, incluso en la pestaña de archivos adjuntos.—Adri... nuestro bebé... me duele mucho... —Paulina se agarró el vientre, fingiendo dolor, con la esperanza de esquivar las consecuencias de que Adrián la descubriera revisando su celular.Pero él permaneció impasible; limitándose a observarla con desdén.Paulina se apoyó en la mesa para ponerse de pie, con los ojos anegados en lágrimas.—Adri, si ya no te importa nuestro bebé, iré sola al hospital... —Sollozó—. Me duele mucho...Hacerse del rogar y, al final, llorar un poco. Lo de siempre.Adrián se sentó y la observó actuar.Paulina terminó su escena, pero no se fue; se quedó esperando a que él la detuviera. Esperó y esperó, hasta que al final Adrián se limitó a una réplica demoledora:—¿No te ibas? Creí que Beto te estaba esperando.Paulina se puso pálida.—Adri, ¿de qué hablas?—¿Hace falta que te lo explique? —respo
—¿No estarás exagerando? Adri es el que más valora la hermandad entre nosotros. Él mismo dijo que no tenía familia y que nosotros éramos lo más cercano que tenía. ¡No puede estar sospechando de ti!—¡Tú lo dijiste: eso fue antes! —respondió Beto—. ¡Inútil! Enciende la videollamada, apunta la cámara a su celular y déjame ver.Paulina le devolvió el insulto, pero aun así encendió la videollamada para que pudiera ver.Buscaron en todas las aplicaciones y carpetas cualquier cosa relacionada con él. No encontraron nada. El correo fue revisado varias veces; Beto llegó a ver incluso algunos correos comerciales de Adrián, pero tampoco había nada que lo involucrara.—No puede ser... ¿En serio Adri no sospecha nada? —murmuró para sí mismo, hasta que recordó algo—. ¡Revisa su correo, fíjate si hay otra cuenta vinculada!Paulina hizo lo que le indicó. Abrió la aplicación y descubrió que, en efecto, había otra cuenta: adrv@xxx.—¡Esa es! ¡Entra a esa! —gritó Beto.Paulina lo intentó.—No puedo, tie
En ese momento, Adrián descubrió que su celular había desaparecido.—¿Cómo que no encuentras tu celular? ¿No estará en el auto? ¿Por qué no vas a ver? —urgió Paulina, echando un vistazo a la laptop que Adrián llevaba consigo.Él entrecerró los ojos.—Déjame ir a revisar.Se levantó y salió, solo que al hacerlo se llevó también la laptop.Paulina se quedó mirando la laptop en sus manos, boquiabierta: ¿para qué se la llevaba? ¿Cómo iba a revisarla ahora? ¡Y ella que creía que el destino le estaba echando una mano!Sin embargo, apenas salió Adrián, antes de que pudiera recorrer el pasillo de los privados, la puerta de uno de ellos se abrió. Alguien le tapó la boca desde adentro y lo jaló hacia el interior. La puerta se cerró tras él.—Señor Vargas, por favor, coopere. No vamos a hacerle daño —dijo el sujeto a sus espaldas, tapándole la boca y hablando en voz baja.Mientras tanto, Paulina se devanaba los sesos en el otro privado, pensando cuál sería su siguiente movimiento. Justo cuando es
Beto estaba asustado.Estaba convencido de que Adrián le estaba siguiendo el juego, actuando.¿Él ya sabía lo que hizo durante estos tres o cuatro años?No, no podía quedarse de brazos cruzados esperando lo peor… Tenía que averiguar qué cartas tenía Adrián en la mano. Pero ¿cómo tantear el terreno?Solo se le ocurrió una persona: Paulina.Cuando ella lo vio llegar por iniciativa propia, al principio se molestó bastante. Pero después de que Beto le entregó diez mil dólares en efectivo, el enojo se le esfumó.—Después de todo es mi hijo, y tú eres su madre. No voy a desentenderme —dijo Beto, jugando la carta sentimental.Paulina se ablandó y se sintió reconfortada, e incluso pensó que a la larga probablemente estaría con Beto. A fin de cuentas, el bebé que llevaba en el vientre era de él; si se quedaba con Adrián, tarde o temprano esa bomba iba a estallar, y cuando lo hiciera, no tendría dónde caer muerta. Así que empezó a mirarlo con algo más de cariño.Luego, Beto comenzó con su actuac







