Julieta y Mariana miraron a Jairo. Mariana no pudo evitar ponerse nerviosa.Jairo observó a Sofía, que seguía en sus brazos.—Todavía no lo sé.—Pues apúrate. Si Mariana se casa con alguien más, te vas a quedar sin esposa.Jairo se rio.—Sí que sabes de estas cosas. ¿Héctor te enseñó a decir eso?—Yo no tengo nada que ver —respondió Héctor.Julieta también intervino:—Ya deberías prestarle un poco más de atención a tu vida personal.Jairo la miró y asintió.—Sí, lo sé.Por un instante, sus ojos se encontraron con los de Mariana. Ella le sostuvo la mirada con calma.Jairo dejó a Sofía en el suelo.En ese momento, los padres del novio se acercaron a paso rápido. Como sabían que Héctor y Jairo asistirían, habían pedido al personal que les avisara en cuanto llegaran.El padre del novio les estrechó la mano con entusiasmo.—Señor Héctor, señor Jairo, bienvenidos.Cuando miró a Julieta, Héctor la presentó:—Ella es mi esposa, Julieta.—Mucho gusto, señora Julieta. Bienvenida.Ya sabía que
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