En cuanto estuvo en brazos de Julieta, Tadeo dejó de llorar. Ella tomó el biberón y por fin consiguió que bebiera tranquilo.Héctor le rozó la mejilla a Tadeo.—Sofía era tan tranquila de bebé. Nada que ver con él.Julieta respondió, molesta:—¿Todavía le echas la culpa? ¿Qué clase de papá le quita la comida a su hijo?Héctor la abrazó de lado.—Te tuvo toda para él durante una semana. ¿No puedo disfrutarte un poco?—No puedo creer que digas eso.—Anoche no tuve cuidado. Me voy a controlar.Después le dio un beso en los labios.Ese día, Sergio se despidió y regresó al país.***En la propiedad comenzaron los preparativos para la boda. Una vez fijada la fecha, enviaron las invitaciones. Cuanto más se acercaba el día, más nerviosa se sentía Julieta. A ratos, todavía le costaba creerlo. Sin embargo, el lugar de la ceremonia, visible desde la ventana, le recordaba que Héctor y ella estaban a punto de celebrar su boda.Escuchó pasos detrás de ella y volteó. Héctor se acercó, la abrazó
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