Julieta quedó instalada poco después de llegar al hospital. Era la única embarazada en todo aquel piso y el personal médico se turnaba para atenderla las veinticuatro horas.Últimamente pasaba muchas noches sin poder dormir y Héctor se quedaba despierto con ella.Esa noche logró conciliar el sueño, pero tuvo una pesadilla.En el sueño, el embarazo la había dejado hinchada y demacrada. Héctor la miraba con desprecio.Se despertó de golpe. Sin embargo, al abrir los ojos, se encontró con su mirada tierna.Héctor le acarició la cabeza y preguntó, preocupado:—¿Qué pasó? ¿Tuviste una pesadilla?Su voz familiar sonaba junto a ella, pero las imágenes del sueño todavía no desaparecían.Al ver que solo lo miraba, Héctor le tomó la mano.—¿Te sientes mal?Julieta soltó el aire.—Quiero ir al baño.Él se levantó primero y después la ayudó a incorporarse.El vientre ya le había crecido mucho y le costaba moverse. Héctor la sostuvo por la cintura durante todo el trayecto y, una vez en el baño,
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