Mientras tanto, en el segundo piso, una figura permanecía detrás de una columna de piedra, observando de reojo lo que ocurría abajo. Al escuchar que Sofía llamaba “tío”, una emoción indescriptible le oprimió el pecho.Por el momento, todavía tenía que quedarse ahí, oculto.Jimena había ido con la intención de llevarse a Julieta a casa. Aunque aún no sabía con exactitud qué le había pasado, ya se lo había preguntado a Rafael. Como él no quiso decirle nada, ella tampoco insistió.Ella tomó con fuerza la mano de Julieta.—Ven conmigo a casa.Julieta estaba a punto de aceptar sin dudar, pero se detuvo al ver que Sofía la miraba.Caminó hasta Sergio, miró a Sofía, que estaba en sus brazos, y le tomó la mano.—Sofía, voy a regresar a casa con ellos.Sofía hizo un puchero, con la carita llena de tristeza, y extendió los brazos para que Julieta la cargara.—Ahora no tengo fuerzas para cargarte —dijo Julieta.Sergio bajó a Sofía.Julieta se agachó despacio. Sofía la abrazó por el cuello y d
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