Noelia la llamó por el celular:—Alicia, dile a Leandro y salgan ya a comer mariscos.—Está bien.Alicia y Leandro salieron juntos de la habitación. El restaurante estaba en el centro de la isla. Era una estructura abierta con techo de paja, sin paredes y sostenida únicamente por pilares de madera, lo que permitía que la brisa marina entrara desde cualquier dirección.Cuando llegaron, Noelia ya estaba ahí.—Alicia, ven acá rápido — les hizo una seña con la mano.Alicia se sentó frente a Noelia, y Leandro se acomodó a su lado.El mesero les sirvió una gran variedad de mariscos: langostas, cangrejos, camarones, callos de hacha y diversas brochetas cuyos nombres desconocían.—Papá, quiero comer cangrejo grande —dijo Cecilia entusiasmada.—Claro, papá te lo limpia.Marcos comenzó a trabajar. Tomó una cuchara y, con paciencia, fue limpiando las patas del cangrejo para raspar la pulpa poco a poco, acercándola a la boca de su hija.—Anda, abre.Cecilia dio un buen bocado y movió la cabeza, s
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