Él la cargó y salió rápido del privado.—A casa. Vamos a celebrarlo de otra manera.***Los dos habían tomado, así que, de regreso, manejó el chofer de Marcos.Noelia y Marcos iban sentados en el asiento de atrás.Al comienzo, ella estaba tensa por esas palabras de «celebrarlo de otra manera», pero poco a poco el alcohol se le subió a la cabeza; los ojos le pesaban cada vez más y empezó a cabecear, como un pollito que picotea.Cuando pararon en un semáforo en rojo, Noelia ya no aguantó más: la cabeza se le fue de lado y terminó recostada en el hombro de Marcos.Marcos volteó a verla y le miró la cara, dormida y tranquila.Él sabía que ella no aguantaba el alcohol.En esa época, cuando él trabajaba de medio tiempo en un bar, Noelia pedía muchos tragos para que él ganara más comisión, pero siempre se emborrachaba con apenas unas copas.Y cuando se emborrachaba, se negaba a irse.Cuando se terminaba el turno, Marcos tenía que cargarla hasta el auto.Desde el bar hasta el estacionamiento,
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