Aunque no sabía qué estaba pensando Bianca, Sergio arrancó el auto y se dirigió al hospital.Veinte minutos después, cuando el auto se detuvo frente a la entrada del hospital, Sergio bajó primero, lo rodeó hasta el lado del copiloto y le abrió la puerta con una caballerosidad natural.Cuando, al bajar, Bianca le rozó sin querer el dorso de la mano con la punta de los dedos, los dos se detuvieron a la vez y enseguida apartaron las manos.En cuanto entraron en el pasillo del área que ya conocían, les llegó el característico olor del hospital. Bianca respiró hondo, pero avanzaba titubeando.Sergio notó su nerviosismo y, en silencio, aminoró el paso para caminar a su lado.—No tengas miedo, aquí estoy.Algo calmada por esas pocas palabras, que fueron como un bálsamo, asintió y abrió la puerta del consultorio del doctor, que estaba ordenando unos documentos.Al verlos entrar, el doctor sonrió con amabilidad.—Señorita Torres, doctor Villalobos, ya están los resultados.Les tendió un informe
Read More