Doña Herminia estaba recostada contra la cabecera de la cama, sin fuerzas.Miró a Sergio un momento y apartó la mirada sin decir nada, como si estuviera furiosa con él. Al verlo, Andrea le habló para tranquilizarla:—Últimamente no ha descansado bien y, además, ha estado de mal humor; entre una cosa y otra, terminó desmayándose. Doña Herminia, pase lo que pase, tiene que comer bien y mantenerse de buen ánimo para que su salud mejore.Doña Herminia lanzó una indirecta:—Si todos aquí fueran tan dóciles y atentos como tú, no me habrían hecho enojar tanto.Suspiró.—Da igual. De cualquier manera, ya estoy vieja y a lo mejor solo estorbo. Si un día de estos estiro la pata, todos tendrán paz.Adela se alarmó.—Mamá, no hable así de usted misma. Si está enojada, desquítese. En esta casa todos, sin excepción, queremos que usted esté bien.Adela era de carácter apacible y siempre había tenido fama de nuera ejemplar.Eso también tenía muy satisfecha a doña Herminia, que nunca le había encontrad
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