—Andreíta, ¿qué tienes? ¿Pasó algo?Andrea volvió en sí, negó con la cabeza y forzó una sonrisa.—No se preocupe, doña Herminia, no me pasa nada.—Ya no me mientas. Anda, dime qué pasa. Si no me lo cuentas, no puedo ayudarte.Solo entonces Andrea puso cara de que le costaba decirlo.—No se trata de mí, sino de Mauricio, mi hermano. Para vengarse por mí, le encargó a alguien que le diera una lección a Bianca...Le contó a Herminia todo lo ocurrido, de principio a fin. Al terminar, dijo con culpa:—Todo es mi culpa. No debí dejar que Mauricio se enterara de que ellos estaban juntos. Si no fuera por eso, Mauricio no habría hecho esta barbaridad en un arranque de furia, por lo mucho que le dolía verme sufrir. Doña Herminia, perdóneme.Andrea se agachó junto a Herminia. Se veía a punto de llorar, tan desvalida que daba lástima. Parecía cada vez más dulce y sumisa. Herminia le acarició la cabeza y la consoló:—Tú no tienes nada que ver con esto. Ya no te culpes, ¿sí? Si esa Bianca no hubiera
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