En cuanto a su abuelo, también tenía que avisarle. Esto ya se le había salido de control y no le quedaba más remedio que avisarle. Esa noche, el anciano seguía reunido con unos amigos y tardaba en regresar. Nunca imaginó que pasaría algo tan grave en la villa.Su abuelo ya era bastante severo con ella; si se enteraba de que los documentos habían desaparecido, seguramente... Camila no quiso seguir pensando en eso, pero cada vez se le ensombrecía más el semblante.—¡Sí, señorita! —respondió su gente a coro, y todos salieron corriendo, empujándose para ser los primeros.Regresó el silencio al estudio privado, donde solo quedó Camila. Se acercó a la caja fuerte y, al ver el desorden que había adentro, el odio volvió a revolvérsele.Estiró la mano y acarició la superficie de la caja fuerte, con una expresión cada vez más despiadada. Murmuró con veneno:—Rafael, ¿cómo puedes tratarme con tanta crueldad? Si así lo quieres, yo tampoco voy a tener consideración contigo.Sacó su celular personal
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