Los ojos de Yolanda miraban con furia, aunque su rostro reflejaba apremio. Rafael la observaba con expresión cansada. Su porte erguido se veía noble y elegante, y transmitía serenidad y dominio. En contraste, Yolanda parecía aún más alterada.—Rafael, te estoy hablando, ¿no me escuchas? Tráelo aquí, ahora.Rafael ni reaccionó. Pasó un buen rato antes de que torciera los labios con sarcasmo y le hablara.—Madre, subiste hasta aquí a buscarme, y todo por una extraña. Además, ¿cómo puedes estar tan segura de que yo sé dónde está?Yolanda se puso pálida de coraje. Por supuesto que lo sabía. Lo había investigado, de lo contrario no habría subido. Últimamente, Rafael había movido demasiadas fichas en su contra. Al principio creyó que solo lo hacía para complacer a Vanessa y quedarse con los activos del Grupo León.Pero ahora veía claro que iba contra ella, su madre. Es más, ya ni siquiera la consideraba como tal. En estos cinco años, la actitud de Rafael hacia ella se fue enfriando cada vez
Read more