Federico volteó a mirarla, extrañado.—¿Qué pasa?En el estrado, el subastador empezó a confirmar si alguien seguía dispuesto a pujar más alto.—El terreno número tres tiene problemas. —Vanessa apretó el celular.Rafael acababa de escribirle para avisarle que evitara el terreno tres y que pujara también por el cuatro y el cinco.De esos dos lotes, solo el cinco coincidía con lo que ella y Federico habían acordado en privado.Pero, para despistar a los demás, dejaron correr el rumor a propósito de que su interés estaba en el uno y en el tres.El tres era, en efecto, su primera opción, pero ella sabía que Édgar no se lo cedería con facilidad, así que su objetivo era el cinco.Federico, confundido, insistió:—Señorita, ¿cambió el plan?Lo tenían acordado. Si el tres no se podía cerrar por menos de noventa millones de dólares, se irían por el cinco como alternativa. Vanessa negó con la cabeza, pero antes de que pudiera abrir la boca, las voces de desprecio ya se alzaban por todas partes.—
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