—No seas tan formal conmigo… Anda, ve a tus cosas, que por aquí no hay de qué preocuparse.Leandro le dio unas palmaditas en el hombro con su enorme mano, en un gesto cercano, cariñoso y alentador. Vanessa se sintió mucho más tranquila.Aunque no le caía bien a la familia Cisneros, en este mundo había mucha gente capaz de quererla, de tratarla con sinceridad y afecto.Ella ya no era la Vanessa de antes, falta de amor e insegura, a la que la manipulación psicológica había llevado a dudar de sí misma.Después de las cuatro de la tarde, Vanessa fue con Federico a reunirse con el cliente.Federico reservó un salón privado de lujo, pidió las especialidades de la casa y, además, averiguó los gustos de Damián, así que eligió sobre todo platos que a él le gustaban.Damián miraba a Vanessa con sus ojos negros, peligrosos y profundos, llenos de asombro.—Dicen que la señorita León es joven, hermosa y muy capaz; que a tan corta edad dirige todo el Grupo León y que además es una ingeniera de prime
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