El viernes llegó más despacio de lo que Alana hubiera querido. Cada minuto de la semana parecía arrastrarse, mientras ella contaba las horas para volver a verlo. Dormía con los auriculares en los oídos, escuchando los audios sucios que él le mandaba. Se tocaba todas las noches, con los ojos cerrados, susurrando su nombre como si invocara un hechizo.Ahora, allí frente al espejo de su habitación, Alana ajustaba el vestido elegido con cuidado quirúrgico: rojo, ajustado, con una abertura lateral. Y, claro, sin bragas. Como él pidió.Ella sabía exactamente lo que hacía con ese cuerpo. Y sabía, aún más, lo que Heitor hacía con el de ella.Pidió el coche, comprobó el labial y bajó con el corazón latiendo a mil. Y mojada.A cada kilómetro hasta el apartamento de él, su imaginación creaba nuevas versiones de la misma escena: él abriendo la puerta, tirando de ella hacia adentro sin una palabra, prensándola contra la pared, arrancándole el vestido y enterrándose dentro de ella como si estuviera
Read more