Jacob sostenía un ramo de flores y un globo con forma de oso panda que decía ‘Feliz cumpleaños’. Papá, con esa sonrisa traviesa que delataba una conspiración, parecía tan emocionado como yo. “¿Qué están tramando ustedes dos?”, les pregunté, mirándolos con sospecha. “Pronto lo descubrirás”, contestó papá y solo negué con la cabeza. Me acerqué y sentí que el corazón me brincaba en el pecho. “Feliz cumpleaños, Camila”, dijo Jacob, rodeándome con un brazo. Me apretó contra él en un fuerte abrazo y luego me besó en la frente. “Jacob… esto es increíble, muchas gracias”, mi voz vibraba de emoción. Podría haber brincado como niña y no me habría importado. “Vamos, dense prisa, no quieren llegar tarde”, añadió papá con falsa seriedad. Me reí al ver que disfrutaba tanto del plan como si fuera suyo. “¿Vamos?”, preguntó J
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