En cuanto esas palabras salieron de mi boca, ambos negaron con la cabeza, frenéticos y desesperados.Casi daba risa lo patéticos que se veían.Todavía recordaba la forma en que Vincent me había gritado en la cara, llamándome parásita, diciéndome que yo no era una verdadera Corleone, que jamás pertenecería a esa familia.—Fui un idiota —dijo Leo, rompiendo el silencio, con la voz quebrada—. Te he amado durante mucho tiempo. Solo nunca tuve el valor de decirlo, porque Vincent te odiaba demasiado. Y por eso te hice más daño que nadie. Lo siento tanto, Elena.Pero ya era demasiado tarde. No todo daño podía repararse con una disculpa.Yo nunca los perdonaría por lo que habían hecho.—Si de verdad se sienten culpables por lo que hicieron —dije despacio, cada palabra afilada e inflexible—, entonces déjenme en paz. Para siempre. No vuelvan a acercarse a mí. No quiero volver a ver a ninguno de los dos.Dicho eso, me di la vuelta y me alejé… sin mirar atrás.Después de aquel día, nunca volvieron
더 보기